BIBLIOTECA TERCER MILENIO
 
 
 

INTRODUCCION A LA COSMOLOGIA DEL SIGLO XXI

Saludos

Hay tres realidades que son invisibles y son una sola cosa. Estas tres cosas son el Infinito, la Eternidad y Dios. De esta Realidad somos tres los testigos y los tres somos una sola cosa. Estas tres realidades somos el Universo, la Biblia y los hijos de Dios. Cada uno a nuestra manera, los tres damos con nuestro Ser testimonio sobre la existencia de esta Realidad que es la Creación.

A pesar de esta forma tan aparentemente superficial de abrir horizontes la extensión del tema de la Creación del Universo implica profundidad. Extensión y profundidad. ¡Pero qué se les puede decir a los herederos del siglo XX que no sepan ya sobre el Origen y la Evolución del Universo! Y menos aún, y con mucha razón, viniendo de un perfecto desconocido en el círculo de los expertos en la materia. ¡Desde cuándo fue un tema al alcance de cualquiera la cuestión de la Creación del Cosmos! Asunto sobre el que yo le doy toda la razón del mundo al que la quiera, y de aquí que advierta al lector sobre la vastedad y la profundidad de la Sabiduría Creadora, diciendo: que como quien se dispone a bucear necesita superar el miedo a las profundidades oceánicas, la lectura de esta Memoria de la Creación requiere de una disposición para vencer el temor a la vastedad del océano del Conocimiento. Lo digo sin ánimo de espantar a nadie. Lo último que quisiera es verme hablando solo con las estrellas, sus lunas y las infinitas especies del universo. Mi intención es más sana. Únicamente quiero advertiros a todos los que leáis esta Historia del Universo respecto a la necesidad de prepararse para una inmersión en el mundo de la Ciencia de la Creación.

Hay dos formas de entrar en materia, o tal vez la lucha entre esas dos formas haya reducido el acceso a la cuestión del Origen de todas las cosas a dos puertas. No estoy seguro. El hecho es que ambos caminos condujeron a la civilización al mismo término: la ignorancia. Comprendo que así de golpe suene a bofetón. Lógico. Tan lógico como es de lógica que quienes guardan las puertas del cosmos digan de ellos que ellos lo saben todo, ¡naturalmente!, y si dijeran otra cosa no estarían donde están. Iba a decir "cada perro con su fidelidad a su amo y una fidelidad para cada perro", pero me parece un poco fuerte abrir el horizonte con un rayo, a pesar de merecerse algo más que un azote los padres de la edad atómica. En fin, es de lógica, o el perro no sería el mejor amigo del hombre.

Pero antes de meterle mano a la cuestión de las Memorias de la Creación de nuestro Universo quisiera dejar claro que aquélla Duda por la Ciencia de la Edad Moderna adoptada por Método fue el reflejo de la ignorancia del Milenio al que su autor representó. Y otra vez, partirle la cara a la Filosofía para seguir luego con la Cosmología no parece que sea el mejor método de romper con la sabiduría de un siglo y su milenio. Y sin embargo el movimiento del mar del tiempo tiende por inercia a borrar del libro de la vida los magnificats inventados al caso.

La Cosmología del Siglo XX -entrando ya en materia- jugó a los dioses en un patio de recreo dentro de cuya área sus sabios impusieron las normas. Su política de oro fue: te doy una mentira probable -llamémosla hipótesis- a cambio de una verdad indemostrable -llamémosla teoría-, podía funcionar a nivel de decálogo para una religión de la ciencia. A la hora de la realidad sus efectos sólo podían darle cuerda a una historia cuyo tiempo pedía un break, un stop, y reflexionemos sobre la locura que estamos acometiendo. Porque rellenar la ignorancia con una hipótesis cuya única veracidad es la indemostrabilidad de su falsedad, ciertamente no parece que sea una metodología muy científica, pero fue y sigue siendo el dogma número uno de la religión de la ciencia. (De hecho, y para apuntillar lo dicho, la prueba final sobre la que se basan todas las hipótesis de las que dependía la concepción del Siglo XX sobre la estructura cosmológica, tuvo en la ausencia de prueba en contra su piedra angular. Matemáticamente asumida la imposibilidad de demostrar científicamente la realidad definida, de una sola siquiera, de las hipótesis cosmológicas en boga y moda en el siglo XX, los expertos en la Historia del Cosmos hicieron de esta piedra angular su Dogma Inmutable, de manera que su Lógica se presentó como una singularidad fenomenológica en el mundo de la conciencia, cuya excepcionalidad elevaba el absurdo anticientífico a la categoría de la más elevada de las ciencias, deviniendo de esta manera el cosmólogo y sus colegas de especie, el astrónomo, el astrofísico y afines, en verdaderos especímenes anticientíficos. Porque basar la vigencia de un modelo cosmológico, o de cualquier sistema, en la imposibilidad para descubrir el absurdo elevado a categoría de ciencia es caer en la irracionalidad fundamentalista de la que se acusara al sistema creacionista. Es decir, "yo soy bueno porque nadie puede demostrar que soy malo" es pura falacia, y únicamente un verdadero idiota puede asumir la imposibilidad sobre la que se basa esta afirmación como categoría científica. Y sin embargo es lo que la cosmología del siglo XX hizo: fundar su veracidad en la indemostrabilidad de su negación. Así que Dios no existe porque nadie lo ha visto jamás, y el Big Bang sí existe aunque jamás lo haya visto nadie).

En efecto, la Cosmología de la Edad Atómica fue, a todos los niveles, la religión de la ciencia del siglo XX. En su nombre, como antiguamente y aún al presente se sigue matando ad maiorem dei gloriam, los científicos podían experimentar con la raza humana y secarse las manos con la toalla de Pilatos. Y de aquí que sobre la psicología de aquél ateísmo científico que negó la Lógica de la Fe a fin de liberar un ataque masivo contra el fenómeno religioso, y así absolver a sus ejércitos de todo crimen contra la Humanidad en la necesidad de extirpar del cuerpo de la especie humana su intrínsica religiosidad, sobre semejante ataque de irracionalidad, propia de una escuela esquizofrénica, habría que decir infinitamente más. Pero en otro momento y en otro lugar. Dicho esto, y porque devolver a los padres de la Duda el guante, haciendo de la Duda sobre los efectos de la ideología materialista de la comunidad científica mundial el guante en el que envolver el Nuevo Método de Trabajo de la Inteligencia de este Siglo, sería abrir un Discurso infinitamente más complejo que el de Descartes, y acabaríamos demoliendo el Pensamiento como principio de la existencia yo os prevengo sobre lo que vais a encontrar al otro lado de esta esta Puerta, que difícilmente podrá ser del gusto de los adoradores de su propio genio y fantasía. La realidad, aunque sea un tópico reafirmarlo, es infinitamente más fantástica que la fantasía más promiscua de generación alguna, muerta o viva, nacida o por nacer.

Decía yo, recogiendo el hilo de Ariadna, perdido en un vuelco de siglo bajo la piedra que la generación de Einstein tuvo por cerebro, y sigo diciendo, que aquella Duda descartiana sobre la fragilidad del Hombre en las manos de un Creador sin Moral, demonio divino vacilando a ser Cristo hoy y mañana Satán, aquella Duda de la Era Moderna, principio sagrado para una religión de la ciencia, sólo nos descubre la crítica al ambiente calvinista contra el que Descartes adoptó una posición personal, filosófica, respetable en la medida que el Dios Maniqueo de la Reforma si a unos predestinaba para la Gloria y a otros al Infierno, siguiendo esta misma lógica: ¿porqué no podría cansarse y darle la vuelta al patrón de su justicia, dándole mañana el papel de los buenos a los malos y el de los malos a los buenos?

Personalmente yo también firmo contra semejante adoración donde haya que firmar. Sólo que de aquí a irme con los amigos del Fuerte a pisar a los Débiles y bendecir la guerra como instrumento natural de civilización, la verdad, con esta religión de la ciencia del siglo XX ni confieso ni comulgo. ¡Ni ayer, ni hoy, ni mañana ni nunca! El futuro de la religión de la Ciencia del XX fue la creación del Superhombre; pero ante el fracaso debido se decidieron por la creación del Hombre Basura, en cuya empresa, con la ayuda de los dioses del otro olimpo, sí parece que han conseguido mejores resultados.

Y andando el tiempo pudiera ser que hasta se escribiera: "Lo que no pudo el Diablo lo consiguió la Ciencia", quiero decir, la destrucción del Género Humano, Delito contra la Humanidad del que fue un hijo de Dios su Primer Precursor, y a quien la Ciencia del Siglo XX fue a echarle un cable, pero no al cuello, soltando contra la Ecosfera el montante de 500 megatones - declarados- liberando en la Biosfera un total de unas 50.000 bombas atómicas del tipo Hiroshima-Nagasaki. Cuyos primeros efectos fueron : aumento de la Ceguera a nivel mundial, propagación del Cáncer a nivel Global, y envenenamiento del aire y del agua por la radiactividad liberada. Y mirando al efecto final : el Calentamiento del Cuerpo Geofísico : mediante la elevación de la temperatura de la Litosfera y multiplicación de la fenomenología sismológica en el origen de la descongelación de los Casquetes Polares y la fusión acelerada de los Glaciares. Para remate, consiguieron la Ruptura del Equilibrio termodinámico entre la Litosfera y los Océanos como efecto de la Desintegración de una parte del Volumen Gravitatorio propio del Campo de la Tierra... gracias... al Bombardeo Masivo de más de 50 mil bombas Hat contra la Biosfera.

Evidentemente el objetivo final de esta Introducción a la Cosmología del Siglo XXI será poner sobre la Mesa el Modelo Astrofísico General desde el cual comprender la Fenomenología que está conduciendo al Globo terráqueo a un Nuevo Equilibrio Termodinámico mediante la Redistrubición de Masa sobre la Superficie de su Cuerpo Geofísico.

Así pues, recogiendo el hilo, fue contra aquella teología maniquea, natural a la ideología del protestantismo fundamentalista, que se alzó Descartes con su Duda. Y que, mutando mutandis, contra la lógica natural logró imponerse en el altar del neoateísmo como ídolo de oro alrededor del cual hacer bailar a las naciones del siglo XX. Sobre lo cual -la participación de la ciencia en el escenario bélico del siglo XX como cabeza ideológica de los movimientos en pugna- hay mucho que decir. Siempre que se pueda. Y las circunstancias lo permitan. Gracias a Dios, no estando a sueldo de nadie, de nadie dependo para tener que vigilar mi lengua so pena de ser expulsado de la comunidad científica. De aquí que me permita decir que el anunciado fracaso del ateísmo científico para alejar del siglo XXI el fantasma de la extinción de la especie humana un hecho, el futuro no nos deja más opción que permitir que la tierra se abra y se trague las cenizas de la filosofía en tanto que amor a la Duda en preferencia a la filosofía en cuanto amor a la Verdad. Lo cual no quiere decir que en su caída el ateísmo tenga que arrastrar a su tumba a la Ciencia. Ni mucho menos. Sin Ciencia no habría conocimiento, sin conocimiento no habría inteligencia y sin inteligencia no habría Creación.

En todo esto, como en todo lo demás, domina la realidad. El Poder sin la Inteligencia se traduce en Fuerza, y la Fuerza sin el Conocimiento de la naturaleza de las cosas se traduce en Ignorancia, que al ser aplicada a la transformación de la Realidad da lugar a la Violencia.

De hecho la aplicación de esta verdad a la práctica diaria se halla en la causa de la naturaleza del mundo, donde vemos cómo el Poder sin el Conocimiento de la Realidad está en la raiz de la violencia de los sistemas políticos. Porque al ser la Ignorancia la otra cara de la moneda del Poder, no la Inteligencia, la acción de esta alianza se traduce en Violencia. Mas el origen de la Realidad es la Sabiduría, no la Duda, de aquí que al desterrar el amor a la Verdad, de la inteligencia humana, la Ciencia condenase al siglo XX a ser el escenario donde la Violencia impuso su ley y su evangelio criminal. ¡Meas culpas a quienes les correspondan! En cuanto a mí yo sólo sé que la Sabiduría y no la Duda es el origen de esta Ciencia de la Creación a la que a continuación os introduzco.

Queda en el aire el tema de la plataforma elegida por base de lanzamiento de esta Nueva Cosmología. Apartar a un lado el maravilloso edificio virtual construido por la Edad Atómica y saltar al terreno abandonado del Génesis no parece, en principio, que pueda conducir a sitio alguno digno de nuestra inteligencia. Y bueno, es el reto. Ahí está el reto, en renunciar a lo malo conocido.

El materialismo atómico del siglo pasado, al verse en la encrucijada, se agarró desesperadamente a lo malo conocido en preferencia a lo bueno por conocer. Es decir, entre el conservadurismo y el vanguardismo ideológico, la Ciencia optó por el conservadurismo: "Lo malo ya lo conocemos y lo podemos controlar, lo bueno por conocer no lo conocemos, no nos fiamos y por lo tanto más vale que espere su turno"- puede pasar por haber sido su esquema mental, perfectamente.

Y sin embargo tuvieron todas las herramientas sobre la mesa. La luz brillaba al fondo del túnel. Sólo había que seguir la dirección, obviar los contratiempos. Pero prefirieron plantarse y esperar lo que fuera, que se hicieran las tinieblas definitivamente o que Dios iluminara el túnel y demostrase con su Luz que El existe, existió y existirá siempre. ¡Cómo culpar a la naturaleza humana de incredulidad tras seis mil años sufriendo bofetadas de todas clases y lanzazos crueles en pleno costado! Los sabios fueron sabios en la medida que nos sirvieron a nosotros poniendo a nuestros pies todas las herramientas con las que realizar el salto de una plataforma a la otra. Esas herramientas están ahí. Su misión era crearlas, no usarlas. Las crearon y soñaron con lo que se podría hacer con ellas una vez que estuvieran todas trabajando al unísono en una misma empresa. Ellos cumplieron con su trabajo, lo demás nos toca a nosotros, los que estamos bajo la luz del Nuevo Día, a este lado del túnel. Si Newton fue llevado a hombros de gigantes -según confesó libremente- yo tengo que decir que han sido dioses quienes han hecho posible que el siglo XX haya podido salir vivo del túnel de la autodestrucción entre cuyas paredes se veía ya inmolado el Género Humano. Cada uno de ellos valía por diez Newton. Hablo de Einstein, Planck, Lorenz, Von Braun, Eisenberg....

Decir, finalmente, que un salto evolutivo no implica la anatematización de la plataforma desde la que se produce el salto. Pero no darlo sí implica la muerte de quienes se negaron a darlo, sea insecto, dinosaurio u hombre. Bienvenidos, pues, al Reino de la Creación. Y empezamos.

 

Declaración de Principios

0.- Este estudio sobre las Memorias de la Creación del Universo tiene su origen en la necesidad de abrir la Fe a los principios científicos de la Naturaleza. No pretendo fundar la Fe en tales principios porque la Fe fue fundada sobre los principios sobrenaturales de los que los Evangelios son su Tratado Eterno. Encarnación y Resurrección las dos columnas del Templo de la Fe, a la hora de las preguntas sobre el Origen de todas las cosas la única explicación que nos pudieron dar nuestros padres, y nosotros mismos les hemos podido dar, hasta ahora, a nuestros hijos, es el Relato de la Creación del Universo según el Génesis. Es decir, Dios creó los Cielos y la Tierra. Y lo demás, el “cómo y el cuándo” son aspectos de la Actividad Creadora que podemos conocer o desconocer pero que no le añaden ni le quitan nada a la Fe.

El trabajo que me he fijado en este libro es superar la primera de las dos incógnitas: el cómo. Pues aunque la Fe sea invencible nadie puede negar que la Fe sin el Conocimiento sea corruptible, como bien se ha demostrado a lo largo de los siglos. A la ignorancia debemos entonces remitir todos los errores del Cristianismo.

Por consiguiente en este libro voy a ir directo a la Verdad: el Universo, esta estructura de ingeniería astrofísica dentro de cuyas paredes orbita nuestro Sistema Solar, ha sido creado por el Dios del Génesis. Lo contrario, el supuesto hecho circunstancial de haberse producido este conjunto final de belleza impresionante que llamamos Universo a partir de una serie caótica de elementos, no le produjo al materialismo científico conflicto de ninguna clase en la medida que la Ciencia negó la existencia de una Estética Natural. (Este tema de la Estética de los Cielos y su función estimulante de la Inteligencia es un asunto que el ateísmo científico declaró ser fruto de una serie de casualidades, todas con origen en el caos. Sobre lo demás: cómo es posible que el caos produzca unos Cielos de una belleza tan impresionante, este es un punto que se negaron a responder. O respondieron con el desprecio que se merece la pregunta de un necio).

1.- El hecho es que tampoco la Ética está implicada en la Genética y sin embargo su manifestación se produce a todos los niveles históricos conocidos. De manera que siendo innata la necesidad, el Conocimiento forma parte de nuestra estructura genética.

O lo que es lo mismo, no reaccionaríamos a la Estética del Universo si nuestra estructura genética no estuviese preparada para responder a las chispas que los Cielos hacen saltar en nuestro cerebro.

(Así que negando la relación: Inteligencia Natural-Estética Universal, lo que el materialismo científico hizo fue intentar dirigir hacia una vía muerta el tren de la investigación cosmológica creacionista. Contra ese intento hay que decir que la historia de las civilizaciones desde sus más tempranos días mantiene un registro de las respuestas de las distintas culturas a este estímulo natural, sobre el que el Género Humano, hallándose como se hallaba en su Infancia Ontológica, no tenía capacidad de manipulación ni dominio. El ser humano simplemente reaccionaba a la Belleza del Universo con la naturalidad de los árboles a la llegada de la primavera y de los vientos al invierno).

A la sazón el ser humano en su Infancia Ontológica la respuesta del Hombre al estímulo del Universo en su Cerebro fue la Palabra. Es decir, si en el hecho de la admiración tiene la Ciencia su Pasado, ese mismo hecho revolucionó mucho antes el Futuro del Hombre abriéndole la boca para articular su Primera Palabra. La Primera Palabra, la palabra admirativa por antonomasia, qué otra podía ser sino ¡Dios!

2.- El Relato bíblico sobre la Creación del Universo tiene su origen en aquel estímulo que despertó en el Hombre la Palabra y la búsqueda del Conocimiento. Respecto a las respuestas que las distintas culturas le habían dado a aquel estímulo (Estética Celeste-Inteligencia Natural) la Respuesta Bíblica abrió entre Moisés y sus contemporáneos una distancia tan insalvable como imposible le fuera al Faraón cruzar el mar Rojo.

En comparación con el relato de la Creación del Universo de Moisés los relatos cosmogónicos de los pueblos antiguos llevaban el sello del trauma biohistórico vivido por sus padres en alguna parte al otro lado del Diluvio. Dioses, demonios, océano, cielo, tierra, semidioses. Todas las paranoias de aquellos hombres se mezclaron en un caos mítico de cuyas entrañas no podía salir nada bueno excepto la justificación del comportamiento social que era su patrimonio histórico. Razón por la que en este libro prefiero dejar para otra ocasión un análisis sobre la génesis de las respuestas de la Antigüedad al desafío del cosmos.

Por las mismas causas tampoco voy a perderme en el análisis y refutación de las teorías cosmológicas modernas, pues aunque bajo un ropaje diferente las respuestas de la Edad Atómica a las viejas preguntas clásicas sobre el Origen y la Estructura del Universo tuvieron sus raíces en la misma actitud psicológica que arrastrara al hombre antiguo a la era de los mitos y las leyendas. A su tiempo y cuando la ocasión se presente ya iré desmenuzando sus esqueletos hasta dejar al descubierto la naturaleza de sus hipótesis.

(No siendo esta Nueva Cosmología el desarrollo de una hipótesis anterior y no siendo deudora de ninguna de ellas, la teoría histórica que se pone en movimiento en este libro no tiene por qué seguir el mismo método de registro y refutación de todas las hipótesis que desde los días del Mundo Clásico a la Edad Atómica han hecho lo mismo, es decir, intentar satisfacer la necesidad de conocimiento del ser humano. Y considerando que la libertad de expresión se une a la libertad del pensamiento para crearse su propio método he preferido seguir por línea de acción la plataforma que en el Génesis trazó Moisés).

3.- En efecto, y aunque parezca que no viene a cuento una breve reseña biohistórica, la entrada de Moisés en la Historia revolucionó la estructura del Futuro de la Humanidad por muchas razones. Fue el primer legislador que abolió los sacrificios humanos. Una vez depurado por Jesucristo de las penas relacionadas al delito, su Código de Justicia sigue siendo la base de la Ética de la Civilización, permaneciendo su NO matarás, NO robarás, NO adulterarás, NO levantarás falso testimonio... los pilares sobre los que el Palacio de la Justicia mantiene su estructura básica.

De muchas otras maneras la revolución de Moisés nos sigue afectando tres mil quinientos años después. Sin contradecir en absoluto nuestra Dogmática sobre la Divinidad, su Monoteísmo sigue siendo la Roca sobre la que Cristo levantó su Iglesia. (De la oposición entre aquella fuerza Antigua estancada en su inercia, que se negaba a dar el salto adelante, y la Nueva, que reclamaba nacimiento, surgió el gran conflicto que, con su explosión, le devolvería a la Sagrada Escritura la naturaleza revolucionaria que tuvo en sus orígenes y a la que nunca renunciara. Gracias a Jesucristo, aún al precio de ser considerado traidor a su patria por querer convertir la Sagrada Escritura en patrimonio universal de la Humanidad, la Inteligencia Natural Clásica encontró abierta la puerta al estudio de la Palabra de Dios. Y lo que es más importante, le dio a la Biblia un Pueblo que la protegería de la Caída del Imperio Romano, que se avecinaba).

 

4.- El pueblo judío, es cierto, había llevado la Sagrada Escritura contra el viento de los siglos. Pero lo había hecho como quien lleva una carga de la que uno no se puede liberar. Sus periodos de idolatría, sus épocas de corrupción, tan habituales en su historia, no eran más que eso, la manifestación de esa imposibilidad para quitarse aquella carga de las espaldas. Moisés firmó un Contrato entre Dios y el Pueblo Hebreo por el que Israel no sería jamás destruido, pero que al obligar a las dos partes y estar el Ojo de Dios en todos los sitios había de crear y creó en la conciencia del pueblo judío la necesidad de no sentirse vigilado de aquella manera tan constante y omnipresente. Efecto de aquella necesidad de liberación fueron aquéllos periodos de idolatría y corrupción de los que la Biblia está tan sobrada. (Fue esta relación de naturaleza sadomasoquista, por cuanto Dios sabía que le era imposible al hombre no pecar y el hombre sabía que a Dios le era imposible dejar de castigar, la que condujo al pueblo judío a la situación final que mediante su enfrentamiento con los poderes sacerdotales de Jerusalén nos descubrió Jesucristo).

5.- Después de un milenio y medio estudiando la Sagrada Escritura, viviéndola en sus carnes -diría yo- tal fue el modelo de relación entre Dios, el Universo y el Hombre que Jerusalén y sus hijos se formaron. Sus ritos, sus prescripciones, el way of life judío en general, salvando excepciones, mantuvo las manos del resto del mundo lejos de la Sagrada Escritura, y las del pueblo judío, salvando raras excepciones, lejos de los libros de la Edad de Oro de la Filosofía y la Ciencia Clásicas. Esta situación, este muro psicohistórico insalvable en las dos direcciones, Jesucristo se dispuso a echarlo abajo. Y lo echó. La necesidad era vital. Depositarios de la Sagrada Escritura los judíos no podían ignorar que la Historia Universal seguía en evolución y a su alrededor había otro pueblo en el que Dios había depositado otro tipo de escritura sagrada. Si la Sagrada Escritura fue el fruto del amor de Dios al Hombre, el fruto del amor del Hombre a la Sabiduría sería la Filosofía, madre de la Ciencia.

Prólogo

6.- Mil quinientos años después del Nacimiento le llegó a la Ciencia la hora de su libertad. La tutela que había ejercido sobre su cuerpo la Teología había llegado a su fin. Sólo que la situación no era la misma. No se puede comparar Jesucristo mil quinientos años después de Moisés con Galileo mil quinientos años después de Jesucristo. Pero en lo concerniente al fin de la tutela de la Teología sobre la Ciencia sí había llegado la hora. Hacia esa Hora habían estado caminando las manecillas del reloj del Tiempo. Si los teólogos se escandalizaron de Galileo no era porque Dios hubiese dejado de ser el espíritu que le inspira en el rostro aliento de vida a sus criaturas. Yo diría que fue por todo lo contrario, fue porque la Teología había intentado monopolizar ese aliento de vida y, al no conseguirlo, tenía por lógica que escandalizarse de Dios. Pero estas cosas ya habían sido predichas. El verdadero problema en el fondo de la independencia de la Ciencia nació después, cuando de los roces surgió aquella sensación de libertad de quien se libera por fin de la protección de una madre exageradamente, como diría yo, madonna. Sensación creciente que, alimentada por la crítica de la razón independiente hacia una iglesia anclada en sus comportamientos medievales, acabó por convertir al Mundo Moderno a los distintos tipos de materialismos científicos.

7.- Dado aquel condicionamiento mental e intelectual de la Ciencia Moderna difícilmente el progreso del conocimiento físico del Universo podía converger al encuentro de su Creador. Aunque suene a crítica destructiva, que no lo es, es un hecho que el fracaso de la Edad Moderna se halla escrito en el legado que dejó a la Edad Atómica. Muchas ideas sobre modelos cosmológicos posibles, cada uno la pieza de un rompecabezas que se entreveía maravilloso pero que nadie podía ordenar. Al genio de Einstein y a su generación les tocó elevar el Número a la condición de la Palabra, y con su poder ordenar el Cosmos. (El loco que -según ellos- había en el genio condujo a los sabios de la Edad Atómica a creerse que estaban en una carrera de relevos y les había llegado el turno de correr. Con la fidelidad de los sabios a una causa perdida los genios de la primera parte del siglo XX saltaron a la pista que conducía al infierno de la guerra mundial. Cuando se dieron cuenta quisieron parar el tren, pero ya era demasiado tarde, la inercia había de hacer el resto).

8.- Ellos saltaron, y como Pilatos lavándose las manos, se quitaron de en medio. ¡Nosotros, cómo no implicarlos en el nacimiento del monstruo al que alimentaron con la leche de la ley del más fuerte y el pan de la guerra como instrumento de progreso y evolución! Fue alimentado por la doctrina del materialismo científico que el monstruo creció. Es decir, desde el evangelio del más fuerte la Segunda Guerra Mundial era legítima. Debía comenzar. Y comenzó. Afortunadamente para nosotros todo lo que tiene un principio tiene un fin, y la Gran Guerra acabó. Huyendo de la derrota del Fuerte los atletas de la Ciencia corrieron en todas direcciones y les entregaron el testigo de la energía atómica a las dos grandes potencias vencedoras del conflicto. Y vino a luz la Guerra Fría, que tuvo su origen en la decisión Divina de armar a Caín y a Abel con la misma quijada para detener el fratricidio mediante el miedo a la destrucción de ambos. Política maravillosa de la que ahora todos gozamos de su fruto.

9.- Pero la revolución tecnológica siguió su curso. Y por uno de esas decisiones invisibles de la Providencia los ojos de la Ciencia se abrieron y comenzaron a penetrar en las distancias astronómicas. Y según se fue extendiendo el campo universal ante los ojos telescópicos de la Civilización aquél Universo del más Fuerte se fue evaporando, esfumándose como lo hace la pompa de jabón que según sus creadores era. Atónitos, con los ojos incrédulos del que ve cómo sus ídolos se tambalean en su pedestal y no pueden aguantar el peso del terremoto que sacude los cimientos de la tierra, las últimas generaciones de la Guerra Fría vieron cómo la religión de Einstein y su doctrina cosmológica temblaban en su altar y no había nada que sus sacerdotes pudieran hacer para impedirlo. La Realidad negaba la religión del materialismo científico de nuevo. Primero negó su evangelio del más fuerte; luego negó su doctrina de la necesidad de la guerra como instrumento biológico de civilización, y ahora hacía temblar los cimientos del Cosmos según la Ciencia.

10.- Pero mejor que perderme en una crítica del comportamiento científico prefiero pasar directo a resaltar el desarrollo de la Civilización como resultado de la evolución del lenguaje humano, caballo de batalla que nos ha conducido a la victoria sobre aquella ausencia de conocimiento de la que Jesucristo se lamentara, diciendo: “Si no comprendéis las cosas de la Tierra cómo vais a comprender las del Cielo”. No es un ejercicio de retórica afirmar que el destino, el objetivo, el fin hacia el que han caminado estos dos milenios pasados ha sido la superación de aquella tara intelectual. Recordemos que Dios había hablado como profeta, había hablado como legislador, había hablado como rey y señor, finalmente habló como Padre, pero nunca nos habló como la Inteligencia Creadora del que dijo: Haya Luz. Y sin embargo habiendo afirmado que creó el Universo en el seno de la afirmación estaba la promesa de hacerlo. En el lamento de Jesús esta promesa palpitaba en forma de futuro que había de llegar, que a El le hubiera gustado ver para ya, pero que, lamentablemente, estaba por llegar.

11.- Y es que mucho debería crecer la inteligencia del Hombre Clásico para poder comprender las leyes de la Ciencia de la Creación. El Camino de la barbarie al alba de ese Día sería largo y estrecho; pero ese Día vendría. La Historia le abriría su horizonte y ese Día amanecería sobre la Plenitud de las Naciones. Viéndolo venir, a la distancia en los siglos, uno de los Discípulos de Jesús lo saludó, diciendo: “La expectación ansiosa de la Creación está esperando la manifestación de los hijos de Dios”. Hijos de Dios que eran todos los Discípulos de Jesús, al afirmar este Pablo que la Creación estaba esperando la Manifestación de los hijos de Dios, a su forma, a la manera tan inteligente que San Pedro le reconociera, San Pablo profetizaba el Nacimiento de este Día cuando Dios le hablaría al Hombre como el Creador del Universo que se reconoció al principio de su Libro. Es más, los dos primeros pasos en esta dirección habían sido dados ya a la hora de ser escrita la profecía. Estaba la Revelación y estaba la Ciencia. Aún siendo cierto que entre las dos existía un muro, el Cristianismo, como se vería en la primera mitad del primer milenio, lo echaría abajo, y a la luz de su inteligencia la Revelación y la Ciencia aprenderían a convivir y a crecer juntas. Obviamente la Civilización aún tendría que vivir horas amargas y críticas; planeaban sobre su camino las Invasiones, la División de las iglesias, la batalla entre la Fe y la Razón, y al término de los dos milenios la Guerra Mundial. Sólo al final el espíritu de Inteligencia entraría en escena.