1. Orígenes
Así pues, todas las
cosas que nos afectan y componen la Historia de la Plenitud de las Naciones
tuvo su principio en otro Mundo, en otro lugar del Universo, en un Mundo
situado más allá de las estrellas de los Cielos, justo en el corazón del reino
de las galaxias. Allí, justamente en el centro de su Creación, se creó Dios su
Mundo; el Mundo desde el que bajó su Hijo al nuestro y al que regresó tras su
Resurección.
Muchas veces lo dijo
el Hijo de Dios, pero sus palabras no encontraron oídos que le prestaran
atención ni inteligencia que comprendiera su mensaje. Una de las veces que con
más claridad habló sobre su Mundo de procedencia lo hizo en presencia de Poncio
Pilatos. “Mi Reino no es de este Mundo, si de este mundo fuera mi Reino mis
ministros habrían luchado para que no fuera entregado a los judíos, pero mi
Reino no es de aquí”.
En otras ocasiones
Jesús volvió al tema de su Procedencia y no dudó en dejar claro, El había
dejado de su Mundo y bajado al nuestro para liberarnos de la Ignorancia y
conducirnos a la Sabiduría. En la Tercera Parte de la Historia Divina toqué el
tema del Origen del Cielo, ese Mundo del que viniera el Hijo de Dios. Intenté
traer a la memoria en la medida de lo posible sus Crónicas y le seguí la pista
a sus Guerras hasta el punto que nos afecta directamente a nosotros.
Creo haber dicho
entonces que Dios creó el Mundo desde el que nos enviara a su Hijo para ser su
Casa, su Patria, su País, su Propiedad, su Paraíso. Y lo creó en todo a su
medida y a su gusto. Por fronteras le dio el Orto que vuela sobre las alas del
Infinito, por futuro le dio la Mañana que siempre amanece y vive para siempre
en los ojos de la Eternidad. Es decir, lo creó a imagen y semejanza de la Idea
que bullía en su Mente sobre la Naturaleza y Constitución del Nuevo Cosmos que
se disponía a levantar inmediatamente después de finalizar la creación de su
Mundo.
La Idea del Cosmos que
Dios tenía en Mente antes de meterle mano a la Realidad Universal podemos
definirla mediante dos notas principales; una, expansión ad infinitum de sus
fronteras; y dos, evolución ad eternum de su futuro. Decidido a ser el Origen
de esta Nueva Realidad Universal, fruto de la fusión del Espacio y el Tiempo en
un Núcleo material, centro geográfico del Nuevo Cosmos, Dios le dió a ese Núcleo
un cuerpo, lo dotó de una naturaleza propia, con su propia especificidad
singular, única e irrepetible.
Nacido para ser el
corazón geográfico de su Creación, el punto de intersección entre los dos
vectores increados, Infinito y Eternidad, Dios materializó su existencia y dotó
su cuerpo de la Indestructibilidad natural a su propio Ser. También de la
capacidad de crecimiento material connatural al Espacio y al Tiempo. Aquel
Mundo iba ser su Mundo, su Casa, su Patria, su Paraíso, su Propiedad, su País,
su Tierra, su Todo, lo que nunca tuvo. Dios fue siempre un nómada en la
Eternidad, un aventurero en el Infinito. Ahora se iba a crear lo que nunca
tuvo, y lo iba a crear sin límites de medios ni falta de imaginación.
Y así lo hizo. Cómo lo
hizo, poco importa. En el caso de la creación de nuestro Universo el Cómo sí
importa. En la Introducción a la Cosmología del siglo XXI toqué este tema. En
la Historia de Jesús dije que ya tendremos la vida eterna entera para conocer
este Mundo sobre cuyo Origen estamos tratando. Lo cual me lleva a declarar lo
que declaré ya antes en alguna otra parte, hay cosas que están dentro de
nuestra esfera de conocimiento y otras, como el Nacimiento del Padre y del
Hijo, y la creación de este Mundo nacido para ser la Patria de su Creador, que
escapan a la comprensión de nuestra inteligencia.
Entonces, y para no
perdernos, levantó Dios en el corazón de su Mundo un Monte. Y en su cumbre se
edificó una Ciudad. Pero sabiendo que no son doce muros los que hacen una Casa,
sino los que viven dentro, soñó con Hermanos, Amigos, Hijos. Tal es el origen
de los dioses del Cielo.
Pasó luego que Dios
engendró de su Ser; y en la Paternidad halló su mente y su corazón la felicidad
perfecta. Le presentó su Hijo a los dioses y éstos le adoraron.
Al cabo comenzó Dios a
crear el Universo. Las Galaxias pusieron sus campos de estrellas al servicio de
su Señor, desde las cumbres de sus cordilleras lejanas ríos de soles se
abrieron paso por las llanuras siderales. Como quien al caudal impetuoso,
fresco y alegre le da por cabeza de máquina un frente de onda gravitatoria
aquellos lechos luminosos comenzaron a bajar desde todas las alturas del
Cosmos.
Este es el origen del
Universo. Como cuerdas gravitatorias arrastrando un tren de soles de todas las
magnitudes y colores aquéllos ríos de estrellas desembocaron en el océano de
las constelaciones de los Cielos. Y así fue el Universo creado.
2. Los dioses antiguos
Conforme el tiempo fue
pasando el Cielo se transformó en un Reino, el Reino se transformó en un
Imperio. La Casa de Dios se llenó de hijos, todos hermosos, todos príncipes,
cada uno de ellos rey de su Pueblo. Pues creado el Universo, Dios sembró la
semilla del Árbol de la Vida en sus aguas, y de sus profundidades
constelacionales la Vida le concibió un Mundo, dos Mundos, tres Mundos, cuatro
Mundos, y hasta Cinco fueron los Mundos creados antes del Sexto Día de la
Primera semana de la Creación. Al Sexto creó Dios al Hombre. Este es el origen
de los hijos de Dios, los dioses de muy antiguo.
3. La Cuna del Hombre
Fueron Cinco los
mundos que crió Dios y guió de sus lugares de origen en el Universo a su Mundo.
El Hombre no había sido aún creado. Ni estaba aún en la Mente del Creador la
idea del Hombre.
A quienes se preguntan
si hay vida en el Universo le diremos que sí; estamos nosotros. A quienes se
preguntan si hubo vida antes de nosotros, les diremos igual, sí, no hemos sido
los primeros ni seremos los últimos. Si entonces nos preguntan en qué estrella,
en qué parte de los Cielos moran esos otros Pueblos del Universo, les diremos
que tienen sus Moradas en el Mundo que Dios se construyó para sí, el que está
Arriba y en el Centro de su Creación. También nosotros tenemos nuestra Morada
en ese Mundo, indestructible y vivo, y allí Arriba nos veremos todos y
compartiremos la vida eterna para la que fuimos creados. Sin embargo noticias
obligan, así que del Futuro volveremos al Pasado, a los Días cuando el Infierno
sembró la semilla de la Guerra en el Paraíso.
Fueron dos las Guerras
que arrasaron el Paraíso, mas el Cielo nunca fue conquistado. Las grandes
batallas por el Trono del Rey de reyes y Señor de señores están escritas en el
Libro de la Vida; en sus páginas se describen cómo los Hermanos y los Hijos de
Dios, fieles a la Corona del Unigénito, destrozaron la fuerza del Eje de los
Rebeldes, abrieron el Sello de la Fidelidad y los mismísimos elementos de la
Naturaleza Celeste se pusieron al servicio de sus Brazos, bellos, invencibles,
sabios y fuertes. Como quien le toma prestado al relámpago el resplandor y con
sus destellos en los ojos avanza contra las tinieblas, o como quien al trueno
le da por tienda su garganta y convierte el cielo de su boca en el firmamento
por el que corre el caballo de los vientos, o como quien por látigo le pide
prestado al rayo su misterio y con sus cuerdas eléctricas golpea el lomo de la
Bestia, así, así fue el contraataque masivo y fulminante de los Príncipes del
Cielo contra las huestes del Infierno que, en ausencia de Dios, se habían
alzado contra su Imperio.
Dos veces el Dragón
fue reducido y capturado; y otras tantas fueron perdonados los Rebeldes. Pues
en su amor de Padre creyó Dios que con el tiempo sus hijos rebeldes cambiarían y
conforme crecieran y maduraran esa tendencia a hacer la guerra se apagaría. Mas
viendo que los hechos ocurridos urgían de El una toma de decisiones
revolucionarias: al Sexto Día de la Primera Semana de la Creación del Universo
concibió Dios en su mente al Hombre.
4. La Luz del Génesis
Creó Dios nuestro
mundo haciendo emerger del seno de las aguas del océano estelar los Cielos.
Luego creó la Tierra. Pero primero fue la Idea.
En su Omnisciencia el
Creador no hace nada sin tejer antes en su Inteligencia el Edificio a
construir. Primero planea, resuelve, tira líneas, calcula, supera problemas,
despeja incógnitas, ve en movimiento virtual el fin al que tiende su proyecto,
se deja llevar por su Sabiduría y luego pasa a la acción. Confía en su
experiencia para mantener bajo control todos los procesos. Si sobre la marcha
algún elemento parece que se le escapa de las manos actúa en consecuencia,
improvisa, toma las decisiones al caso y, sin desfigurar la Idea, mantiene el
movimiento en la dirección original establecida.
Así pues, creó la
Tierra en las fronteras del Cosmos, lejos del Cielo y de los Cielos, en las
Tinieblas. Le dio a la Tierra por esposo el Sol y por hermanos y hermanas los
Planetas.
Sol, Tierra y Luna, y
toda la familia planetaria, fueron creados de un único núcleo.
Creada la familia
solar abandonó Dios la Tierra en las Tinieblas a aquella soledad tan total y
absoluta que la causara sentirse confusa y vacía, según nos lo cuenta en su
Libro. Pues pasó que, contra toda expectativa, cuando fue a la Tierra a la que
le hizo todas las promesas de futuro, su matrimonio con el Sol firmado desde el
mismo Origen, sellado con besos en la Cuna, Dios se llevó a toda su familia
lejos, muy lejos del Abismo cubierto por las Tinieblas, y la abandonó a ella,
la Tierra, a merced de las fuerzas del Abismo. La oscuridad gélida de una
soledad invencible se le metió a la Tierra en los huesos, y de frío los dientes
le castañearon.
Ay la Tierra, nacida
entre promesas de maternidad a la luz de risas, aplausos y exclamaciones de los
hijos de Dios. Bella en su desnudez, hermosa en su pequeñez. Ay el sueño
concebido para ella, como el del niño que vive del sueño de su madre mientras
se tejen sus huesos y su carne. Ay del sueño aquél. El frío le helaba los
huesos, los vientos que recorren las Tinieblas sacudían su carne trémula. Ay mi
sueño, ay mi vida, que se me ha ido mi Dios y me ha abandonado en las Tinieblas
sin nadie que me defienda. ¿Por qué me has abandonado, Dios mío? ¿Por qué me
prometiste el océano, porqué me hiciste soñar con el Este, el Oeste, el Norte y
el Sur, porqué me soñaste madre de tantos hijos, mis manos con alas, mis
cabellos coronados por diadema de nubes preñadas de vida, mis pies de nieve
respirando primavera sobre verdes valles, porqué me alimentaste con miel si me
tenías destinado por alimento este veneno agrio y espeso? Ay que me muero, ay
que prefiero la muerte a vivir sin tu sueño.
Así que cuando su Gran
Espíritu regresó a buscarla, la Tierra estaba confusa y vacía porque El no
aparecía por ninguna parte. Cuando regresó, la Luz se hizo. Fue así.
Extendió Dios un campo
de fuerzas que rodeó la Tierra y su superficie se transformó en un mar de lava
viva. Estamos hablando de la Fusión de la Corteza Primaria de nuestro planeta.
De las entrañas de aquél mar de lava viva surgió la Atmósfera Primigenia. Al
cabo la corteza terrestre se enfrió y aquella atmósfera se convirtió en un
Manto de Hielos que cubrió la esfericidad entera de nuestro planeta de polo
norte a polo sur. Tal
Manto de Hielos era “la luz”.
Este es el origen de
la escalera de los elementos naturales. (En la Introducción a la Cosmología del
siglo XXI el tema de la Física Creadora de la Biosfera se toca con la
profundidad debida). Esta
es la Historia de la Tierra.
5. El Firmamento
El abrazo del
Omnipotente. Oh, el cálido abrazo del Omnipotente. El calor de tus músculos, oh
Dios, es el calor del primer beso entre los esposos vírgenes, el calor de la
primera palabra del padre a su bebé, envuélveme en tu aliento, Dios mío… Ay la
Tierra, cuántos versos, cuántas líneas escribió en su soledad, cada una una
paloma blanca cruzando las aguas en busca de la ramita de olivo que le
mantuviera viva a Noé la esperanza. ¡Su alegría, su corazón desbocado, su pulso
desatado, sus nervios vibrantes el día que la luz del Gran Espíritu de su
Creador brilló fulgurante, atravesando el campo de las galaxias a la velocidad
del pensamiento! Su Voz cálida, su Verbo tierno, ay hermanos y hermanas, me
muero por rociar mis orejas con el bálsamo del eco de sus cuerdas, cuando su
Palabra rompa el Silencio.
Y así fue. El Espíritu
de Dios regresó, la abrazó, se la comió a besos, le habló, y su Confusión
desapareció al momento.
Envuelta en aquél
Manto de Hielo forjado a temperaturas bajo ceros absolutos, Manto de Hielos
producto de la Fusión de la Corteza Primaria y Sublimación de la consecuente
Atmósfera Primigenia, separó Dios la Tierra de las Tinieblas y la introdujo en
los Cielos. La condujo al encuentro del Sol y los Planetas. En el calor del
encuentro el hielo se derritió y se transformó en Aire y Agua. Bajo el
Firmamento que separó Aguas de Aguas, los dos bloques de hielo comenzaron su
repliegue hacia los polos Norte y Sur. Y desde entonces el Firmamento sigue
ahí, separando las Aguas de los mares de todos los días de las Aguas
gravitatorias que llenan el espacio exterior.
El Firmamento en el
Verbo del Génesis es la Atmósfera resultante de esta manera creada. Firmamento
al que llamó también “cielo”, el cielo de todos los días, azul, rojo, blanco,
amarillo, naranja, violeta, púrpura. Firmamento sobre cuya arquitectura ya
tendremos tiempo de entrar, y hablando de la cual tocamos su génesis, dejando
para otro sitio los fundamentos de la Biosfera, fundamentos que han de
conducirnos a la definición de los elementos constitutivos de la Ecosfera. (En
Los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra tenéis la ocasión maravillosa de seguir la
mecánica creadora de estos procesos paso por paso).
6. La Mano de Dios
Siguieron bajando las
aguas del océano madre bajo el Sol. Y continuaron bajando hasta alcanzar el
nivel de los mares. Entonces, cuando las aguas se retiraron para dejar que la
Vida siguiera su curso, la huella de la Mano Creadora quedó grabada en la
piedra de las dorsales oceánicas, y sobre la superficie de la huella de sus cinco
dedos el árbol de las especies echó sus raíces.
Este es el origen de
la vida en la Tierra.
7. El mundo de las aves
Los mares se llenaron
de criaturas, tantas que no cabían en la inmensidad de aquéllas aguas que le
daban la vuelta al mundo. El nivel de las Aguas que estaban debajo del
Firmamento siguió bajando y por tanto la presión subiendo. Entonces el Árbol de
la vida atravesó la frontera entre el agua y el aire y el firmamento de los
cielos se llenó de criaturas con alas y picos. Otras ramas tocaron tierra firme
directamente del agua a la tierra; pero el mundo era de las aves, que ponían
sus huevos en tierra y se extendían tierra adentro hasta los confines de las
cordilleras. Así que cuando los anfibios comenzaron a internarse más allá de
las orillas y se dieron por alimento huevos de aves prehistóricas la necesidad
de vigilar la propiedad generó la transformación revolucionaria de las alas en
brazos.
Este es el origen de
todas las bestias que paren.
8. Los hijos de Dios
Vive que evolucionando
crecieron los hombres y sus familias en los bosques, desde cuyas fronteras con
el mundo de los monstruos vieron bajar del cielo a los dioses. Los hijos de
Dios se distinguían de las demás criaturas porque caminaban sobre sus piernas.
Y el poder que su palabra ejercía sobre todas las bestias era muy grande. Se
despertó entonces en los hombres un instinto sui géneris, el de la
inteligencia, y encontraron en la capacidad natural para imitar a los dioses el
camino hacia el dominio del mundo. Fue por entonces cuando los hijos de Dios
adoptaron a los hombres como discípulos.
9. Mesopotamia. La tierra del paraíso terrenal
Dios le dio a cada uno
de sus hijos una zona de influencia en la Tierra. Según el Sello que cada
pueblo hubiera recibido de su preceptor la Formación de los Cinco Pueblos
originales de los que procede todo el género humano daría lógico lugar a cinco
culturas diferentes. El cálculo era unificar esas cinco culturas en una sola,
de la que emergería la concepción de un reino mundial, patria original de todos
los pueblos futuros del género humano. La corona de ese reino se la daría Dios
al Primer Hombre que lo llamaría Padre, y nadie podría otorgarse este poder.
Así que este proceso
de formación de los pueblos de la Tierra en marcha, viniendo de diferentes
lugares se encontraron en Mesopotamia, llámese Irak en los días corrientes, un
número indeterminado de familias. Crearon sociedad, levantaron ciudades,
establecieron constitución social. Pero jamás se otorgaron el poder de elegirse
un rey y comenzar por ellos mismos la obra de unificación de todos los pueblos
de la Tierra en un gran reino. Dios daría.
10. Adán y Eva
Y dio.
Movido por el Gran
Espíritu abandonó su casa y su familia un joven ciudadano de aquella Primera
Mesopotamia. Acabó su andadura en un rincón virgen de aquélla tierra regada por
cuatro ríos.
Dios le dio un nombre
nuevo a su elegido: Adán. Y estando allí le descubrió el Futuro de la Humanidad
según en su Presciencia la había tejido en su Mente.
Fuera del Edén la voz
del Gran Espíritu había extendido el mensaje. La elección divina se había
producido. La entrada del rey en escena era una visión en verdad para corto
tiempo. Un grupo de jóvenes dejó sus hogares y salió a buscarle. Entre aquéllos
se halló Eva.
Este es el origen de
Abraham, padre de Israel.
11. El talón de Aquiles de Adán
La sociedad original
humana no había sido establecida sobre la propiedad, la mentira, o la conquista
del poder. Todo le pertenecía a Dios y sus sacerdotes almacenaban el fruto del
trabajo en el Templo para su distribución según las necesidades de las
familias.
La palabra de un
hombre era ley. El hombre, a imagen y semejanza de su Creador, no hablaba jamás
en vano.
Aquí era donde residía
su fuerza a los ojos de su Creador, en esa inocencia que lo empujaba a creer en
la palabra de su prójimo como si fuera la suya propia. Hasta que llegó el hijo
de la perdición y convirtió ésa fuerza en diana para la certera flecha de su
traición.
12. Más dura sería la venganza
¡Ay! Ay de la
Serpiente cuando el Padre de aquél niño volviera. El Dragón sería desterrado de
los límites de la Creación adonde el no-ser vive una muerte que nunca llega ni
se va. Sus planes para obligar al Gran Espíritu a convertir el paraíso en un
mundo de dioses más allá del bien y del mal estaban condenados al fracaso más
absoluto.
En Dios el Padre y el
Juez son un todo indivisible. Justicia y Amor son los dos Brazos de su Gran
Espíritu. ¡Al Infierno quien ama el Infierno! Bendito sea Dios y su santo
espíritu de justicia. El no puede soportar la visión de todo lo que hemos visto
y oído, y por eso la Creación entera ha estado expectante soñando con el Día de
la gloria de la libertad de sus hijos, cuando al frente de su Casa el Rey del
Paraíso se alce contra lo que el Infierno sembró entre los hijos de la Tierra.
Bailad, guerreros, la
danza de la victoria en honor del Invencible. Batid palmas vientos del Norte,
recorred los mares con la noticia vientos del Oeste, llevadle el grito de la
esperanza a los que viven en las sombras del Este: Viene el Rey, lo rodean
príncipes que brillan como soles, el ejército del paraíso de los Buenos vuelve
a cantar al término de la Noche.
Sí, hijos de la
Tierra, ¡ay! de los Rebeldes por tercera vez, porque colmaron el vaso de la
paciencia divina; en su locura nobquisieron transformar el agua en vino: sino
en veneno. Juró entonces el Gran Espíritu que no retiraría su espada hasta que
su hoja cayera sobre la cabeza del asesino y sus cómplices malditos. Juró por
su honor y su gloria que un niño nacido de aquella Eva heredaría su espada, la
del Gran Espíritu, y con ella se cumpliría la Palabra de Dios: El te aplastará
la cabeza.
¿No veis hijos del
Gran Espíritu la visión que el Guerrero Eterno tuvo? ¿Qué brazo surgido del
barro podría levantar con su puño la espada del Héroe de las galaxias que
recorren alegres el infinito? La respuesta está en vosotros porque estuvo entre
nosotros: El Brazo de Dios, el Brazo de su Hijo, el Brazo de Yavé.
Viendo la visión de su
Padre, Adán se levantó del suelo y bailó sobre los restos de su desesperación
la danza de los héroes en honor del Campeón que el Gran Espíritu les había
elegido a los hijos de la Tierra.
Este es el origen de
Cristo.
13. Al Este del Edén
En la amargura de la
desesperación que le rajó el alma y le desgarró la mente, Adán vio la historia
de la humanidad desde el fratricidio a la última bomba que reventó la Tierra y
la redujo a montañas de piedra desvaneciéndose en el humo de las estrellas. Los
horrores que vio le espantaron de tal manera que se le hizo imposible creer que
su Dios y Padre fuera a permitir semejante tragedia.
Pasó entonces que Adán
no se equivocó.
Dios sintió la
traición de Satanás como una puñalada en la espalda, como un lanzazo en pleno
corazón. Muerto su elegido la Tierra quedaba a merced de un Dragón loco por
imponer su imperio desde un confín al otro del mundo, pero por su Omnisciencia
y Todopoder que la Serpiente Antigua acababa de firmar su sentencia de
destierro ad eternum del Cielo, de la Tierra y de su Creación entera. Por su
salud que un hijo de ese mismo Adán se levantaría hasta las nubes, alzaría sus
brazos y dejaría caer sobre la cabeza del asesino de Adán el Martillo de la
Venganza.
Adán y Eva también
fueron desterrados lejos de su patria. Adonde nadie pudiera encontrarlos y
mataran al Niño de la Profecía. Fue como si se los hubiera tragado la tierra.
Los escondió Dios de la cólera de sus hermanos entre los pueblos de las
montañas, moradores de cuevas, los montañeses cazadores de pieles del Este.
Este es el árbol
genealógico de los hijos de Noé.
14. La primera guerra civil mesopotámica
Inmediatamente después
de la Caída, las Ciudades de muy antiguo: Ur, Lagash, Kish, Umma, se dieron
reyes y cada rey se lanzó a hacer realidad la utopía del reino universal
empleando la fuerza.
Los ángeles rebeldes
abrieron la Caja de Pandora, le dieron nuestro mundo por campo de acción y la
larga mano de sus tentáculos alcanzó a todas las naciones. Alcanzó también a
Caín, que mató a Abel en un intento desesperado de obligar a Dios a entregarle
la gloria del príncipe de los vengadores.
Consolados por la
Sabiduría, Adán y Eva educaron a Set en la Doctrina Mesiánica de los
Patriarcas. Nadie excepto el propio Dios conocía el tiempo del Nacimiento.
Cuando terminaron
aquellas primeras guerras fratricidas los hijos de Set regresaron a la patria
perdida y aprendieron a convivir con las demás familias en igualdad, sin
olvidar jamás la situación de guerra declarada entre el Cielo y el Infierno, y
la parte que se les había asignado en el encuentro.
El Primer Hombre que
llamó Padre a Dios fue Adán; pero de ninguna manera Adán iba a ser el último a
quien Dios llamaría Hijo delante de su creación entera.
Este es el origen
mitológico del rey David.
15. Hacia el diluvio universal
Las crónicas conocidas
para el periodo de la Caída de las Ciudades-Estado y la Era antes del Diluvio
nos vienen dadas de una forma arcana en los archivos descubiertos en los
yacimientos arqueológicos del Oriente Medio. Hablan de crónicas reales, del
origen divino de la realeza. Coinciden con el Génesis Hebreo en el
acontecimiento del Diluvio.
Según se deduce de la
historia de aquél mundo de mitos y héroes, las Ciudades-Estado compraron la paz
a un precio muy alto. La No-Ley por Ley, uniendo el ser y el no-ser en una
bomba le entregó al imperio de los dioses antiguos el cetro de las Cuatro Regiones.
Estos, los dioses malvados y malditos que sembraron la cizaña de sus mentiras
de un confín al otro del mundo, sin miedo ni honor ni vergüenza en sus
entrañas, no habiéndoles bastado con haberle declarado la guerra al que aún
seguían llamando Padre, le ofendieron hasta el infinito pisando una ley
sagrada, inviolable, contra cuyo delito insoportable su Gran Espíritu sufrió en
silencio lo indecible. Pero tragándose su orgullo, quemándole la sangre,
aguantó el Divino Guerrero el sufrimiento, almacenando en su alma el fuego en
el que se quemarían eternamente aquellos demonios perversos y malditos. Porque
si un padre por amor a un hijo permite que ese hijo mate a sus demás hermanos,
ese padre es el demonio malvado y perverso de cuyo seno surgiera tal malvado
hijo. Lejos de la Paternidad Divina semejante criminal conducta.
Callado, con los
dientes apretados, los nervios en tensión, Dios sufrió lo indecible el día que
pisaron su ley sagrada sobre la prohibición del cruce de razas cósmicas.
Uniéndose Satán y sus hermanos malditos a las hembras humanas parieron de ellas
criaturas medio hombre-medio demonios que, arrasadas sus entrañas por una
inmortalidad que se les negaba, sembraron el mundo de destrucción, convirtiendo
las tierras en un campo de devastación donde obtener de sus padres demoníacos,
a base de sacrificios humanos, la inmortalidad que buscaban.
Ellos, los héroes de
muy antiguo, fueron los fundadores de las religiones sangrientas que asolaron
las tierras y compararon a nuestros padres con las bestias, y los sacrificaron
en el altar de sus pasiones imposibles tras la búsqueda de la fuente de la
juventud eterna. Enloquecidos por su condición ni divina ni humana sembraron el
mundo de aquellas guerras y violencias gratuitas que en sus cuentos y leyendas
recogieron los Antiguos, cuando por el amor de una hembra un hombre era capaz
de meterle fuego a toda una ciudad, como si en el mundo aquella Helena hubiera
sido la última mujer sobre la faz de la tierra. Salvajes, monstruos paridos de
semillas malditas, los héroes de muy antiguo nacieron para morir arrastrando
con ellos a la tumba a todos los que le rodeaban, como se manifiesta en las
tumbas de los Ra y los Amones del Egipto.
No pudiendo soportar
más la presencia de aquél mundo donde el bestialismo impuso su norma, optó Dios
por dar por finalizada aquella obra, echarla abajo y empezar una nueva. Si
afectó el Diluvio a todos los continentes de la misma manera y en el mismo
momento es un cantar de otra materia. Si fue así cada pueblo lo sufrió a su
manera.
16. De Noé a Abraham
Las pruebas del
carbono dicen que la fecha del Diluvio debemos situarla hacia el principio del
tercero y finales del cuarto milenio antes de Cristo. La reconstrucción de la
historia desde la arqueología se suma al testimonio.
Se salvaron muchos del
desastre y volvieron a empezar de cero. Durante aquél proceso de reconstrucción
internacional los hijos de Noé tuvieron la parte del guerrero que baja de las
montañas al anfiteatro de las vanidades babilonias. La estructura del Mito
Akadio una copia de la estructura del Mito Hebreo, no es en vano que muchos
historiadores hayan creído descubrir en el Gilgamesh del Mito sumerio la
Conexión Judía.
Recordemos que Dios
les prometió a los hijos de Noé la invencibilidad por norma.
“Se apoderará tu
descendencia de las puertas del Infierno”, les dijo. Promesa maravillosa y
fantástica en la que el Padre de Adán se ratificaba en su juramento de venganza
contra los príncipes del averno.
Estaban ya los
demonios malditos que un día fueran ángeles benditos celebrando la destrucción
del mundo, y se festejaban ya con la victoria final sobre el “hijo de Eva”, del
que ya se reían antes de ver su Nacimiento, cuando Aquél Rey silencioso y
desconocido, cuyo Gran Espíritu no demostraba sentimiento de fracaso alguno,
levantó la cabeza y abriendo su boca, para vergüenza y confusión de quienes ya
celebraban la victoria no conseguida, repitió su juramente bendito: “El hijo
del Hombre te aplastará la cabeza; baila mientras puedas, maldito”.
Noé y sus hijos
bajaron de las Montañas del Este en formación de ejército. (No olvidemos que al
guerrero de los guerreros, Gilgamesh, se le adjudica un origen montañés en los
textos cuneiformes). Los hijos de Noé vivieron en las ciudades. Crecieron y se
multiplicaron. El clan original se expandió por las ciudades de Nippur, Uruk,
Ebla, Kish, Lagash, Umma, Ur.
En esta Ur de la III
dinastía vivían los padres de Abraham cuando la locura ególatra arrastró al rey
de Ur a otorgarse la inmunidad constitucional que se les suponía a los dioses.
Pero reconfiguremos en líneas maestras la sucesión de aquellos acontecimientos.
Según los elementos
arqueológicos a nuestra disposición podemos situar la fecha del Diluvio a
finales del Cuarto Milenio y principios del Tercero. El llamado Periodo
Protodinástico sitúa su origen en el 2.900. Esta ubicación obliga a situar
entre la catástrofe y el renacimiento de las poblaciones un par de siglos por
medio.
La ciudad de Kish fue
la primera en salir de las aguas y darse un rey. Al poco la ciudad de Uruk
entró en la dinámica, aportando a la historia las aventuras de su héroe y rey,
Gilgamesh.
Tras la muerte de
Gilgamesh la ciudad de Kish volvió a recoger la Vara del Imperio, actuando su
rey entre las ciudades vecinas como árbitro y juez de sus disputas. Poder que
pasó a Ur, y después a la ciudad de Lagash, situándonos así en el siglo XXV
a.C. Para finalmente caer en manos de la ciudad de Umma, cuyo rey héroe reclamó
para sí el imperio del Edén.
Imperio que le duraría
a Umma poco tiempo. Se lo arrancó de las manos el joven Sargón, copero del rey
de Kish. Sargón se rebeló contra su rey, se fundó su propia ciudad imperial,
Akkad, y desde Akkad salió a conquistar el mundo.
Lo conquistó. Sus
hijos reinaron desde el 2278 hasta el 2193 aproximadamente, cuando los Primeros
Bárbaros cayeron sobre el imperio del Edén y extendieron su anarquía desde un
extremo al otro de las Cuatro Regiones.
La caída del imperio
de Akkad le devolvió el protagonismo a las ciudades clásicas, entre las que
Lagash volvió a saltar a primer plano bajo la jefatura del famoso y legendario
Gudea. Pero no fue este Gudea quien liberó al País del imperio de los Bárbaros
sino la coalición de las ciudades del Sur lideradas por el rey de Uruk, bajo
cuya bandera debemos situar a los abuelos de Abrám.
Pasó, pues, que tras
la derrota de los Bárbaros, el jefe Utukhegal quiso proclamarse emperador, lo
que al jefe Nammu y su consejo de príncipes de Ur no les gustó nada, y le
declararon la lógica guerra de independencia. Bajo esta bandera, en efecto,
podemos situar a los padres de Abrám.
Nos hallamos en la
frontera entre los dos milenios, Tercero y Segundo a.C.
17. Abraham
La estructura de los
hechos nos permite creer que Najor, abuelo de Abrám, fue uno de los jefes de Ur
que bajo la jefatura de Utukhegal de Uruk liberaron al País de la anarquía en
la que lo sumieron los Bárbaros.
Teraj, el padre de
Abrám, siguiendo esta línea, participó en la coalición de los príncipes de Ur
que bajo la jefatura de Nammu se alzó contra la tiranía a la que Utukhegal se
abandonó.
La victoria de la
coalición de Ur les permitió a los hijos de Nammu alzarse con la corona. Una
corona que no tardó en sucumbir al paroxismo de la perversidad cuando su
sucesor, Shulgi, declaró ser dios en la tierra.
Digamos que se regresó
de repente a los días anteriores al Diluvio, cuando los héroes de muy antiguo
proclamaron ser auténticos y genuinos hijos de los dioses y reclamaron para sí
todos los derechos de la divinidad. ¿No fueron sus religiones y sus hazañas las
que condujeron a las naciones a la ruina?
Bajo el reinado de los
hijos de Nammu, reinando en Ur Shulgi y sus hermanos, nuestro Abraham abandonó
su ciudad natal. No pudiendo soportar por más tiempo aquella egolatría Abraham
abandonó Ur. Curiosamente sin encontrar resistencia.
Poco espacio para la
duda dejan los hechos. Por la fuerza que posteriormente demostró el ejército de
soldados ganaderos al mando de Abraham, todo indica que el hijo de Teraj estuvo
en el ojo del huracán de la guerra civil que la divinización de Shulgi puso
sobre la mesa. De no haber mediado su Dios el hijo de Teraj seguramente hubiera
liderado el golpe de Estado contra el hijo de Nammu. Otro gallo habría contado
entonces en Ur. El ejército del hijo de Teraj habría decidido la suerte de la
ciudad.
Cuando por tanto
Abraham abandonó Ur el hijo de Nammu vio partir a su enemigo más peligroso. El
destierro voluntario del hijo de Teraj reducía la oposición a su dinastía a la
mínima expresión posible.
Y así fue cómo al
frente de un poderoso ejército de guerreros-pastores Abraham subió por las
orillas del río Occidental sin nadie que le osara hacerle frente. Entró en
Siria por el Norte, tierra de nadie abierta al pastoreo y al bandidaje.
Dice la Biblia que
guerreó Abraham hasta contra cinco reyes juntos. Y siempre triunfó. Y siguió
triunfando. Tampoco el Faraón se atrevió a consumar su audacia. ¿En qué se
quedó su anunciada boda con la mujer del Hijo de Noé? Un ejército de hombres
curtidos en el campo de batalla que se mueve al sonido de la palabra de un solo
hombre ¿de cuándo fue lo que se dice un enemigo fácil.
En cuanto a la fecha
aproximada del peregrinaje de Abraham y su hijo Isaac por las tierras del
Oriente Medio, las hambrunas de las que habla la Biblia y las hambrunas que
asolaron el reinado de los hijos de Nammu, especialmente durante el reinado de
Ibbi Sin, entre el 2028 y el 2004, nos sirven de punto de su localización en la
línea del tiempo.
La presencia de
Abraham y su hijo entre los Amorreos, pueblo enemigo de Ur, con los que las
relaciones de Abraham fueron las típicas del enemigo de mi enemigo es mi amigo,
nos abre los ojos a la situación geopolítica en la que se movió el padre de
Isaac. Amén de confirmarnos en los límites cronológicos entre los cuales hemos
situado a Abraham y su hijo.
18. Israel
Incomprensible una
decisión que pudo haberle manchado su reputación con la fama de los cobardes,
Abraham prefirió la sabiduría de su Dios a la de los hombres. Su posición
teológica no admitía mutilaciones ni revisiones. El tiempo del hijo de Eva no
había llegado. Esta era su verdad. Lo otro -creer que la historia del Paraíso
Perdido era sólo eso, una historia de viejas- para Abraham era tentación de
Satanás.
En efecto, la
impaciencia fue la madre del pecado del Caín. La ignorancia, no la sabiduría,
fue el motor de su delito. Quien juró venganza se conservó el derecho de
ponerle número al día del combate a muerte entre el hijo de Eva y la Serpiente.
A Dios le tocaba decir el cuándo y el cómo. Él dice y la creación entera
escribe: Y así se hizo. En su palabra está la vida.
“Cuenta las estrellas
del cielo si puedes, así de numerosa haré que sea tu descendencia”.
¿Dónde están los
descendientes de la Casa de Nammu?
Después de la muerte
de Isaac, en vida de Jacob, padre de José, la hambruna volvió a golpear las
tierras del Oriente Próximo Antiguo. Durante aquéllas hambrunas que asolaron el
universo conocido nos ha sido descubierto en los papiros el asentamiento de un
poderoso Clan Hebreo en el Nilo.
La Conexión Judía
introduce a José en los movimientos sociales que las hambrunas causaron en la
Corte del Faraón.
Con José entró en
Egipto la Providencia. Se entiende que en agradecimiento el Faraón y su Corte
les permitiesen a los hermanos de la Providencia instalarse en la orilla del
Nilo que más les gustase.
Con la Providencia en
casa adiós a los malos tiempos.
19. Moisés
Hemos localizado el
periodo abrahámico durante la III Dinastía de Ur, entre los dos puntos extremos
del siglo XXI. Y hemos visto cómo en los registros faraónicos del Imperio
Medio, en el reinado de Amenemhat II, entre el 1929 y el 1895, las tribus
asiáticas empezaron a internarse en el Egipto, desplazándose cada vez más hacia
el sur.
Fue en las crónicas de
Sesostris II, sucesor del anterior, que ya queda constancia firme de esta
inmigración de tribus asiáticas en el imperio. Pero el punto de interés que
atrae nuestra atención son las hambrunas que asolaron el Egipto durante el
reinado de Mentuhotep III. Hambrunas que nos conectan con la Historia de José,
permitiéndonos situar la entrada de los hebreos en el País del Nilo al
principio del Segundo Milenio.
La importancia de esta
conexión radica en la respuesta que exige el acontecimiento del asentamiento de
tribus ganaderas en el reino de los faraones, agricultores. El hecho de la
ruptura con la cultura tradicional faraónica, de rechazo hacia los pueblos
nómadas, ganaderos, nos abre los ojos a un cambio que sólo se explica por la
revolución que supuso la presencia de José en la Corte del Faraón. Sin ir más
lejos será durante este periodo cuando el Faraón adquirirá todas las notas
clásicas, tan típicas a las estructuras imperialistas asiáticas
Es de comprender,
pues, que hasta que no llegó aquél faraón que no conoció a José, los Hebreos
disfrutaron de una política de amistad privilegiada, disfrutando de la cual al
crecer extendieron sus asentamientos más al sur, al precio, claro está, de
abandonar la tradición ganadera de sus padres.
¡Qué pronto, pues, se
olvidan los malos tiempos! Al volver la esquina los hijos de los salvadores se
convirtieron en los padres de los esclavos que hicieron grande al Imperio del
Faraón, y, con el paso del tiempo y otras vueltas de esquina, le acabó
significando a los egipcios su ruina. Pero vayamos por partes.
La política de amistad
hacia las tribus del Oriente Próximo que los faraones de las dinastías XII y
XIII ejercieron atrajo a su imperio a otro pueblo. Estamos hablando de los
Hicsos. Y será en el golpe de Estado que estos Hicsos dieron donde debemos
buscar al faraón que no conoció a José, y que le pagó a los hebreos su negativa
a secundar el asalto al Poder: con la esclavitud.
La decadencia que
experimentó la corte faraónica durante la dinastía XIV le abrió las puertas al
poder al pueblo que se hallaba entre ellos, los Hicsos, poder que no
recuperarían los egipcios sino después de perecer el ejército hicso ahogado en
las aguas del mar Rojo.
De esta forma mirada
la línea del tiempo si la entrada de los Hebreos la hemos situado en alguna
parte del siglo XX, su salida, cuatro siglos más tarde, la situaremos hacia la
mitad del siglo XVI, fecha, precisamente, en la que se produjo la Caída de los
Hicsos y la conquista del trono perdido por los Ramsés.
20. Josué
La inocencia,
digámoslo todo, no fue el talón de Aquiles de Josué. Como en la Edad del Bronce
los metales eran los que hablaban, conocedor perfecto de la lengua de las
armas, Josué dirigió la Conquista de la Tierra Prometida de victoria en
victoria.
-En ese espacio de
tiempo, siglos XVI y XV AC, una marea de pueblos en movimiento revolucionó el
status quo del Oriente Próximo Precristiano -con sus palabras, con su forma de
negar sin dejar de afirmar, de afirmar negando, nos dice la Historia Oficial
Moderna.
Lo que pasó fue que
Josué y sus hebreos arrasaron. La Conquista de Palestina Bíblica por una marea
de guerreros-esclavos hubo por necesidad de desatar el terror que precedió a la
estampida.
La noticia de la
Liberación de los Hebreos había de extender y extendió el terror al Oeste del
Jordán.
Desde nuestra cómoda
posición, tres mil quinientos años después, resumimos la noticia diciendo que
los esclavos egipcios se habían rebelado contra el Faraón, se habían vengado de
la muerte de sus niños y habían derrotado a las orillas del mar Rojo a los
ejércitos del señor del Nilo. Habían pasado a este lado del Sinaí y venían a la
conquista de las tierras del Jordán dirigidos por un Jefe militar que no
conocía la misericordia. Su mensaje para todas las Ciudades-Estados al Oeste
del Jordán era inequívoco: Huir o ser destruido.
Esto desde nuestra
óptica. Pero desde la mentalidad de aquéllos pueblos de la Palestina Bíblica
las noticias fueron otras.
Como si se tratasen de
los descendientes de la Desaparecida Atlántida un Pueblo había salido de las
profundidades del mar. Aquéllos hijos del océano habían acabado con el imperio
de los faraones hicsos y ahora se habían dado la vuelta y dirigían su conquista
hacia el Este con un único propósito: Destruir por destruir. ¿Pues quién es el
que vence a un ejército imperial y en lugar de apoderarse de su reino se da la
vuelta? Habían cruzado el Sinaí para arrasar, destruir y devastar.
Entonces, la marea
conquistadora hebrea transformada en el impacto de la roca sobre las aguas, de
sus profundidades emergieron los Filisteos. Sin embargo la entrada de los
Filisteos en el escenario no se produciría sino al final de la leyenda, cuando
por fin los pueblos medio asiáticos descubrieron que los hebreos no eran
monstruos hijos de la Atlántida sino hombres como todos los demás.
Recapitulemos cómo
estaba el mundo cinco siglos después de Abraham.
El hundimiento de la
Dinastía de Nammu, IIIª de Ur, dejó la Vara del Imperio a merced del aventurero
más osado. Mientras José revolucionaba las estructuras estatales egipcias, al
otro lado del Sinaí, en la ciudad de Larsa, su rey Gungunum se puso a la cabeza
de los Estados mesopotámicos, dominando su figura el último tercio del siglo
XIX.
Su muerte les dio alas
a los reyes de Isín, que vieron fracasar su intento de recuperar la hegemonía
perdida y tuvieron que sufrir la divinización de los hijos de Gungunum.
Teocracia sui géneris, tan típica de las edades mesopotámicas, que acabaría por
conducir al primer plano a la Babilonia de Hammurabi.
Durante un tiempo,
siempre en el siglo XVIII, la Asiria de Shamsi Adad, la Larsa de Rim Sin y la
Babilonia de Hammurabi guerrearon entre ellas y con el resto del mundo por el
Imperio. Al alcanzar la mitad de siglo Hammurabi impuso su ley y de nuevo el
País del Edén estuvo en el puño de un solo hombre. Dominio imperial de breve
extensión numérica, ya que en el 1595 la dinastía de Hammurabi pasó a mejor
vida y el País regresó a la anarquía que le era tan típica.
La sucesión de un
nuevo pueblo en el Poder, los Cassitas, nos sirve para abrir el horizonte y ver
en la escena geopolítica la existencia de un reino fuerte, el Hitita, que junto
al Mitannio y al Egipcio se repartirán los papeles que hasta entonces habían
estado interpretando las Ciudades Estados.
El detalle que nos
llama la atención y nos da cuenta de la importancia de la Conquista de la
Tierra Prometida nos lo prueba el hecho de no haber podido cruzar ninguno de
estos tres reinos las fronteras trazadas por Josué. De hecho, los famosos
“Hapirus”, o hebreos, se ganaron la fama de terribles adversarios en las
fronteras del reino Mitannio. Situación que cambiaría con la avalancha
filistea, que no sólo reventó los muros del reino Hitita y echó abajo las
lindes del desaparecido reino de Mitanni, sino que fueron los primeros
ejércitos conocidos en plantarse delante de los Hebreos con la esperanza en la
victoria.
Los ejércitos del
famoso rey asirio Tiglat Pileser I, aún llegando a las costas fenicias, tampoco
se atrevieron, o no pudieron conseguir traspasar las Lindes de Josué. Sería en
el siglo XI cuando, destruidos los reinos clásicos de esta segunda mitad del
segundo milenio, esas lindes serían pisoteadas y el propio pueblo Hebreo puesto
al borde de su destrucción por los mismos destructores de los Hititas. La natural
intención filistea de apoderarse del tercer reino del momento, el Egipcio,
tenía que pasar por el cadáver de los Hebreos. Cosa difícil de hacer mientras
el Dios de Moisés estuviese con ellos.
Si en su día los
hebreos liberaron a los egipcios de los Hicsos, ahora los salvarían de los
Filisteos.
21. Jueces
Con el asentamiento en
la Tierra Prometida nacieron en las tribus hebreas los males del sedentarismo
antiguo. “Repítemelo otra vez abuelo”. ¡Las escrituras sagradas, siempre las
escrituras sagradas!
“Pregúntaselo a los
ancianos y te lo dirán”. “Escucha Israel…”
Con el tiempo los
oídos se cansaron de oir la misma historia contada mil veces.
Que sí. Que ya está.
Adán y la manzana prohibida, Noé y el Diluvio, Abraham e Isaac, José y sus
hermanos…
Las generaciones
futuras hebreas se amoldaron a lo que había, sus vecinos, el progreso. Cada vez
que lo hacían las cosas se les ponían cuesta abajo. La Excepción de Moisés.
Pero no aprendían.
Así que cuando aquella
fe que movía montañas lleg&oacu