EL EVANGELIKOM
Teologia de la Procedencia del Espíritu Santo,
o el Discurso del
Error
I
La creación entera
tiene por filosofía la afirmación de la individualidad de cada criatura, en
tanto que encarnación particular y sui géneris de la Imagen de su Creador. Por
el espíritu de inteligencia mediante el cual Dios hace de su creación "ser
animado de vida a Su imagen y semejanza", la creación entera, entendida
como ser universal, antepone la necesidad que tiene de su Creador a la
necesidad existencial que el Yo tiene de sus semejantes por naturaleza, y
siempre, la excepción es un suicidio, esta relación Creador-Creación prima
sobre cualquier tipo de lazo con la sociedad a la que se pertenece por
Naturaleza.
El Hombre, hecho a
imagen de Dios, puede sobrevivir sin su semejante, pero no puede sobrevivir sin
Dios. El amor del hombre por sus semejantes, aún siendo tan fuerte como para
renunciar a su alma a cambio de la salvación del mundo, no puede, jamás,
ocasionar la destrucción de este Lazo Eterno que le une a Dios, en quien está
su vida.
De esta manera toda
sujeción de una criatura a otra, sea dentro de una sociedad, de un partido, de
una organización, de una iglesia, etcétera, que implique la renuncia a la
independencia de la inteligencia del Individuo, de la Persona, del Yo soy, en
cuya Identificación se manifiesta en toda su potencia la Imagen de su Creador,
reflejo en la materia de su Declaración de Libertad Suprema: "YO soy el
que soy", significa un desprecio absoluto de la Creación respecto a su
Creador, del Hombre respecto a Dios, quien ha creado toda Criatura Inteligente
para disfrutar de la Gloria de su Libertad.
De aquí se desprende
que todo partido, organización, sociedad, iglesia, secta o cualquier tipo de
estructura que implique la renuncia, en nombre de dicha estructura, del ser
animado - en este caso el Hombre - a su Inteligencia, reflejo vivo de la
Inteligencia de su Creador: por este mismo hecho de negarle a Dios la Primacía
de su relación con su Creación, y someter esta Primacía Sempiterna a la
relación del hombre con dicha organización, esta obediencia a la autoridad
establecida supone una abrogación de la Individualidad Divina en el Hombre, y,
de ser llevada a su extremo: presupone una Rebelión abierta de la Criatura
contra el Creador.
Este tipo de renuncia
fue la que condujo a Satán, un hijo de Dios, al Infierno. Negándose Satán y sus
aliados a entregarle a Dios la Primacía de la Obediencia Universal, que le debe
a su Creador toda Criatura, Satán se alzó contra el Señorío Eterno del Creador
sobre la Creación entera.
La gloria de la
libertad de todos los hijos de Dios, y de la Creación entera, pues, está en la
Personalidad del Ser Divino, que se expande por todo el Universo y hace de todo
ser animado un familiar Suyo.
Esto no quiere decir
que el Hombre sea un dios o que sea Igual a su Creador. Pero sí implica, por la
Voluntad Creadora, que la Creación entera crece sin límites y se mueve dentro
de un horizonte en expansión constante e infinito. Y estando el Hombre en
crecimiento el conocimiento de los límites formales dentro de los que crece
nuestra Inteligencia es básico para determinar nuestro comportamiento. ¡Tenemos
unos límites! No en el horizonte, pero sí en el Presente. El horizonte de la
Civilización es la Omnnisciencia Creadora, pero en tanto que estamos en el
camino los límites, siempre en expansión, vienen marcados por la esfera de
nuestros conocimientos actuales.
Nadie, pues, puede
estar libre del error. Siendo Criaturas nuestro Conocimiento crece sujeto a la
Ley del Pensamiento, que, aún siendo Invencible, parte hacia la Sabiduría desde
una Ignorancia, superando en el camino los obstáculos naturales al propio
progreso de la Razón.
El error forma parte
del proceso entre el principio y el fin. Hasta que no alcanzamos la respuesta
correcta cruzamos la selva de la lucha por alcanzar la Verdad. Cualquier humano
que se alza contra esta ley se proclama Dios. Es Dios quien ofrece la
Invencibilidad en la lucha. Pero quien se proclama Infalible y Libre del Error
se alza sobre esta Ley de la Inteligencia Divina, pues Dios mismo dijo de Sí:
"YO he sido formado, y no habrá otro después de mí". De donde se
entiende que siendo Dios desde la Eternidad, esta Formación de su Ser no se
refiere a su Naturaleza sino a su Inteligencia Creadora. De tal forma que si El
mismo estuvo sujeto a esta Ley de la Inteligencia, sobre la que se alzó finalmente,
alcanando la Omnisciencia, mediante la cual produjo en el Infinito la
Revolución que llamamos la Creación, ¡bajo qué presupuestos una criatura, barro
que hoy es y mañana puede ser o dejar de ser dependiendo del Creador de la
Tierra, se atreve a declararse Libre de todo Error!
Creados, por
consiguiente, para disfrutar de la Invencibilidad de la Inteligencia de nuestro
Creador, el Error es pasajero, y El mismo corrige a su Creación, como queda
bien manifiesto en su Libro. Ahora bien, quien declara que no puede Errar se
declara Dios Perfecto y Omnisciente en Acto Vivo.
No vamos a decir que
este Error sea exclusivo de la iglesia romana. La diferencia neta entre la
iglesia romana y su cuerpo italiano y las demás iglesias, la rusa, la inglesa,
la francesa, la española, etcétera, viene marcada por el hecho de haber la
iglesia romana escrito y firmado públicamente lo que en secreto todos los
obispos, patriarcas y pastores de las iglesias sostienen en privado.
Tan infalible se cree
el Patriarca de Moscú que sostiene el Error de la procedencia del Espíritu
Santo del Padre solo, como el Papa de Roma cuando sostiene que la procedencia
del Espíritu Santo se produce desde el Padre y el Hijo. Uno yerra pero se calla
sobre su Infalibilidad, aunque de su comportamiento se deduce que cree en la
Infalibilidad de su Magisterio como don eterno, y el otro yerrra pero declara
su Infalibilidad para errar sobre la Pena de Muerte Eterna que lanza contra la
Creación entera, si la Creación entera se levantara para atreverse a
demostrarle que, siendo Hombre, y por serlo, y porque todo hombre está sometido
a la Ley, también la iglesia romana yerra.
Es de creer que para
firmar este juicio se debe tener una Verdad. Demostrarle a uno que yerra, pero
que mantiene su error sobre el Poder que tiene sobre la Vida y la Muerte, del
alma en este caso, porque vemos que sobre el cuerpo han debido renunciar a
fuerza de matar hasta saciarse sangre, lo mismo el obispo romano que el
moscovita, el de Londres como el de Madrid... No seamos hipócritas. Todos los
siervos de Cristo han pecado contra su Señor al aborrecer la cruz propia y
darle cruz a sus enemigos... Y demostrarles ante toda la Creación que unos como
otros están en el Error, que se puede deducir del comportamiento fratricida que
han escrito en las páginas del Libro de la Historia del Reino de Dios en la
Tierra, pero sin meterse en estos delitos a los que se les aplica la Sentencia
de Dios: "Por vuestra causa es aborrecido mi Nombre entre las
naciones": demostrarles el Error en que se encuentran los unos y los
otros, hablando de la Cuestión del Filoque, se hace así:
II
El Discurso del Error
"Al principio era
el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios".
Aplicado al Presente:
Ayer, Hoy y Siempre es el Verbo, y el Verbo está en Dios, y el Verbo es Dios.
Ahora, hay principios
imposibles de asumir como punto de partida de un discurso por en cuanto su
propio enunciado declara una sentencia que sólo desde el error puede establecerse
por base de pensamiento. Por ejemplo, “la lluvia cae para arriba”. No hay en el
mundo inteligencia capaz de asumir esta declaración como base para un
raciocinio discursivo sin coincidir en que cualquier sistema que se base en
semejante declaración es un raciocinio apto sólo para dementes. Como juego de
imaginación, o ejercicio dialéctico inclusive, una premisa irracional del tipo
escrito no presenta mayores síntomas; es jugar a hacer el loco sin estarlo. El
problema empezaría cuando uno de los jugadores perdiera el juicio y quisiera
establecer sobre su autoridad, la que tuviere, el discurso de la locura
procedente como dogma de fe, por ejemplo, imponiendo la regla de lo que fue un
juego en tanto que ley de cordura, y esta ley como principio teológico.
En el tema del Filoque
tenemos este salto de una declaración que enuncia un principio de locura, a
saber, que el Espíritu Santo procede del Padre, o del Padre y del Hijo, a la
naturaleza de dogma teológico. Por supuesto, para afirmar esto debo mostrar
cuál es el principio de locura, semejante a la lluvia cae para arriba, en la
declaración de la Procedencia del Espíritu Santo, sea del Padre solo o del
Padre y del Hijo juntos. Así que entremos en el Misterio.
III
LaUnidad Perfecta del
Ser Divino
El Espíritu Santo es
Dios. Y el Padre es Dios. Luego el Padre es el Espíritu Santo. Y en
consecuencia afirmar que el Espíritu Santo “procede” del Padre es un
principio de locura.
El Hijo es Dios. El
Espíritu Santo es Dios. Luego el Espíritu Santo es el Hijo. De manera que
afirmar o negar la “procedencia” del Espíritu Santo del Hijo es un principio de
locura.
Lo que es no puede
“proceder” de lo que no es. Y lo que no es “no” puede llegar a ser. De aquí que
lo que es no pueda “proceder” de lo que no es. Y lo que no puede llegar a ser
no tenga procedencia.
Es decir, el Espíritu
Santo es Dios. Y Dios está en el Hijo, y Dios es el Padre. Y siendo Dios y el
Espíritu Santo el mismo Ser se comprende que el Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo son un solo Ser, Dios Verdadero.
No puede “proceder”,
en consecuencia, el Espíritu Santo sino de Dios. Y todo principio declarativo
que divida esta Unidad, separando al Padre del Hijo o aislando al Padre del
Hijo, o diseccionando el Padre y el Hijo del Espíritu Santo, es un
principio de locura, y todas las conclusiones a que pueda conducir un discurso
elaborado sobre este principio de locura únicamente puede conducir a la
rebelión contra el principio de Unidad Universal sobre el que Dios fundó las
Iglesias. Sobre cuyo efecto no es necesario presentar más pruebas que la que
existe.
Podemos permitirnos
una excusa justificativa diciendo que al hablar de “procedencia” los teólogos
quisieron decir “venir”, tal que se preguntaron si el Espíritu Santo viene del
Padre o sólo del Padre o del Hijo y sólo del Hijo o viene del Padre y del Hijo
juntos. La respuesta, sin embargo, es la misma. El Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo son un solo Ser Divino y Eterno, en quien están el Padre, el Hijo y el
Espíritu Santo. De manera que sea empleando la partícula “procedencia” o la de
“venir” el principio de locura permanece y únicamente cambia la forma de
expresarlo. Dios, en quien están el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, es el
Principio y el Fin de todas las cosas. Y todo lo que sea separar al Padre del
Hijo, o al Espíritu Santo del Padre y del Hijo, es un Error.
Se ve de aquí que
tanto quienes defienden que el Espíritu Santo “procede” solo del Padre, como
quienes defienden que “procede” del Padre y del Hijo, cometieron el Error de
quien quiere mostrar su habilidad dialéctica sobre una premisa absurda tipo “la
lluvia cae para arriba”.
Siendo Dios el Verbo,
porque está en Dios, y estando el Hijo en Dios, y siendo el Espíritu Santo:
Dios, ¿de qué podría proceder o dejar de proceder Dios?
Asumamos que se trata
de saber quién es antes: si el Espíritu Santo, si el Padre o si el Hijo. La
vuelta nos conduce al mismo destino. Dios es Increado y Eterno. Y el Espíritu
Santo es Dios, el Padre es Dios y el Hijo es Dios; luego no hay antes ni
después, ni procedencia ni precedencia.
III
La Fe y el Dogma
Obviamente esta Verdad
Inmutable y Eterna se basa en la Fe. Quien no quiera creer que el Espíritu
Santo es Dios, que el Padre es Dios y que el Hijo es Dios, no puede aceptar la
Imposibilidad Suprema de entrar en Dios para dividir su Ser y declarar que lo
que viene de Dios procede o del Padre, o del Hijo o del Espíritu Santo, o que
el Espíritu Santo procede del Padre solo, o solo del Hijo o del Padre y el Hijo
juntos. Esta Imposibilidad de entrar en el Ser Íntimo de Dios es el Límite de
la Inteligencia Natural de la Creación. Toda Teología, y por efecto todo
teólogo, que rompe este Límite se declara en rebelión contra el Espíritu de
Dios, que no conoce división entre sus Personas y se declara UN solo Dios
Verdadero.
Por correspondencia
quien no asume esta UNIDAD Perfecta e Indivisible en Dios, no es cristiano.
Puede tener una corona o puede tener tres coronas sobre su cabeza. Quien asume
una división en Dios, afirmando que lo que de Dios viene "procede" no
de Dios en su Unidad Perfecta si no de una Persona Divina concreta, tal que el
Padre o el Hijo o el Espíritu Santo, ése no es Cristiano, es decir, no es hijo
ni siervo de Dios, y su señor no es Dios sino el Diablo.
NO escribo esto como
sentencia, sino como definición del Error, a fin de que todo cristiano, sea
sacerdote u obispo, clérigo o laico, borre de su boca y de su pecho semejante
tipo de teología por la que Dios es comparado a una bestia muerta sujeta al
bisturí del teólogo.
Ya digo, toda
sentencia contra natura puede ser usada como ejercicio dialéctico. "El
fuego no quema", por ejemplo. Pero asumir como Teología un discurso
dialéctico establecido sobre una sentencia por su definición un principio de
locura, conduce a quienes entran en el juego al campo donde Caín mató a Abel.
El fuego, ciertamente no quema... excepto a quien mete la mano en el fuego.
El hecho mismo de
poner sobre la mesa "la procedencia del Espíritu Santo", siendo el
Espíritu Santo: Dios, es un principio de locura. La teología de la Procedencia,
en consecuencia, es el Discurso del Error elevado al dogma teológico de la Infalibilidad,
que en la iglesia romana es público y en la oriental se vive en privado. ¿O es
que hay alguien sobre la faz de la Tierra que se atreva a corregir al Patriarca
de Moscú sin exponerse al fuego del Infierno?
La prueba manifiesta
del Error de base en la Teología de la Procedencia es el fratricidio a que
condujo a quienes, en lugar de establecer el Límite en la UNIDAD perfecta e
Indivisible del Ser Divino, se creyeron más allá de la Ley y se permitieron
erigir un monumento a su Infalibilidad sobre la Desobediencia al Mandato de
Unidad Universal por Dios escrito en el frontispicio del Templo de su Hijo. El
resultado lo llamaron el Cisma de Oriente.
IV
Teología y Política
El salto de la simple
tentación al discurso del Error, que finalmente hizo del dogma la mandíbula de
asno con la que Caín mató a Abel, creando entre las Iglesias una división
fratricida que atenta directamente contra el Mandato de Unidad Universal
establecido por Dios desde el Principio, diciendo: “Todo reino en sí dividido
será destruido, y toda ciudad o casa en sí dividida no subsistirá”, siendo las
Iglesias la Casa y la Ciudad de Dios entre los hombres, aquél salto se produjo
durante un tiempo de disputa entre las metrópolis obispales imperiales por la
Primacía Católica, es decir, Universal.
Roma, Bizancio,
Alejandría, Jerusalén y Antioquía reprodujeron en sus cuerpos el caso de los
discípulos de Jesús que se ensarzaron en pelea por ver quién se sentaba a su
lado en el Reino de Dios. Mientras el Imperio estuvo en Roma la Primacía le
correspondió a la iglesia del emperador. Más tarde, Alejandría, Jerusalén y
Antioquía absorvidas por el imperio mahometano, la pelea quedó a dos bandas.
Pero la Caída de Roma y el traspaso del Imperio a Bizancio puso al emperador de
parte de la Iglesia Oriental, frente a la cual la iglesia occidental se mantuvo
firme y se negó a concederle el primado a la iglesia ortodoxa, el emperador así
lo exigía, máxime estando sujeto Occidente a las Invasiones por el Norte y por
el Sur.
Es, pues, como
afirmación de la Restauración del Imperio de Occidente, que Carlo Magno utiliza
la Teología de la Procedencia como mandíbula de asno contra el Imperio de
Oriente, rompiendo entre Oriente y Occidente el Vínculo de la Fe a fin de
establecer su Autoridad sobre las naciones cristianas de Occidente. Y la
Iglesia romana, apoyada ahora en su propio emperador, utilizó a Carlo Magno
como brazo ejecutor de su primacía universal sobre todas las iglesias. Y esto
sin detenerse a pensar en que al utilizar semejante arma, el Filoque, ponía
como causa de división el discurso de un error, la Teología de la Procedencia
del Espíritu Santo, entre las iglesias de occidente y oriente. Pues sea, como
se ha expuesto arriba, que se declare la “procedencia” del Espíritu Santo del
Padre solo o del Padre y del Hijo, lo uno como lo otro procede de una extensión
del principio de demencia que es dividir en Dios a Padre, Hijo y Espíritu
Santo.
No hay división en
Dios, en quien están el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. No hay procedencia
del Espíritu Santo, a la manera entendida por el Filoque, por en cuanto Padre e
Hijo y Espíritu Santo son un mismo Ser, un mismo Dios Eterno e Increado.
Diseccionar el Ser de este Dios es un acto de locura. Cuya expresión es el
Filoque, tanto en su forma dogmática oriental como en su forma occidental.
No hay procesión a
través, ni en, ni desde, ni para. El Ser de Dios no conoce división entre
Padre, Hijo y Espíritu Santo. Quien recibe a Dios recibe Padre, Hijo y Espíritu
Santo, de aquí que Jesús ordenare bautizar en el Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo, y no en el Padre solamente, o en el Padre y el Hijo, sino en el Nombre
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Carlo Magno y el Papa
utilizaron la Cuestión del Filoque a la manera que Caín agarró un arma para con
ella amenazar a Abel y de no someterse, matarlo. En este caso la muerte es la
excomunión.
V
El Juicio de Dios
Pero de lo dicho se
entiende que una sentencia basada en un principio asentado sobre el discurso de
un error no tiene ninguna validez delante del tribunal de Dios, porque está
estableciendo un error como dogma de fe y hace de este error el fundamento de
su juicio. Habiendo Dios dado a sus siervos los obispos el Poder de juzgar aquí
en la Tierra a los enemigos de su Reino, dejando visto para Sentencia Final su
caso, este Poder no fue atorgado sin límites de modo que le sirviera a una
iglesia para levantar sobre su base una tiranía sobre las demás. Dios mismo se
levantó contra los pastores de Israel que utilizaron el sacerdocio para hacer
del Templo una escuela de ladrones y criminales, tal que sentenciando Dios a
los jueces sus juicios quedaron anulados por maldad del tribunal sobre el que
dejó el juicio del pueblo, tomando como libro la Ley. O de otro modo la
sentencia contra Cristo hubiese quedado validada delante del tribunal de Dios.
Algo que, como sabemos, no sólo no tuvo lugar sino que colmó el vaso y fue la
gota que sentenció a los jueces de Jesús.
Un juicio falso
establecido sobre un error no tiene, por tanto, ninguna validez delante del
tribunal de Dios. Sus sacerdotes reciben el Poder de atar y desatar, pero
siempre sobre la base de la legitimidad del juicio que deja visto para
sentencia final el caso.
Una sentencia de
excomunión de una iglesia sobre otra implica santidad perfecta de juicio y
justicia inmaculada fundada sobre una Verdad Incorruptible. Si el juez parte de
un error de base para extender su sentencia su juicio queda anulado por la
propia estructura del raciocinio que le llevara a dictarla.
Dios, gracias a Dios,
es incorruptible, no puede ser engañado, ni sobornado, ni acepta por válida una
sentencia fundada sobre un discurso cuyo origen es un error teológico
manifiesto. Lo que quiere decir, que las sentencias de excomunión con la que
firmaron su ruptura las iglesias de oriente y occidente jamás han tenido peso
alguno delante del tribunal de Dios respecto a las naciones cristianas. Los
cristianos, lo mismo ortodoxos que católicos, centrando la Historia en este
contencioso, fueron y siguen siendo Su pueblo, y El sigue siendo su Dios.
Que las iglesias se
levanten o no se levanten mutuamente las sentencias fratricidas, con origen en
el error, no le quita ni le añade nada a la Justicia de Dios, pues su tribunal
no está sometido a ningún Poder externo ni contratado al servicio de potencia alguna.
Si las han levantado como si no lo han hecho, el muro del error, la teología de
la procedencia del Espíritu Santo, o discurso del error, llamado Filoque,
mientras permanezca en pie será la verdadera causa por la que, siendo causa de
división entre las naciones cristianas, serán juzgadas ambas iglesias.
Concluyendo: Dios es
Uno: y en El están el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y todo lo que sea
añadir o quitarle a esta Declaración, procede del Mal.