I
La Infalibilidad y la
fuerza de la Fe
Maitines
La forja de este mundo
se ha realizado en la fragua al calor de cuyos fuegos nacieron las naciones
cristianas. Del suelo donde el árbol del cristianismo echó raíces y creció
hasta cubrir con sus ramas el planeta han procedido todas las ideologías existentes
actualmente en el mundo. De hecho, y aunque parezca un juicio frontal, que no
lo es, se debe reconocer que las fracturas internas por causas
intereclesiásticas estuvieron en los orígenes de las fuerzas que levantaron
entre las naciones europeas aquéllos muros divisorios creadores de la tragedia
del siglo XX.
Hemos podido observar
cómo a medida que la atomización del cristianismo se fue multiplicando hasta el
infinito la Civilización, alienada de su Moral y Etica -destrozada por
personalidades y grupos diversos- fue experimentado una decadencia cada vez más
acentuada, aprovechada por la alianza Dinero+Poder para dirigir la Historia
Social por la carretera de la involución.
Es decir, fuera del
Cristianismo no se ve ninguna fuerza biohistórica capaz de enfrentarse a la
destrucción de unos valores universales que buscan consumar su operación
suicida con total inconsciencia sobre la naturaleza del efecto final a provocar
por su aplicación a una Sociedad altamente evolucionada como la nuestra.
Consciente de esta verdad el Poder busca por todos los medios reducir la fuerza
social del cristianismo a su mínima expresión posible, ganando para sí manos
libres a la hora de hacer de la corrupción el modus vivendi natural a la clase
política.
Indudablemente un
cristianismo atomizado sería inoperante y se encontraría en el estado de aquél
hombre que no está vivo ni tampoco está muerto, sin poder hacer ni bien ni mal.
Pero... desde la lógica de la Historia únicamente un Cristianismo
Universalmente Unido podría hacerle frente a la carrera final autodestuctora
emprendida desde hace milenios por la Humanidad. Así que ¿es posible esta
Unidad? ¿Y bajo qué condiciones sería posible?
La
Unidad y los hijos de Dios
Cuando se toca el tema
del cristianismo siempre me ha maravillado lo fácil que es alienar la ideología
en favor del elemento religioso. Hasta cierto punto nos debiera parecer natural
que las Iglesias hayan querido reducir la ideología cristiana a su oficio,
relegando el cristianismo al sacerdocio. Independientemente de cualquier tipo
de discurso profético sobre la resurrección de un Ecumenismo crucificado por
los intereses materiales de los jefes de las distintas iglesias, y al margen de
la visión de futuro que esos jefes puedan tener, lo que no se puede admitir
nunca en un proceso revolucionario de unificación de todas los naciones
cristianas es que la Iglesia y el Estado vuelvan a ser uña y carne.
Gracias a Dios esta
victoria que durante siglos fue el látigo que el Poder dejó caer sobre nuestras
espaldas ha sido apuntalada en nuestras conciencias contra toda suerte de
terremotos. Avanzar dando un paso hacia adelante y otro atrás es una estrategia
política de corte dictatorial que nada tiene que ver con la mentalidad al calor
de cuyos hornos se han forjado las cimientos de nuestra conciencia. Contra
cualquier temor que pueda suscitar quien en la Unificación de las iglesias
pudiera ver una calamidad involucionista digamos que no sólo no estamos
dispuestos a dar un paso hacia atrás sino que estamos preparados para dar uno
hacia adelante, otro más, y no mirar jamás atrás. La separación Iglesia-Estado
es un hecho ireversible a ser seguido en este futuro próximo por la separación
Estado-Gobierno.
Pero este no es el
tema. Y sí lo es. Porque, aparte de la supervivencia del propio cristianismo
uno de los efectos de esa Unidad Uiversal tiene por objeto revolucionar la
Estructura del Futuro. Quiero decir, hacer por hacer sin buscar un efecto
trascendente al propio acontecimiento ni estudiar el terreno sobre el que se ha
de producir el movimiento es edificar sin visión de futuro. Un dios en etapa de
aburrimiento podría darle su venia a semejante pérdida de tiempo, pero yo no
creo que este sea el caso donde se deba buscar el fracaso del Ecumenismo
Internacional del Siglo XX. Seamos honestos con nosotros mismos y reconozcamos
que la derivación de las las conversaciones hacia el propio tejado por parte de
cada iglesia, fortaleciendo sus posiciones más que desnudando sus almas ante
Cristo, ese hombre de las vestiduras blancas ni muerto ni vivo arrojado al
suelo por sus propios siervos, fue el foco de cuya materia se alimentó el
fracaso de la Unidad Universal tras la que corriera el siglo XX. En fin, la
separación Iglesia-Estado ha sido una evolución del cristianismo tan trascendente
que sólo en pleno estado de locura me atrevería a plantear la posibilidad de
una regresión esquizoide tan perfecta. La pregunta podríamos plantearnosla de
otra forma: ¿por qué las iglesias no creen en la Unidad Universal del
Cristianismo? ¿No es acaso el Cristianismo una Ideología? ¿No fue la anulación
de la Ideología Cristiana por la Alianza Imperio-Iglesia la que impuso la
necesidad social de cubrir la naturaleza ideológica del ser humano mediante la
invención de una nueva ideología, llamásela como se la llamase, comunismo,
materialismo, capitalismo?
Dado pues el fracaso
de las iglesias para cerrar el Movimiento Ecuménico del siglo XX con algún
éxito ha sido rotundo, la perpetuación de esa acción sobre las mismas bases
frustrantes de la calle sin salida en la que se encuentra sería renunciar a la
condición de hijos de Dios que nos es natural por derecho histórico. Es más,
nuestra entrada en escena obliga a darle un giro a la pregunta inicial y
resolverla en esta nueva: ¿podremos los hijos de Dios hacer lo que no pudieron
sus siervos?
Espero haber dado con
la clave del estímulo que nos permita abrir la puerta del futuro y ver en el
horizonte una nueva realidad no condicionada por los poderes de este mundo, que
son quienes se oponen a cualquier movimiendo de unidad internacional que
propicie una ruptura con el modelo polìtico-económico-social que, contra la
Humanidad, defienden. Digamos que el Comunismo está muerto. El Socialismo tiene
la naturaleza corrupta del liberalismo burgués. El Capitalismo está en pleno
estado de transformación incierta. El Islam predica el regreso al desierto. El
Hinduísmo no cuenta. Como al principio al final, únicamente el Cristianismo
porta en su seno un Modelo de Civilización donde todos los derechos se cumplen en
uno: la naturaleza divina del Hombre. ¿No es lógico que la Unidad Universal
Cristiana les suponga un peligro de muerte a quienes adoran el modelo social
bajo cuyo imperio vivimos? ¿Será posible conseguir esta Unidad contra esos
intereses? Y lo que es más difícil ¿será posible contra el liderazgo
irrenunciable que la clase sacerdotal se otorga, dominando en lugar de servir?
La corruptibilidad de la Fe
Recuerdo Londres en
los últimos días de la Dama de Hierro. Leicester Square era el centro turístico
donde por las tardes comenzaba el show. Una de aquéllas tardes, justo al lado
de la estatua de Chaplin, un vaquero recién salido de la lavadora, botas
tejanas relucientes, su sombrero de vaca, equipo tejano al completo, comenzó a
pegar voces con una Biblia en la mano. El personal le siguió la corriente y el
loco fue la estrella del patio unos minutos. Yo estaba sentado contra la valla
con unos músicos callejeros. Al terminar el vaquero su opereta no pude evitar
levantarme y saludar a aquel monigote importado del Wild West. Quería saber de
qué iba la cosa. Entramos en tema y acabó confesándome su verdad. ¡Se estaba
montando su chiringuito, en plan pirámide!
-Me hago con unos
cuantos adictos, les saco el diezmo. Cada uno de ellos convencen a otros
cuantos, hacen lo mismo y yo cobro por cada uno de los nuevos un tanto por
ciento sobre el diez por ciento que se llevan mis elegidos. Con suerte -me
confesó- en breve vivo del cuento, tengo mi propia iglesia y no trabajo más en
la vida.
¡Mentalidad basura
yanki!-me dije yo, y lo dejé cogiendo aire para la segunda parte del show.
Unos años más tarde en
San Francisco, durante los días felices de Clinton, tuve la oportunidad de
contemplar este mismo fenómeno pero en la cuna de donde procediera aquel faraón
en busca de su imperio. Todas las tardes un gigante con voz de ogro aparecía en
las afueras del Metro de Union Square acompañando sus atronadores rebuznos con
símbolos que en el aire escribía su Biblia. ¡Otro faraón en busca de su
imperio!, me dije.
Otros ya han forjado
su imperio y desde sus templos gobiernan la inmensa fortuna extraída de las
minas de la ignorancia del hombre. ¿La Unificación del cristianismo como camino
hacia un imperio económico? ¿Fue el ecumenismo o existió tras las cortinas
ecuménicas del siglo XX el deseo de una ambición insaciable de transformación
de la fe en una mina inagotable de oro? ¿Fue la imposibilidad de llegar a un
acuerdo sobre la distribución de los beneficios de esa empresa el factor
decisivo de su fracaso? ¿UNIDAD universal del Cristianismo con objetivos
asesinos bajo la mesa? ¿Cuando el Papado hablaba de ecumenismo tuvo el ojo
puesto en la ampliación del Banco del Vaticano que la catolización de la
cristiandad le supondría a su negocio? ¿Fue esta forma de pensar sobre lo que el
papado es uno de los muros contra los que se estrelló el Ecumenismo del siglo
XX?
La Infalibilidad
El agujero negro hacia
el que se precipitó el movimiento ecuménico del siglo XX tiene un nombre:
Infalibilidad.
Dicen del agujero
negro que todo objeto y cuerpo, incluso la luz, una vez dentro de su radio está
condenado al infierno. Yo creo que ser hijos de Dios implica heredar la
indestructibilidad e invencibilidad de Aquel de quien se ha recibido el Ser.
Contando con esta herencia hay que ser muy cobarde para tenerle miedo a la ley
de la imposibilidad sabido que la Victoria sobre el Imposible es nuestro mayor
tesoro. Póngamos rumbo al núcleo del problema pues.
Una criatura nacida en
pecado, sujeta por el mundo, el demonio y la carne a las debilidades del error,
¿puede irse a la cama en pecado -quien diga que no peca es un mentiroso y la
mentira no tiene nada que ver con el espíritu santo- y levantarse en santidad
unas horas después de haber cerrado los ojos?
¿Benedicto XVI era
santo antes de ser elegido obispo de Roma o la elección santificó al cardenal
Ratzinger? ¿Es Dios quien tiene el Poder de la santificación o los electores
del cuerpo del Vaticano? ¿Podría operar contra Dios esa santificación por tanto?
¿O ese Poder de santificar es un acto sui géneris que sólo ocurre una vez
muerto el obispo romano? ¿Y si son los electores quienes tienen ese Poder por
qué renuncian a él una vez elegido el santo?
Adquirir por elección
el don sagrado de no errar significa heredar el poder de no ser engañado. El
que no yerra jamás tampoco puede engañar jamás, lo que es natural, ni ser
engañado. ¿Quiere decir esto que Benedicto XVI ni puede engañar, ni ser
engañado?
Esto y nada más que
esto es la Infalibilidad: El Poder que tiene Dios de no engañar, ni ser
engañado.
Acción y reacción
Contra el Neoateísmo
de la Ciencia Moderna, definido por Descartes al incluir en la Duda la
Veracidad Divina, la Iglesia Católica recuperó del baúl de los recuerdos uno de
los decretos más irracionales jamás publicados por un obispo romano, aquél que
decía que la iglesia católica no ha errado jamás ni puede errar.
Comprendamos que la
irracionalidad es de grado y la demencia a perpetuidad cuando un estado de
excepción acaba transformándose en acto terrorista mediante la declaración a
perennidad de sus razones. Pues las causas que en su día justificaron unas
medidas al día siguiente, subsanadas, se malignizan a sí mismas en la
perennidad de una necesidad vencida. Ahora bien, respecto al tema…únicamente a
Dios le corresponde juzgar los principios en su día básicos debido a la
urgencia emergente dictada por la necesidad. Así que ¿desde cuándo es Infalible
Benedicto XVI? ¿Desde que se reunieron unos compadres en Roma y le infundieron
por operación no humana la Naturaleza Omnisciente del Creador del Universo?
El Ser y el Ente
Es evidente que quien
está sujeto a error se lo debe a la condición natural no divina de su entidad.
El Ente es de por sí limitado en todas sus actividades naturales, y sólo la
sobrenaturaleza cristiana, es cierto, hace posible la ruptura de esos muros
naturales en razón de la participación extraordinaria de la Criatura en la
Naturaleza de su Creador.
La Participación
activa del Espíritu de Dios invita a la Vida en Evolución a levantar sus miras
hasta el punto donde el Ente se hace una sola cosa con el Ser. Sin embargo de
aquí a devenir ese Ser y apropiarse de sus Atributos, cual la Infalibilidad
Divina, es un error en sí mismo. Pues quien se proclama infalible pone ante
todo el mundo el error más grande concebible: la Igualdad entre la Criatura y
el Creador. Recordemos que Dios nos creó a su Imagen y Semejanza, no sus
Iguales. Quien se reconoce Infalible, ex cátedra o ad eternum, comete el error
de creerse Igual a Dios.
Si Benedicto XVI
reclama para sí la Infalibilidad debe empezar por salir de este error.
Salud y Amor
¡Que Dios nos dé de
ambas cosas en abundancia y el demonio no nos las quite! Cuánta razón tenemos
los pobres y los ignorantes. Y es que el reino de los cielos está en nosotros.
Es en nuestra ignorancia y pobreza donde esa sabiduría más grande y perfecta
que los sabios que se crea la ciencia y sus socios de aplastamiento del débil
por el club de los fuertes se manifiesta en su puerza más espléndida.
Sí, por inercia el
malo tiende a serlo más si no se le corrige, el fuerte a serlo aún más si no se
le doblega, y el déspota a levantar su látigo hasta el cielo para dejar caer el
infierno de su locura sobre el pueblo ignorante y pobre. ¡Cómo disculpar a las
iglesias de haber abandonado la causa del pueblo y preferir la compañía del
opresor a la del oprimido!
Ciertamente cuando
alguien en este planeta se proclama Infalible, aunque sea en ciertos lapsus de
trance, igualándose a Dios durante ese lapsus de locura, debemos buscar la
causa no en la Teologìa sino en la ciencia de los intereses materiales que
mediante ese subterfugio defienden quienes arrastran a la locura a ése que
siendo criatura se iguala a su Creador!
Por supuesto que esta
forma de abrirse el pecho y descubrir en el núcleo del castillo vivo que creara
Dios y le diera Nombre un grito que clama al Cielo reclamando del obispo romano
que ponga sus tres coronas a los pies de su Señor, para que se salve la iglesia
romana y el Papado no arrastre en su Caída a la Iglesia Católica, es un
discurso que debe sonar a anticristianismo en las orejas que escuchan el
oráculo de boca de ese club de seres divinos que, tras la Infalibilidad de su
Master, protegen la cadena de intereses materiales contra cuyo conjunto el
Látigo de Cristo pide hacer su Oficio.
Concluyendo, es verdad
que ante los ojos de Dios somos todos Ovejas y que, para guiarnos a través de
los pastos de los siglos y defendernos contra los lobos que se alimentan de la
carne y la sangre del pueblo, Dios le dio a su Rebaño Universal pastores. No es
declararse contra Dios levantar la voz para denunciar el pacto entre pastores y
lobos. No hacerlo sí es ser cómplice del delito.
Lo digo porque uno de
los muros contra los que el Brazo de Dios está dispuesto a hacer su trabajo
unificador es la ceguera de un pueblo católico que no quiere ver la naturaleza
de ese pacto en el origen de la ruina de las naciones del siglo XX. Ese Pacto
no cruzará la frontera del siglo XXI con el XXII.
En materia de Fe es a
Dios su Creador a quien debe remitirse todo hombre, sea siervo, hijo o pueblo
de Dios, y jamás a otro hombre, titúlese como se titule, sea obispo o simple
sacerdote. Yo también estuve en Roma durante el Bimilenario del Nacimiento y conozco
la Fuerza de la Fe. El caso es que la Fe renunció a la Fuerza en el Huerto de
los Olivos.
II
Argumento de
irreconciliabilidad entre las iglesias
Un fracaso tiene unas
causas. Pero para que exista un fracaso debe reconocerse que ha habido una
lucha. Y para no reconocer ese fracaso se debe seguir manteniendo en la ficción
el combate.
La estrategia de las
iglesias al alba de este nuevo milenio es seguir con sus declaraciones
ecuménicas de buena voluntad y a la vez seguir estancadas en la negación a dar
el paso decisivo hacia la Unidad sin condiciones por ninguna parte. Han hecho
fracasar el Movimiento Ecuménico del siglo XX y al mismo tiempo se proclaman
todos vencedores al culpar al otro de no haber depuesto sus actitudes.
El hecho es que tras
la cortina de las buenas intenciones están los intereses materiales que cada
iglesia defiende, conquistados tras milenios y siglos. Esa bolsa pesa. Y al
mismo tiempo es un peso maravilloso, tiene el peso del oro y del diamante, de
la plata y del mármol.
Desde la fuerza
implícita en la defensa de tales ganancias la irreconciliabilidad
intereclesiástica más allá de esta raya es el muro cuyo argumento ha originado
el fracaso del ecumenismo del siglo XX.
Esos mismos que
defienden sus riquezas en el nombre de Cristo aduciendo que sirven a Dios
poniendo esas riquezas a los pies del evangelio, ésos mismos no ignoran que la
Palabra de Dios es Dios, pero... no quieren ver lo que significa que el Verbo
es Dios.
Tienen ojos para leer
y leen la Escritura que dice: Todo reino en sí dividido será destruido y toda
casa y ciudad en sí dividida no subsistirá. Cuando terminan de leer dicen:
Palabra de Dios. Y después se matan entre ellos por ver quién es el campeón que
defiende con más rabia que el Verbo es Dios. Y ya está. Se hizo carne, pero ya
está. Nadie se creerá que el Hijo de Dios habla con palabras de Dios y su
palabra es Dios. Y siéndolo esa Palabra es Ley. Porque si así es y las iglesias
son la Casa de Dios en la Tierra y están divididas... por esa división están
conduciendo al cristianismo a su destrucción. A no ser que Dios sea un
mentiroso y por amor a su Casa decrete la abolición de la Identidad entre su
palabra y su Ser.
El ejemplo de aquella
gran iglesia bizantina que se acogió este argumento del Diablo y le costó su
destrucción está escrito. Dios da tiempo a salir del error, pero si el que
yerra se niega a abandonar su error entonces sobre su cabeza lo que dijo el
Hijo de Dios: Yo no juzgo a nadie, las palabras y las obras de cada cual juzgan
a cada uno. Así que ó bien las iglesias tienen razón y en la división está la
gracia, o bien el Hijo de Dios la tiene y la división genera la destrucción.
Las iglesias se dicen:
Pero lo que Dios ha engendrado no puede destruirlo el hombre. Y así es. También
el Diablo fue en sus origenes un hijo de Dios. Les falta entender que lo que
Dios creó Dios puede destruirlo.
El ejemplo de la Gran
Iglesia de Bizancio está ante los ojos de todos para que todas las iglesias se
espanten de la locura del argumento que profesan.
Obediencia a la Unidad
sin condiciones. Dios no admite rendiciones a cambio de...
Su Voluntad está sobre
la mesa y extiende sus primeros rayos sobre el Siglo. La irreconciliabilidad de
las iglesias no es un argumento, es el principio de la destrucción del
cristianismo.
III
El Temor y el Amor a
Dios
Desde la primera de
sus páginas la Biblia es un Tratado de Amor del Creador hacia su Creación.
"Y vio Dios ser bueno", estas palabras lo resumen mejor y con más
sabiduría que discurso alguno, escrito o no. Una vez escrito el Nuevo
Testamento la pasión todopoderosa en respuesta de la Creación a su Creador,
afirmando que Dios es Amor, levantó entre los sabios y los ignorantes un muro
irracional de desprecio entre la Criatura y su Creador sobre las ruinas del
muro de la enemistad que Cristo Jesús echara abajo. El Dios Creador pasó a ser
tratado como Alguien vengativo, cruel, déspota y cuasi maligno en su
omnipotencia y todopoder. La alabanza del Dios Amor, sin darse cuenta, le abrió
la puerta al desprecio del Dios Vengador anterior al Nacimiento. Con el tiempo
la fluctuación de la ignorancia hacia los extremos desembocó en la visión de
aquel Dios Terror típico de las sectas del protestantismo seudoprofético.
Actualmente y después del largo camino recorrido la imagen que la Criatura
tiene de su Creador, a pesar de todas las cosas, vuelve a ser la del Dios Amor.
¿Pero en qué medida el
Amor y el Temor se rechazan, se contradicen, se odian, se anulan? Porque la
Biblia está llena de verdadees eternas entre las que "el principio de la
Sabiduría es el temor a Dios" es la perla del tesoro. ¿Acaso el Amor no
deviene perfecto en el temor? Y viceversa, ¿no es el amor la perfección del
Temor? ¿El temor a la pérdida de aquello que se ama no es el principio de la
glorificación de ese amor? ¿Se puede amar de verdad sin la conciencia del temor
a la pérdida de lo que se ama? ¿No es por este temor que el amor se perfecciona
y alcanza su glorificación? Porque quien ama pero no teme en absoluto perder
aquello que ama ¿ama en verdad aquello la idea de cuya pérdida no le causa
ningun temor?
La respuesta de la
Creación a su Creador abre la boca de la criatura humana para declarar la
gloria de un amor perfecto que encuentra en el Temor la libertad de un hijo de
Dios, reflejo del Ser de Aquel por medio de cuya todopoderosa Palabra fue
creado el Hombre. Como sin más fuerza tienden al sol las plantas y sin hallar
resistencia en aquello hacia lo que tienden crecen todas bajo el mismo sol, la
criatura humana lleva dentro la Imagen de aquel que le diera vida y buscando
resucitar la cual el mismo que le diera luz bajó a la Muerte a rescatarla de
las garras del Infierno al que la arrojara la malignidad del que perdió el
temor a Dios.
Los triunfalistas de
la beatitud infusa y profusa, católicos, ortodoxos o protestantes, levantaron
un muro fatal entre el Amor y el Temor, dividiendo ambos, oponiendo al Dios a
quien se debe temer el Dios que se hace amar.
Cristo Jesús glorificó
el Amor en la perfección del Temor cuando fundó éste en la Gracia Inmaculada de
la Sabiduría Divina manifestada en la Cruz.
Moisés, sirviendo a su
Señor, fundó la fe en el Temor en razón de la incapacidad de la Humanidad de la
Edad del Bronce y del Hierro para entender que Dios es Amor. Desde el
conocimiento de esa incapacidad humana levantó Dios la Voz Profética de su
Siervo para anunciar el Nacimiento de Cristo, Aquel por el que la Revelación de
la verdadera Naturaleza Divina se completaría y en su Amor a Dios se haría
perfecta. Pero, en la Obediencia de Cristo el Amor y el Temor se fundieron en
un abrazo eterno cuyo fruto era y es la Glorificación del Espíritu Santo del
Señor de aquél Moisés mediante cuya mano El escribiera: "Sed santos,
porque yo soy santo".
El Temor solo, en
efecto, conduce al terror. Desde este terror se construye una teología del
miedo a un Ser Todopoderoso y Omnipotente que no sujeta su Brazo sino a su
propia Libertad indiscutida e invencible. El rechazo a esa teología del miedo
vino de la mano, curiosamente, de la Ciencia. En una medida simbólica muy
grande Descartes fue a la comunidad científica de origen protestante lo que
Moises a su pueblo.
El Amor solo, no menos
efectivamente, desemboca en una teología absolutista donde la única Ley es la
razón del que ama, quien en el supuesto Nombre del que es Amado tiene libertad
ilimitada para hacer su voluntad, independientemente de la naturaleza del
comportamiento activado, sea criminal, maligno o simplemente irracional el acto
ejecutado.
Tanto en un caso como
en el otro la Palabra del que es Amado da paso a la palabra del que ama,
anulándose de esta manera el Temor Verdadero y Perfecto, principio de la
Sabiduría, sin la cual nadie puede ser amado por Dios.
El ejemplo práctico de
esta verdad final lo tenemos en la Historia de la División de las iglesias,
donde la palabra del Amado, por ser amado deja de ser temida, pasando a
convertirse este "desprecio" en la piedra de escándalo contra cuya
esquina angular serán juzgados aquellos que teniendo delante de sus ojos la
Palabra de Dios actúan contra ella al juzgarse a sí mismos y condenarse entre
ellos.
"Todo reino en sí
dividido será destruido y toda casa o ciudad en sí dividida no
subsistirá", es palabra de Dios, y la Palabra es Dios. En consecuencia y
porque Dios no miente ni puede dejar de ser el que es: La División de las
iglesias ha de conducir al reino de Dios en la Tierra y a la Casa de Cristo en
la Humanidad a su destrucción y extinción. Ahora bien, si el Cristianismo no es
el Reino de Dios en la Tierra y las iglesias no son la Casa de Cristo en la
Humanidad, en este caso…
IV
La Indestructibilidad
de la Creación de Dios
En la Tercera Parte de
la Historia Divina he narrado la Formación del Dios que dijera: Yo soy Dios,
antes de mí no fue formado Dios alguno, ninguno habrá después de mí.(No soy muy
amigo de las citas pero ésta en concreto se halla en Isaías, capítulo 43,
versículo 10, párrafo segundo). Dos realidades y una verdad eterna establece
con esta declaración Dios. La primera que si su Naturaleza es Increada la
Formación a la que se refiere se centra en la Formación de la Personalidad del
que dijera: Yo soy el que soy. Podría ser de otra forma y darse la dirección de
su libertad hacia el punto que El quisiera, pero No se da porque su espíritu ha
sido Formado, porque su personaidad fue formada en la Eternidad y el Infinito
por la Sabiduría de la Fuerza Increadora en el Origen del Movimiento de la
Materia. Desde esta consciencia dice de sí mismo: Yo soy el que soy, y: Yo soy
santo.
Nosotros, la materia
viva y animada que existe desde la eternidad y se manifiesta en nuestro ser,
adoramos al que es Santo porque el Amor a la Vida es la Semilla que encontró en
la Naturaleza del Dios Increado tierra fértil donde cuajó, echó raíces, sacó
trocno, echó ramas y se hizo este Árbol nacido para ser indestructible en el
Jardín de la Creación de Dios.
Esto de un sitio. Del
otro, diciendo Dios: Después de mí no habrá otro, es el Padre quien abrazando a
su Hijo Unigénito jura ante toda su Creación y se jura a sí mismo que su Hijo
jamás pasará por aquel proceso de Formación. Si habeis leído la Historia Divina
estareis al corriente del porqué. ¿Qué padre quiere para su hijo vivir el
infierno que él tuvo que vivir?
Esto sentado entramos
en materia. ¿Crea Dios todas las cosas para permanecer eternamente? Por su
propia naturaleza las cosas no pueden permanecer eternamente en lo referente a
la individualidad espacio-temporal que cada cosa en particular representa.
Hablando en general decimos que el cosmos permanece pero esta galaxia o aquella
otra desaparece. Sin irnos tan alto decimos que el Género Humano sigue pero el
hombre pasa. Así que la cuestión no es perezosa a la vez que podemos enfocarla
desde este otro ángulo. A saber, ¿en qué aspecto supone la Creación una
revolución frente a la Increación de la que surgiera?
Si fuéramos filósofos
profesionales o teólogos a sueldo seguramente haríamos de este punto un hoyo en
la arena entre cuyos bordes ahogar el océano de nuestro sed de conocimiento.
Dios sabe que nuestra verdad es la suya y formada nuestra inteligencia a su
hechura cada palabra que sale de nuestra mente en la fragua de su Sabiduría ha
sido inmunizada contra cualquier atisbo de creencia en el todopoder e
infalibilidad del pensamiento humano. Así que ¿en qué aspecto ha ganado la
Realidad Universal fuerza y grandeza si no en que al haber devenido Dios una
sola cosa con la Sabiduría Increadora la Creación ha sido revestida de
Indestructibilidad?
Desde esta verdad
innegociable ¿es legítimo afirmar que pues siendo la Iglesia una realidad
Indestructible sus sacerdotes pueden entregarse sin miedo al crimen y al delito
porque el futuro del reino de Dios no se verá afectado por el comportamiento de
sus príncipes? ¿Es de un pueblo de sabios absolver a sus jefes religiosos de
todos sus delitos en base a que la Iglesia a la que sirven no puede ser
destruida de todas maneras? ¿En qué se diferencian los papas de los siglos
contra los que Lutero se rebeló y el propio Lutero que afirmara que todos los
pecados del cristiano los lava la sangre de Cristo? ¿Pero la iglesia bizantina
no fue fundada ciertamente por los Apóstoles y edificada por sus sucesores? ¿Y
qué le ha pasado, dónde se encuentra? Ah, pero si ha sido destruida, fue borada
de la faz de la Civilización, sus templos arrasados, convertidos en templos de
adoración para bárbaros. ¿Y esto acabando de decir que lo que Dios crea es
Indestructible? Seguramente nos hemos perdido en algún cambio de carreteras,
nos hemos saltado algún cartel y de repente no sabemos dónde estamos.
Primero decimos que lo
que Dios crea es Indestructible, y ahora nos encontramos en el cementerio en
ruinas de una iglesia que alzó su emperador contra el propio Cielo y retó al
propio Dios que la creara a destruir el imperio que para su rey y señor ella
levantara. ¿Lección? Muy clara. Sólo Dios sigue siendo Indestructible. Y las
demás cosas lo son en razón del Amor de Dios por ellas, jamás por su
naturaleza. En Dios todas las cosas lo son, fuera de Dios todo regresa al polvo
del que fuera tomada. En fin, es el propio Dios quien asentó esta verdad última
sobre la muerte de su hijo Adán. Cuando le dijo: Polvo eres al polvo volverás,
Dios estaba declarando ante todos los Vivientes la verdad universal y eterna
que rige en todos los puntos cardinales de los espacios infinitos. Donde hay
Dios hay vida eterna; donde no está Dios hay Muerte.
Podríamos
asegurarnos la vida eterna andando de rodillas, chupando suelo, muertos de
terror pensando en la fragilidad de nuestra suerte. Podríamos, pero no lo
hacemos porque Dios "fue formado" y, según su juramento: No lo será
su Hijo ni ningún Dios otro. Permanecemos de pie, y es más, corremos a sus
brazos porque el Espíritu Santo del Padre se nos reveló en el Hijo, se abrió de
par en par el pecho y nos abrió su Corazón para que viéramos que el Padre y el
Hijo son una sola cosa en el mismo Espíritu. El que teme al Padre no conoce al
Hijo; quien conoce al Hijo ama al Padre y ha hallado su vida en el Espíritu
Santo.
Resumiendo:
V
Doctrina Ecuménica del
Reino de Dios
1.-Dios ha constituido
a su Hijo Rey, Señor, Juez y Sumo Pontífice de todo su Reino.
La glorificación
universal del Hijo Unigénito de Dios ha procedido a la Duda sobre la Naturaleza
Divina de su Primogénito, contra cuya verdad una parte de los hijos de Dios se
alzara hasta el punto de declararle la guerra a Dios. La Refundación de Su
creación hizo necesaria su Reedificación tal que la Primogenitura de su Hijo
quedase establecida sobre su Unigenitura, por la eternidad. La visión de la
Unigenitura del Primogénito de los hijos de Dios se consumó en la Tierra.
Atrapada la Humanidad
en la ignorancia por la Caída de Adán, era imposible que hombre alguno pudiera
comprender qué le pasaba a Jesús de Nazaret, porqué el Cristo caminaba hacia la
Cruz en lugar de hacerlo hacia el Trono de David, trono universal, trono de
dominio y exaltación.
La visión de la
Encarnación, Misión y Resurrección del Hijo de Dios transfiguró de una vez y
para siempre jamás la estructura del Reino de Dios. Si hasta entonces hubo un
Rey de reyes y Señor de señores, desde entonces en adelante sólo habría y hay
un único Rey Universal y Señor sempiterno, Jesucristo, Dios Hijo Unigénito,
Primogénito entre todas las criaturas por el Amor de Dios hacia su Creación.
2.- El es el Sumo
Pontífice Universal del Reino de Dios.
Las iglesias son
tantas como Naciones tiene el Mundo, pero todas las iglesias del Reino de Dios,
las que son como las que serán, tendrán y tienen una Única Cabeza: Jesucristo,
Único Señor Sempiterno de todas las iglesias. Y nadie en el Cielo osa
proclamarse Cabeza de la Religión de su Mundo, quien lo hace se levanta en
rebelión contra la Creación y el Reino de Dios.
Dios ha querido hacer
de todos los pueblos una sola criatura, unida a El en su Unigénito, Cabeza de
esta Nueva Creación Suya que en el Amor de Dios por su Primogénito y de su
Unigénito por la Creación de su Padre: todos los pueblos del Paraíso han
encontrado la vida eterna y la gloria de la Libertad.
Cristianos de la
Tierra, dad gloria a Dios haciendo su Voluntad.
3.-El espíritu de
inteligencia le dice así a las Iglesias:
A la primogénita de su
Padre, la Esposa del Señor y Madre de su Descendencia entre los hombres:
Jesucristo es tu Cabeza Universal Sempiterna. Aquí en la Tierra y allí en el
Cielo El es tu Único Sumo Pontífice, sólo El es Infalible, no tienes más señor
que tu Esposo, el Señor Jesús. Quitarás de tu pecho el título “romana” en cuyo
nombre la gloria de Dios fue tirada al barro y convertida en objeto de
escándalo a los ojos de todas las naciones.
A la iglesia romana le
dice: Depondrás tu Infalibilidad a los pies del Concilio de los Obispos de la
Iglesia Católica, primogénita de su Padre entre las iglesias de la Tierra.
Reunidos en Concilio Universal los siervos del Señor Jesús: renunciarás a tu
rebelión contra la gloria de tu Señor y reconocerás tu ignorancia como
principio de tu declaración de Sumo Pontífice Universal de la Iglesia y Cabeza
Visible del Cuerpo de Cristo, erigiéndote así, contra tu cuerpo, en Señor de la
Creación de Dios.
A todas las iglesias
le dice: Cualquiera que corone hombre sobre el Pueblo de Jesucristo, Único Rey Universal
de la Creación, será desterrada del Reino de Dios y echada fuera para que la
pisen los hombres.