I
La Infalibilidad y la
fuerza de la Fe
Maitines
La forja de este mundo
se ha realizado en la fragua al calor de cuyos fuegos nacieron las naciones
cristianas. Del suelo donde el árbol del cristianismo echó raíces y creció
hasta cubrir con sus ramas el planeta han procedido todas las ideologías existentes
actualmente en el mundo. De hecho, y aunque parezca un juicio frontal, que no
lo es, se debe reconocer que las fracturas internas por causas
intereclesiásticas estuvieron en los orígenes de las fuerzas que levantaron
entre las naciones europeas aquéllos muros divisorios creadores de la tragedia
del siglo XX.
Hemos podido observar
cómo a medida que la atomización del cristianismo se fue multiplicando hasta el
infinito la Civilización, alienada de su Moral y Etica -destrozada por
personalidades y grupos diversos- fue experimentado una decadencia cada vez más
acentuada, aprovechada por la alianza Dinero+Poder para dirigir la Historia
Social por la carretera de la involución.
Es decir, fuera del
Cristianismo no se ve ninguna fuerza biohistórica capaz de enfrentarse a la
destrucción de unos valores universales que buscan consumar su operación
suicida con total inconsciencia sobre la naturaleza del efecto final a provocar
por su aplicación a una Sociedad altamente evolucionada como la nuestra.
Consciente de esta verdad el Poder busca por todos los medios reducir la fuerza
social del cristianismo a su mínima expresión posible, ganando para sí manos
libres a la hora de hacer de la corrupción el modus vivendi natural a la clase
política.
Indudablemente un
cristianismo atomizado sería inoperante y se encontraría en el estado de aquél
hombre que no está vivo ni tampoco está muerto, sin poder hacer ni bien ni mal.
Pero... desde la lógica de la Historia únicamente un Cristianismo
Universalmente Unido podría hacerle frente a la carrera final autodestuctora
emprendida desde hace milenios por la Humanidad. Así que ¿es posible esta
Unidad? ¿Y bajo qué condiciones sería posible?
La corruptibilidad de la Fe
Recuerdo Londres en
los últimos días de la Dama de Hierro. Leicester Square era el centro turístico
donde por las tardes comenzaba el show. Una de aquéllas tardes, justo al lado
de la estatua de Chaplin, un vaquero recién salido de la lavadora, botas
tejanas relucientes, su sombrero de vaca, equipo tejano al completo, comenzó a
pegar voces con una Biblia en la mano. El personal le siguió la corriente y el
loco fue la estrella del patio unos minutos. Yo estaba sentado contra la valla
con unos músicos callejeros. Al terminar el vaquero su opereta no pude evitar
levantarme y saludar a aquel monigote importado del Wild West. Quería saber de
qué iba la cosa. Entramos en tema y acabó confesándome su verdad. ¡Se estaba
montando su chiringuito, en plan pirámide!
-Me hago con unos
cuantos adictos, les saco el diezmo. Cada uno de ellos convencen a otros
cuantos, hacen lo mismo y yo cobro por cada uno de los nuevos un tanto por
ciento sobre el diez por ciento que se llevan mis elegidos. Con suerte -me
confesó- en breve vivo del cuento, tengo mi propia iglesia y no trabajo más en
la vida.
¡Mentalidad basura
yanki!-me dije yo, y lo dejé cogiendo aire para la segunda parte del show.
Unos años más tarde en
San Francisco, durante los días felices de Clinton, tuve la oportunidad de
contemplar este mismo fenómeno pero en la cuna de donde procediera aquel faraón
en busca de su imperio. Todas las tardes un gigante con voz de ogro aparecía en
las afueras del Metro de Union Square acompañando sus atronadores rebuznos con
símbolos que en el aire escribía su Biblia. ¡Otro faraón en busca de su
imperio!, me dije.
Otros ya han forjado
su imperio y desde sus templos gobiernan la inmensa fortuna extraída de las
minas de la ignorancia del hombre. ¿La Unificación del cristianismo como camino
hacia un imperio económico? ¿Fue el ecumenismo o existió tras las cortinas
ecuménicas del siglo XX el deseo de una ambición insaciable de transformación
de la fe en una mina inagotable de oro? ¿Fue la imposibilidad de llegar a un
acuerdo sobre la distribución de los beneficios de esa empresa el factor
decisivo de su fracaso? ¿UNIDAD universal del Cristianismo con objetivos
asesinos bajo la mesa? ¿Cuando el Papado hablaba de ecumenismo tuvo el ojo
puesto en la ampliación del Banco del Vaticano que la catolización de la
cristiandad le supondría a su negocio? ¿Fue esta forma de pensar sobre lo que el
papado es uno de los muros contra los que se estrelló el Ecumenismo del siglo
XX?
Acción y reacción
Contra el Neoateísmo
de la Ciencia Moderna, definido por Descartes al incluir en la Duda la
Veracidad Divina, la Iglesia Católica recuperó del baúl de los recuerdos uno de
los decretos más irracionales jamás publicados por un obispo romano, aquél que
decía que la iglesia católica no ha errado jamás ni puede errar.
Comprendamos que la
irracionalidad es de grado y la demencia a perpetuidad cuando un estado de
excepción acaba transformándose en acto terrorista mediante la declaración a
perennidad de sus razones. Pues las causas que en su día justificaron unas
medidas al día siguiente, subsanadas, se malignizan a sí mismas en la
perennidad de una necesidad vencida. Ahora bien, respecto al tema…únicamente a
Dios le corresponde juzgar los principios en su día básicos debido a la
urgencia emergente dictada por la necesidad. Así que ¿desde cuándo es Infalible
Benedicto XVI? ¿Desde que se reunieron unos compadres en Roma y le infundieron
por operación no humana la Naturaleza Omnisciente del Creador del Universo?
II
Argumento de
irreconciliabilidad entre las iglesias
Un fracaso tiene unas
causas. Pero para que exista un fracaso debe reconocerse que ha habido una
lucha. Y para no reconocer ese fracaso se debe seguir manteniendo en la ficción
el combate.
La estrategia de las
iglesias al alba de este nuevo milenio es seguir con sus declaraciones
ecuménicas de buena voluntad y a la vez seguir estancadas en la negación a dar
el paso decisivo hacia la Unidad sin condiciones por ninguna parte. Han hecho
fracasar el Movimiento Ecuménico del siglo XX y al mismo tiempo se proclaman
todos vencedores al culpar al otro de no haber depuesto sus actitudes.
El hecho es que tras
la cortina de las buenas intenciones están los intereses materiales que cada
iglesia defiende, conquistados tras milenios y siglos. Esa bolsa pesa. Y al
mismo tiempo es un peso maravilloso, tiene el peso del oro y del diamante, de
la plata y del mármol.
Desde la fuerza
implícita en la defensa de tales ganancias la irreconciliabilidad
intereclesiástica más allá de esta raya es el muro cuyo argumento ha originado
el fracaso del ecumenismo del siglo XX.
Esos mismos que
defienden sus riquezas en el nombre de Cristo aduciendo que sirven a Dios
poniendo esas riquezas a los pies del evangelio, ésos mismos no ignoran que la
Palabra de Dios es Dios, pero... no quieren ver lo que significa que el Verbo
es Dios.
Tienen ojos para leer
y leen la Escritura que dice: Todo reino en sí dividido será destruido y toda
casa y ciudad en sí dividida no subsistirá. Cuando terminan de leer dicen:
Palabra de Dios. Y después se matan entre ellos por ver quién es el campeón que
defiende con más rabia que el Verbo es Dios. Y ya está. Se hizo carne, pero ya
está. Nadie se creerá que el Hijo de Dios habla con palabras de Dios y su
palabra es Dios. Y siéndolo esa Palabra es Ley. Porque si así es y las iglesias
son la Casa de Dios en la Tierra y están divididas... por esa división están
conduciendo al cristianismo a su destrucción. A no ser que Dios sea un
mentiroso y por amor a su Casa decrete la abolición de la Identidad entre su
palabra y su Ser.
El ejemplo de aquella
gran iglesia bizantina que se acogió este argumento del Diablo y le costó su
destrucción está escrito. Dios da tiempo a salir del error, pero si el que
yerra se niega a abandonar su error entonces sobre su cabeza lo que dijo el
Hijo de Dios: Yo no juzgo a nadie, las palabras y las obras de cada cual juzgan
a cada uno. Así que ó bien las iglesias tienen razón y en la división está la
gracia, o bien el Hijo de Dios la tiene y la división genera la destrucción.
Las iglesias se dicen:
Pero lo que Dios ha engendrado no puede destruirlo el hombre. Y así es. También
el Diablo fue en sus origenes un hijo de Dios. Les falta entender que lo que
Dios creó Dios puede destruirlo.
El ejemplo de la Gran
Iglesia de Bizancio está ante los ojos de todos para que todas las iglesias se
espanten de la locura del argumento que profesan.
Obediencia a la Unidad
sin condiciones. Dios no admite rendiciones a cambio de...
Su Voluntad está sobre
la mesa y extiende sus primeros rayos sobre el Siglo. La irreconciliabilidad de
las iglesias no es un argumento, es el principio de la destrucción del
cristianismo.
III
El Temor y el Amor a
Dios
Desde la primera de
sus páginas la Biblia es un Tratado de Amor del Creador hacia su Creación.
"Y vio Dios ser bueno", estas palabras lo resumen mejor y con más
sabiduría que discurso alguno, escrito o no. Una vez escrito el Nuevo
Testamento la pasión todopoderosa en respuesta de la Creación a su Creador,
afirmando que Dios es Amor, levantó entre los sabios y los ignorantes un muro
irracional de desprecio entre la Criatura y su Creador sobre las ruinas del
muro de la enemistad que Cristo Jesús echara abajo. El Dios Creador pasó a ser
tratado como Alguien vengativo, cruel, déspota y cuasi maligno en su
omnipotencia y todopoder. La alabanza del Dios Amor, sin darse cuenta, le abrió
la puerta al desprecio del Dios Vengador anterior al Nacimiento. Con el tiempo
la fluctuación de la ignorancia hacia los extremos desembocó en la visión de
aquel Dios Terror típico de las sectas del protestantismo seudoprofético.
Actualmente y después del largo camino recorrido la imagen que la Criatura
tiene de su Creador, a pesar de todas las cosas, vuelve a ser la del Dios Amor.
¿Pero en qué medida el
Amor y el Temor se rechazan, se contradicen, se odian, se anulan? Porque la
Biblia está llena de verdadees eternas entre las que "el principio de la
Sabiduría es el temor a Dios" es la perla del tesoro. ¿Acaso el Amor no
deviene perfecto en el temor? Y viceversa, ¿no es el amor la perfección del
Temor? ¿El temor a la pérdida de aquello que se ama no es el principio de la
glorificación de ese amor? ¿Se puede amar de verdad sin la conciencia del temor
a la pérdida de lo que se ama? ¿No es por este temor que el amor se perfecciona
y alcanza su glorificación? Porque quien ama pero no teme en absoluto perder
aquello que ama ¿ama en verdad aquello la idea de cuya pérdida no le causa
ningun temor?
La respuesta de la
Creación a su Creador abre la boca de la criatura humana para declarar la
gloria de un amor perfecto que encuentra en el Temor la libertad de un hijo de
Dios, reflejo del Ser de Aquel por medio de cuya todopoderosa Palabra fue
creado el Hombre. Como sin más fuerza tienden al sol las plantas y sin hallar
resistencia en aquello hacia lo que tienden crecen todas bajo el mismo sol, la
criatura humana lleva dentro la Imagen de aquel que le diera vida y buscando
resucitar la cual el mismo que le diera luz bajó a la Muerte a rescatarla de
las garras del Infierno al que la arrojara la malignidad del que perdió el
temor a Dios.
Los triunfalistas de
la beatitud infusa y profusa, católicos, ortodoxos o protestantes, levantaron
un muro fatal entre el Amor y el Temor, dividiendo ambos, oponiendo al Dios a
quien se debe temer el Dios que se hace amar.
Cristo Jesús glorificó
el Amor en la perfección del Temor cuando fundó éste en la Gracia Inmaculada de
la Sabiduría Divina manifestada en la Cruz.
Moisés, sirviendo a su
Señor, fundó la fe en el Temor en razón de la incapacidad de la Humanidad de la
Edad del Bronce y del Hierro para entender que Dios es Amor. Desde el
conocimiento de esa incapacidad humana levantó Dios la Voz Profética de su
Siervo para anunciar el Nacimiento de Cristo, Aquel por el que la Revelación de
la verdadera Naturaleza Divina se completaría y en su Amor a Dios se haría
perfecta. Pero, en la Obediencia de Cristo el Amor y el Temor se fundieron en
un abrazo eterno cuyo fruto era y es la Glorificación del Espíritu Santo del
Señor de aquél Moisés mediante cuya mano El escribiera: "Sed santos,
porque yo soy santo".
El Temor solo, en
efecto, conduce al terror. Desde este terror se construye una teología del
miedo a un Ser Todopoderoso y Omnipotente que no sujeta su Brazo sino a su
propia Libertad indiscutida e invencible. El rechazo a esa teología del miedo
vino de la mano, curiosamente, de la Ciencia. En una medida simbólica muy
grande Descartes fue a la comunidad científica de origen protestante lo que
Moises a su pueblo.
El Amor solo, no menos
efectivamente, desemboca en una teología absolutista donde la única Ley es la
razón del que ama, quien en el supuesto Nombre del que es Amado tiene libertad
ilimitada para hacer su voluntad, independientemente de la naturaleza del
comportamiento activado, sea criminal, maligno o simplemente irracional el acto
ejecutado.
Tanto en un caso como
en el otro la Palabra del que es Amado da paso a la palabra del que ama,
anulándose de esta manera el Temor Verdadero y Perfecto, principio de la
Sabiduría, sin la cual nadie puede ser amado por Dios.
El ejemplo práctico de
esta verdad final lo tenemos en la Historia de la División de las iglesias,
donde la palabra del Amado, por ser amado deja de ser temida, pasando a
convertirse este "desprecio" en la piedra de escándalo contra cuya
esquina angular serán juzgados aquellos que teniendo delante de sus ojos la
Palabra de Dios actúan contra ella al juzgarse a sí mismos y condenarse entre
ellos.
"Todo reino en sí
dividido será destruido y toda casa o ciudad en sí dividida no
subsistirá", es palabra de Dios, y la Palabra es Dios. En consecuencia y
porque Dios no miente ni puede dejar de ser el que es: La División de las
iglesias ha de conducir al reino de Dios en la Tierra y a la Casa de Cristo en
la Humanidad a su destrucción y extinción. Ahora bien, si el Cristianismo no es
el Reino de Dios en la Tierra y las iglesias no son la Casa de Cristo en la
Humanidad, en este caso…
IV
La Indestructibilidad
de la Creación de Dios
En la Tercera Parte de
la Historia Divina he narrado la Formación del Dios que dijera: Yo soy Dios,
antes de mí no fue formado Dios alguno, ninguno habrá después de mí.(No soy muy
amigo de las citas pero ésta en concreto se halla en Isaías, capítulo 43,
versículo 10, párrafo segundo). Dos realidades y una verdad eterna establece
con esta declaración Dios. La primera que si su Naturaleza es Increada la
Formación a la que se refiere se centra en la Formación de la Personalidad del
que dijera: Yo soy el que soy. Podría ser de otra forma y darse la dirección de
su libertad hacia el punto que El quisiera, pero No se da porque su espíritu ha
sido Formado, porque su personaidad fue formada en la Eternidad y el Infinito
por la Sabiduría de la Fuerza Increadora en el Origen del Movimiento de la
Materia. Desde esta consciencia dice de sí mismo: Yo soy el que soy, y: Yo soy
santo.
Nosotros, la materia
viva y animada que existe desde la eternidad y se manifiesta en nuestro ser,
adoramos al que es Santo porque el Amor a la Vida es la Semilla que encontró en
la Naturaleza del Dios Increado tierra fértil donde cuajó, echó raíces, sacó
trocno, echó ramas y se hizo este Árbol nacido para ser indestructible en el
Jardín de la Creación de Dios.
Esto de un sitio. Del
otro, diciendo Dios: Después de mí no habrá otro, es el Padre quien abrazando a
su Hijo Unigénito jura ante toda su Creación y se jura a sí mismo que su Hijo
jamás pasará por aquel proceso de Formación. Si habeis leído la Historia Divina
estareis al corriente del porqué. ¿Qué padre quiere para su hijo vivir el
infierno que él tuvo que vivir?
Esto sentado entramos
en materia. ¿Crea Dios todas las cosas para permanecer eternamente? Por su
propia naturaleza las cosas no pueden permanecer eternamente en lo referente a
la individualidad espacio-temporal que cada cosa en particular representa.
Hablando en general decimos que el cosmos permanece pero esta galaxia o aquella
otra desaparece. Sin irnos tan alto decimos que el Género Humano sigue pero el
hombre pasa. Así que la cuestión no es perezosa a la vez que podemos enfocarla
desde este otro ángulo. A saber, ¿en qué aspecto supone la Creación una
revolución frente a la Increación de la que surgiera?
Si fuéramos filósofos
profesionales o teólogos a sueldo seguramente haríamos de este punto un hoyo en
la arena entre cuyos bordes ahogar el océano de nuestro sed de conocimiento.
Dios sabe que nuestra verdad es la suya y formada nuestra inteligencia a su
hechura cada palabra que sale de nuestra mente en la fragua de su Sabiduría ha
sido inmunizada contra cualquier atisbo de creencia en el todopoder e
infalibilidad del pensamiento humano. Así que ¿en qué aspecto ha ganado la
Realidad Universal fuerza y grandeza si no en que al haber devenido Dios una
sola cosa con la Sabiduría Increadora la Creación ha sido revestida de
Indestructibilidad?
Desde esta verdad
innegociable ¿es legítimo afirmar que pues siendo la Iglesia una realidad
Indestructible sus sacerdotes pueden entregarse sin miedo al crimen y al delito
porque el futuro del reino de Dios no se verá afectado por el comportamiento de
sus príncipes? ¿Es de un pueblo de sabios absolver a sus jefes religiosos de
todos sus delitos en base a que la Iglesia a la que sirven no puede ser
destruida de todas maneras? ¿En qué se diferencian los papas de los siglos
contra los que Lutero se rebeló y el propio Lutero que afirmara que todos los
pecados del cristiano los lava la sangre de Cristo? ¿Pero la iglesia bizantina
no fue fundada ciertamente por los Apóstoles y edificada por sus sucesores? ¿Y
qué le ha pasado, dónde se encuentra? Ah, pero si ha sido destruida, fue borada
de la faz de la Civilización, sus templos arrasados, convertidos en templos de
adoración para bárbaros. ¿Y esto acabando de decir que lo que Dios crea es
Indestructible? Seguramente nos hemos perdido en algún cambio de carreteras,
nos hemos saltado algún cartel y de repente no sabemos dónde estamos.
Primero decimos que lo
que Dios crea es Indestructible, y ahora nos encontramos en el cementerio en
ruinas de una iglesia que alzó su emperador contra el propio Cielo y retó al
propio Dios que la creara a destruir el imperio que para su rey y señor ella
levantara. ¿Lección? Muy clara. Sólo Dios sigue siendo Indestructible. Y las
demás cosas lo son en razón del Amor de Dios por ellas, jamás por su
naturaleza. En Dios todas las cosas lo son, fuera de Dios todo regresa al polvo
del que fuera tomada. En fin, es el propio Dios quien asentó esta verdad última
sobre la muerte de su hijo Adán. Cuando le dijo: Polvo eres al polvo volverás,
Dios estaba declarando ante todos los Vivientes la verdad universal y eterna
que rige en todos los puntos cardinales de los espacios infinitos. Donde hay
Dios hay vida eterna; donde no está Dios hay Muerte.
Podríamos
asegurarnos la vida eterna andando de rodillas, chupando suelo, muertos de
terror pensando en la fragilidad de nuestra suerte. Podríamos, pero no lo
hacemos porque Dios "fue formado" y, según su juramento: No lo será
su Hijo ni ningún Dios otro. Permanecemos de pie, y es más, corremos a sus
brazos porque el Espíritu Santo del Padre se nos reveló en el Hijo, se abrió de
par en par el pecho y nos abrió su Corazón para que viéramos que el Padre y el
Hijo son una sola cosa en el mismo Espíritu. El que teme al Padre no conoce al
Hijo; quien conoce al Hijo ama al Padre y ha hallado su vida en el Espíritu
Santo.