LA JHISTORIA
Nicolás V (1447-1455)
Nicolás V, de nombre de pila Tomás Parentucheli, nació el 1398 en Sarzana,
Italia. Su padre fue un médico. Estaba estudiando en Bolonia cuando un obispo
descubrió su talento y le dio la oportunidad de seguir sus estudios en
Alemania, Francia e Inglaterra. Su don de palabra y su inteligencia le ganaron
la fama en el Concilio de Florencia-Ferrara. Elevado al obispado por el papa
Condulmero fue elegido por su sucesor para tratar con Alemania la cuestión de
la desobediencia al Concilio de Constanza. Su éxito fue recompensado con el
cardenalato, desde donde saltó al trono pontificio vacante tras la muerte de su
padrino romano.
Perro sin más amo que su voluntad, desde el primer momento hizo de la
glorificación del obispado romano el norte de su política. Como su predecesor,
dirigió todas sus fuerzas a la anulación de la Doctrina del Concilio de
Constanza y la recuperación para Roma de su posición clásica de capital del
universo. Félix V, en efecto, dobló sus rodillas ante el nuevo rey de la ciudad
eterna. Federico III el Alemán renunció a la Confesión de Constanza. Y desde
todo el mundo los peregrinos acudieron como locos a Roma aprovechando el
Jubileo del 1450.
En la cúspide de su divina megalomanía y negándose a obedecer
el decreto de Dios sobre la abolición del imperio, el papa Parentucheli coronó
emperador a Federico III el Alemán. Era el 1452. En el 1453, a un año pasado de
la restauracion del imperio romano de occidente, el imperio romano de oriente
caía bajo los efectos del decreto contra el Imperio Romano que Dios pronunciara
al final del siglo primero de la primera era de Cristo.
Los cronistas de este
obispo, hereje él mismo y juez de herejes, dicen que la rebelión de sus
enemigos fraguó una conspiración catilina que, denunciada, fue atajada con los
poderes naturales de un césar romano. Sobre las causas de la impotente rebelión
y los efectos de la dulce venganza los cronistas a sueldo del papado no dicen
ni jota. Nosotros, acostumbrados a las glorias y miserias del Poder, creemos
que la creación de la roma vaticana a costa de las espaldas de los ciudadanos
de la república cristiana fue el caldo de cultivo donde el descontento se
transformó en virus. En cuanto a las muertes y torturas que el papa omnisciente
-como lo llamaron- firmó y ejecutó personalmente mejor ni calcular el número.
Podemos correr el riesgo de perder la cuenta y encontrarnos de repente en la
cuneta 666, carretera del Diablo.
Su divina santidad murió un 24 de Marzo del
1455 llevándose al Cielo las manos llenas de sangre, dejando en la Tierra el
nombre de Dios un poco más bajo delante de los gentiles y el rostro de Cristo
un poco más sucio.
Calisto III (1455-1458)
Calisto III, de nombre de pila Alfonso Borjia, nació en Játiva, Valencia, y
era por tanto español. Profesor de Derecho en Lérida fue contratado al servicio
del rey de Aragón para servirle como diplomático en el concilio de Basilea.
Posteriormente por sus servicios de reconciliación entre su rey Alfonso V de
Aragón y el papa Eugenio IV Condulmero recibió la púrpura cardenalicia. Desde
aquí saltó al trono de la república cristiana romana, donde se murió de rabia
por no poder suscitar el interés general por una cruzada de reconquista de
Constantinopla, la ciudad rebelde. Siguiendo la política del papado: “todo papa
que se precie de ser papa tiene que repartir los tesoros de la Iglesia entre
sus parientes”, el primer papa Borjia convirtió a sus sobrinos de la noche a la
mañana en cardenales. Entre ellos estaba el segundo y último de los papas
Borjias, el Alejandro VI del cual estamos siguiendo los pasos de su forja.
