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SEGUNDA
PARTE SEGUNDA
CARAVANA DE REPATRIADOS Y REFORMAS DE ESDRAS
Capítulo
9 |
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Aflicción
de Esdras por los matrimonios con mujeres extranjeras, y sus plegarias |
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1 |
Después
de todo esto se me acercaron los jefes, diciendo: “El pueblo de
Israel, los acerdotes y levitas no han estado apartados de
las gentes de esta tierra e imitan sus abominaciones, as de los
cananeos, jeteos, fereceos, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios
y amorreos; |
2 |
pues
han tomado de entre ellos mujeres para sí y para sus hijos, han
mezclado su raza santa con la de las gentes de esta tierra.
Los
jefes y magistrados han sido los primeros en cometer este pecado.” |
3 |
Al
oír esto rasgué mis vestiduras, mi manto, y me arranqué cabellos
de mi cabeza y de mi barba, y me senté,desolado. |
4 |
Juntáronse
conmigo todos los temerosos de las palabras del Dios de Israel por
la prevaricación de los hijos de la cautividad.
Yo estuve desolado hasta el sacrificio de la tarde; |
5 |
y
luego, al tiempo de la ofrenda de la tarde, me levanté de mi humillación
y, con mis vestidos y mi manto rasgados póstreme de rodillas y,
tendiendo a Yavé, mi Dios, mis manos, dije: |
| 6 |
¡Dios
mío! Estoy confuso y avergonzado, Dios mío, y no me atrevo a levantar
a ti mi rostro, porque nuestras iniquidades se han multiplicado
por encima de nuestra cabeza, y nuestros delitos suben hasta el
cielo. |
7 |
Desde
los días de nuestros padres hasta hoy hemos sido muy culpables;
y por nuestras iniquidades, nosotros, nuestros reyes y nuestros
sacerdotes hemos sido entregados a las manos de los reyes extranjeros,
a la espada, a la cautividad, al saqueo, a la vergüenza que cubre
nuestro rostro. |
8 |
“Con
todo, Yavé, nuestro Dios, acaba de hacer con nosotros misericordia,
dejándonos un resto de libertad y dándonos refugio en su lugar santo,
para hacer brillar nuestros ojos y darnos un poco de vida en nuestra
servidumbre; |
9 |
porque
esclavos somos pero, en medio de nuestra esclavitud, Dios no nos
ha abandonado. Nos
ha conciliado la benevolencia de los reyes de Persia conservándonos
la vida para que pudiéramos edificar la casa de nuestro Dios, levantando
sus ruinas y dándonos un refugio seguro en Judá y en Jerusalén. |
10 |
¿Qué
podemos, pues, decir después de todo esto, oh Dios nuestro? Pues
hemos abandonado tus mandamientos, |
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los
que nos prescribiste por medio de tus siervos los profetas, diciendo:
La tierra que vais a poseer es una tierra manchada por las abominaciones
de los pueblos de esas regiones, que del uno al otro cabo la han
llenado de sus inmundicias; |
| 12 |
no
deis vuestras hijas a sus hijos, ni toméis sus hijas para vuestros
hijos, ni os cuidéis nunca de su prosperidad ni de su bienestar,
y así vendréis a ser fuertes y comeréis lo mejor de los frutos de
la tierra, y la dejaréis a vuestros hijos en heredad para siempre. |
| 13 |
Después
de todo lo que nos ha sucedido por nuestras maldades y grandes pecados
que hemos cometido, porque tú, Dios nuestro, no nos has castigado
en proporción de nuestras iniquidades, |
| 14 |
¿vamos
a comenzar de nuevo a traspasar tus mandamientos, a emparentar con
esos pueblos abominables? ¿No se ensañaría contra nosotros tu cólera
hasta destruirnos del todo, sin dejar ni resto ni escape? |
| 15 |
Yavé,
Dios de Israel: Tú eres justo, pues que hemos quedado hoy un resto
de escapados. Henos
aquí ante ti como culpables, sin poder por eso permanecer en tu
presencia.” |

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