Politikom
Capítulo 16
 
Cántico de Judit
   
1
Y comenzó Judit este cántico de acción de gracias, y todo Israel a una respondía:
2
“Entonad a mi Dios con tímpanos, cantad a mi Señor con címbalos, entonadle un salmo nuevo, ensalzad e invocad su nombre,
3
porque el Señor es Dios que acaba con las guerras;
4
porque en su campamento, en medio del ejército, me libró del poder de mis perseguidores.
5
Vino Asur de las montañas del Norte, llegó con las miríadas de su ejército, cuya muchedumbre obstruía los valles y cuya caballería cubría los collados.
6
Pensó él que abrasaría mis términos, que daría mi juventud a la espada, que estrellaría contra el suelo mis niños de pecho, que daría en botín mis jóvenes, que repartiría mis doncellas.
7
El Señor omnipotente los aniquiló por mano de una mujer.
8
No cayó su caudillo a manos de jóvenes, ni le hicieron tajos los titanes, ni soberbios gigantes pusieron en él la mano; Judit, hija de Merarí, con la hermosura de su rostro lo paralizó.
9
Se despojó del hábito de su viudez, para exaltación de los que quedaban en Israel. Se ungió el rostro con perfumes,
10
prendió sus cabellos con la mitra, se puso la túnica de lino para seducirlo.
11
Sus sandalias arrebataron los ojos del asirio, y su belleza cautivó su alma, y el alfanje segó su garganta.
12
Se estremecieron los persas de su audacia, y los medos se pasmaron de su temeridad.
13
Dieron gritos de júbilo mis humildes, y exultaron mis débiles. Mas los asirios se estremecieron de espanto, alzaron el grito y se dieron a la fuga.
14
Hijos de madres jóvenes los atravesaron, y como a siervos huidos los hirieron; perecieron de las filas de su señor.
15
Cantaré al Señor un cántico nuevo.
16
Señor, grande eres tú y glorioso, admirable en poder, insuperable.
17
A ti te sirve la creación entera, porque tú dijiste, y todo fue hecho; enviaste tu aliento, y él lo vivificó, y no hay quien resista a tu voz.
18
Los montes se agitarán por las aguas en sus cimientos, las rocas se derretirán como cera ante tu rostro. A los que te temen te muestras propicio,
19
Porque es poco para ti el sacrificio de suave olor, y es nada toda la grasa para tus holocaustos. Sólo el que teme al Señor es siempre grande.
20
¡Ay de las naciones que se levanten contra mi pueblo! El Señor omnipotente los castigará en el día del juicio,
21
dando al fuego y a los gusanos sus carnes, y gemirán de dolor para siempre.”
22
Llegados a Jerusalén, adoraron a Dios; y luego que el pueblo se hubo purificado, ofrecieron sus holocaustos, sus votos y sus ofrendas.
23
Ofreció Judit todos los muebles de Holofernes, que el pueblo le había regalado, y el dosel que había cogido de la tienda, y lo dio en ofrenda al Señor.
24
El pueblo pasó tres meses alegre en Jerusalén ante el santuario, permaneciendo Judit con ellos.
25
Pasados aquellos días, se volvió cada uno a su heredad, y Judit partió para Betulia y moró en su posesión, y fue por toda su vida ilustre en toda la tierra.
26
Muchos la pretendieron; pero ningún varón la conoció en todos los días de su vida desde el día que murió Manasés, su marido, y se reunió con su pueblo.
27
Llegó a muy anciana en la casa de su marido,
28
alcanzando la edad de ciento cinco años. A la esclava le dio la libertad. Murió Judit en Betulia y fue sepultada en la gruta de Manasés, su mari-do.
29
La lloró la casa de Israel por espacio de siete días. Antes de morir repartió su hacienda con los más próximos parientes de su marido, Manasés, y con los más próximos de su misma familia.
30
En los días de Judit, y por mucho tiempo después de su muerte, no hubo nadie que infundiera temor a los hijos de Israel.

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