PROFETAS BARUC

SEGUNDA PARTE
TRIPLE EXHORTACION: A LA SABIDURIA, A LA PENITENCIA Y A LA ESPERANZA
3
9
Oye, Israel, los preceptos de vida, aplicad los oídos para aprender la prudencia.
10
¿Qué es esto, Israel? ¿Por qué estás en tierra enemiga, languideces en tierra extraña, te has contaminado con los muertos,
11
has sido contado con los que descienden al hades?
12
¡Has abandonado la fuente de la sabiduría!
13
¡Si hubieras caminado por la senda de Dios, habitarías en perpetua paz!
14
Aprende dónde está la prudencia, dónde la fortaleza, dónde la inteligencia, para que a la vez conozcas dónde está la longevidad, dónde la luz de los ojos y la paz.
15
¿Quién halló la morada de la sabiduría, quién encontró sus tesoros?
16
¿Dónde están los príncipes de las naciones y los domadores de las fieras de la tierra,
17
los que se divierten con las aves del cielo, los que amontonan la plata y el oro, en que confían los hombres, que no ponen fin a su adquisición?
18
¿Dónde están los que funden con fatiga la plata con operaciones casi impenetrables?
19
Han desaparecido, han bajado al hades, y otros surgieron en su lugar.
20
Los jóvenes que vieron la luz y habitaron sobre la tierra, tampoco conocieron el camino de la ciencia
21
ni dieron con sus senderos. Sus hijos no lograron adueñarse de ella, están muy alejados de sus caminos.
22
No supieron de ella en Canán, ni en Temán fue vista.
23
Ni los hijos de Agar, que buscan la inteligencia sobre la tierra; los mercaderes de Madián y de Temán, los fabulistas y los que se afanan por adquirir inteligencia, no conocieron el camino de la sabiduría ni dieron con sus sendas.
24
¡Oh Israel, cuán grande es la casa de Dios y cuán vasto su dominio!
25
Es muy grande, y no tiene término, alto e inmenso,
26
Allí nacieron los gigantes, los famosos desde la antigüedad, de alta estatura, diestros en la guerra.
27
Pero no eligió Dios a éstos ni les dio a conocer el camino de la sabiduría,
28
y así perecieron por falta de prudencia, perecieron por su necedad.
29
¿Quién subió al cielo y se apoderó de ella y la hizo descender de las nubes?
30
¿Quién atravesó los mares y la descubrió y la trajo con preferencia al oro más puro?
31
No hay quien conozca sus caminos ni quien tenga noticia de sus senderos.
32
Pero el que sabe todas las cosas, la conoce, y con su inteligencia la descubre. El que cimentó la tierra para siempre y la pobló de vivientes cuadrúpedos;
33
el que manda a la luz, que luego se pone en marcha; la llama, y ella le obedece temblando,
34
Los astros brillan en sus atalayas y se complacen.
35
Los llama y contestan: “Henos aquí.” Lucen alegremente en honor del que los hizo.
36
Este es nuestro Dios; ninguno otro cuenta a su lado para nada.
37
El conoce todos los caminos de la sabiduría, y se la comunicó a Jacob, su siervo, y a Israel, su amado.
38
Y después de esto se hizo ver en la tierra y conversó con los hombres.
 
 
5
1
Este es el libro de los mandamientos de Dios y la Ley perdurable para siempre. Los que la guardan alcanzarán la vida; los que la abandonan caerán en la muerte.
2
Vuélvete a ella, Jacob, y abrázala, camina al resplandor de su luz.
3
No des a otros tu gloria, ni tu dignidad a una nación extraña.
4
Somos bienaventurados, Israel, porque conocemos lo que a Dios place.
5
Cobra aliento, pueblo mío, monumento de Israel.
6
Fuisteis vendidos a las naciones, mas no para ruina. Porque habéis irritado a Dios, fuisteis entregados a los enemigos.
7
Habéis irritado al que os hizo, sacrificando a demonios, no a Dios,
8
Os olvidasteis de quien os engendró, el Dios eterno; trajisteis la tristeza sobre la que os crió, Jerusalén,
9
porque vio venir sobre vosotros la cólera de Dios, y dijo: Oíd, naciones vecinas de Sión, Dios ha echado sobre mí un gran duelo.
10
Vi el cautiverio de mis hijos y de mis hijas, que el Eterno trajo sobre ellos.
11
Con alegría los había criado, y los despedí con llanto y duelo,
12
Nadie se alegre de verme viuda y abandonada de muchos. Quedé en soledad por los pecados de mis hijos, porque se apartaron de la Ley de Dios
13
y no han conocido sus mandamientos, y no han andado por los caminos de Dios ni siguieron las sendas de la educación en su justicia.
14
Venid, pueblos vecinos de Sión, y acordaos del cautiverio de mis hijos y de mis hijas, que trajo sobre ellos el Eterno.
15
Pues hizo venir contra ellos una nación lejana, una nación insolente de lengua extraña, que no respetó al anciano ni se compadeció del niño,
16
y se llevó a los (hijos) amados de la viuda, dejándola desolada sin sus hijas.
17
¿Pues qué socorro podía yo daros?
18
Sea el que trajo este.infortunio sobre vosotros quien os libre del poder de vuestros enemigos.
19
Id, hijos míos, id, que yo me quedo sola, abandonada,
20
despojada de la túnica de la paz, vestida del saco de la plegaria. Siempre, mientras me dure la vida, estaré clamando al Eterno.
21
Y vosotros, hijos míos, valor; clamad también al Señor, y él os librará de la dominación de los enemigos.
22
Yo esperaré del Eterno vuestra redención; del Santo vendrá la alegría, por la misericordia del Eterno, nuestro Salvador, que vendrá sobre vosotros.
23
Con llanto y con duelo os despedí, mas con alegría y gozo eterno os devolverá a mí.
24
Pues como ahora vieron los pueblos vecinos de Sión vuestro cautiverio, así os verán pronto redimidos por Dios, con redención espléndida y gloriosa del Eterno.
25
Soportad, hijos míos, con paciencia la cólera que sobre vosotros viene de parte de Dios. El enemigo te ha perseguido, pero pronto verás su perdición, y pondrás tu pie sobre su cuello.
26
Fueron mis delicados (hijos) caminando por caminos ásperos, fueron arrastrados como rebaño robado por los enemigos.
27
Tened ánimo, hijos, y clamad a Dios, que ya se acordará de vosotros el que os hizo ir.
28
Pues como os inclinasteis a apartaros de Dios, así, convertidos, le buscaréis diez veces más,
29
pues el que traio sobre vosotros el castigo, os traerá, con la redención, la eterna alegría.
30
Ten ánimo, Jerusalén; el que te dio su nombre te consolará.
31
¡Desdichados los que te maltrataron y se alegraron de tu caída!
32
¡Desgraciadas las ciudades en que tus hijos estuvieron esclavizados, desdichada la que os tuvo cautivos!
33
Pues así como se alegró en tu ruina y se regocijó en tu caída, así habrá de entristecerse de su propia soledad.
34
Yo la privaré de la alegría de sus muchedumbres, y su orgullo se convertirá en duelo,
35
pues el Eterno mandará sobre ella el fuego por largos días, y por mucho tiempo será habitación de demonios.
36
Mira hacia el oriente, Jerusalén, y contempía la alegría que te viene de tu Dios.
37
Mira que llegan tus hijos, aquellos de quienes tuviste que despedirte. Llegan congregados desde el oriente y el occidente por la palabra del Santo, llenos de alegría por la gloria de Dios.
 
 
5
 
1
Despójate, Jerusalén, de tu saco de duelo y de aflicción, vístete para siempre los ornamentos de la gloria que te viene de Dios,
2
envuélvete en el manto de justicia que Dios te envía, ponte en la cabeza la mitra de la gloria del Eterno,
3
que Dios hará ver tu gloria a toda nación debajo del cielo.
4
Te llamará por siempre “Paz de justicia y gloria de piedad.”
5
Levántate, Jerusalén; sube a lo alto, mira hacia oriente y contempla a tus hijos, reunidos desde el ocaso del sol hasta su orto por la palabra del Santo, regocijados por haberse acordado Dios de ellos.
6
De ti partieron a pie, arrastrados por los enemigos; pero Dios te los devuelve traídos con honor, como en trono real.
7
Porque dispuso humillar todo monte alto y todo collado eterno para que caminase Israel con seguridad al esplendor de la gloria de Dios.
8
Los bosques y todo árbol aromático darán sombra a Israel por disposición divina.
9
Porque Dios mismo traerá a Israel lleno de alegría, con el resplandor de su gloria, con la misericordia y justicia que de El vienen.


 
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