ISAÍAS

 
SEXTA PARTE
 
ISRAEL, LIBERTADO POR EL SIERVO DE YAVÉ
49
 
1
Oídme, islas; atended, pueblos lejanos: Yavé me llamó desde el seno materno, desde las entrañas de mi madre me llamó por mi nombre.
2
Y puso mi boca como cortante espada, me ha guardado a la sombra de su mano, hizo de mí aguda saeta y me guardó en su aljaba.
3
El me ha dicho: Tú eres mi siervo, en ti seré glorificado.
4
Yo me dije: Por demás he trabajado, en vano y por nada consumí mis fuerzas; pero mi causa está en manos de Yavé, mi recompensa en mi Dios.
5
Y ahora dice Yavé, el que desde el seno materno me formó para siervo suyo, para devolverle a Jacob, para congregarle a Israel , pues soy honrado a los ojos de Yahvé, y mi Dios es mi fuerza.
6
Dijo: Ligera cosa es para mí que seas tú mi siervo, para restablecer las tribus de Jacob y reconducir a los salvados de Israel. Yo te he puesto para luz de las gentes, para llevar mi salvación hasta los confines de la tierra.
7

Así dice Yavé, el Redentor de Israel, su Santo, al menospreciado de alma, abominado de las gentes, al esclavizado por los soberanos: Reyes verán y se levantarán, príncipes se prosternarán a causa de Yavé, que es fiel; el Santo de Israel, que te ha elegido.

 
 
La Liberación de los exilados
 
8
Así habla Yavé: Al tiempo de la gracia te escucharé, el día de la salvación vendré en tu ayuda y te formaré y te pondré por alianza de mi pueblo, para restablecer al país, para repartir las heredades devastadas.
9
Para decir a los presos: Salid, y a los que moran en tinieblas: Venid a la luz. En todos los caminos serán apacentados y en todas las alturas peladas tendrán sus pastos.
10
No padecerán hambre ni sed, ni les afligirá el viento solano ni el sol, porque los guiará el que de ellos se ha compadecido, y los llevará a manantiales de agua.
11
Yo transformaré todos los montes en caminos, y se levantarán mis calzadas.
12
He aquí que vienen ellos de lejos, éstos del septentrión y del mar, aquéllos de la tierra de Sinim.
13
Exultad, cielos, y salta de gozo, tierra; que los montes prorrumpan en júbilo, porque ha consolado Yavé a su pueblo, ha tenido compasión de sus afligidos.
 
 
Restauración de Sión
 
14
Sión decía: Yavé me ha abandonado, y mi Señor se ha olvidado de mí. ¿Puede acaso una mujer olvidarse de su mamoncillo, no compadecerse del hijo de sus entrañas?
15
Aunque ellas se olvidaran, yo no te olvidaría.
16
He aquí que te tengo grabada sobre las palmas de las manos, y tus muros están siempre delante de mí.
17
Vienen aprisa tus reconstructores, y tus aseladores y destructores se van de ti.
18
Levanta en torno tus ojos y mira, todos se reunieron para venir a ti. Por mi vida, dice Yavé, que te revestirás de ellos como de ornamento, y te ceñirás de ellos como novia.
19
Porque tus ruinas y devastaciones y tu país asolado serán estrechos para los moradores, y se alejarán los que te devoraban.
20
Aún dirán a tus oídos los hijos de tu orfandad: El lugar es demasiado estrecho para mí, hazme sitio para que habite en ella.
21
Y tú dirás en tu corazón: ¿Quién me ha parido éstos? Yo no tenía hijos y era estéril. A éstos, ¿quién los ha criado? Yo había quedado sola; ¿de dónde vienen éstos?
22
Así habla el Señor, Yavé: He aquí que tenderé mi mano a las gentes y alzaré mi bandera a las naciones, y traerán en el seno a tus hijos, y en hombros a tus hijas.
23
Reyes serán tus ayos, y sus princesas tus nodrizas; postrados ante ti, rostro a tierra, lamerán el polvo de tus pies. Y sabrás que yo soy Yavé y que los que en mí confían no serán confundidos.
24
¿Se le quita al guerrero el botín? ¿Se le escapan al poderoso los cautivos?
25
Porque así habla Yavé: Si aun al guerrero se le quitaran los cautivos, si el botín del poderoso le fuera arrebatado, con tus adversarios lucharé y salvaré a tus hijos.
26

Y a tus opresores haré comer su propia carne, y se embriagarán de su sangre como de mosto, y reconocerá toda carne que yo soy Yavé, tu salvador y tu redentor, el Fuerte de Jacob.

   
 
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