ISAÍAS PRIMERA PARTE PRIMEROS VATICINIOS DE ISAÍAS CONTRA JUDÁ E ISRAEL

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Vocación de Isaías al ministerio profético
   
1
El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre su trono alto y sublime, y sus haldas henchían el templo.
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Había ante El serafines, que cada uno tenía seis alas: con dos se cubrían el rostro y con dos se cubrían los pies,
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y con las otras dos volaban, y los unos y los otros se gritaban y se respondían: Santo, Santo, Santo, Yavé de los ejércitos! Está la tierra llena de su gloria.
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A estas voces temblaron las puertas en sus quicios,
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y la casa se llenó de humo. Yo me dije: “¡Ay de mí, perdido soy, porque, siendo un hombre de impuros labios, que habita en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey, Yavé de los ejércitos!”
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Pero uno de los serafines voló hacia mí, teniendo en sus manos un carbón encendido, que con las tenazas tomó del altar,
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y, tocando con él mi boca, dijo: “Mira, esto ha tocado tus labios; tu culpa ha sido quitada, y borrado tu pecado.”
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Y oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré y quién irá de nuestra parte? Y yo le dije: Heme aquí, envíame a mí.
9
Y El me dijo: Ve y di a ese pueblo: Oíd, y no entendáis;
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ved, y no conozcáis. Endurece el corazón de ese pueblo, tapa sus oídos, cierra sus ojos. Que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni entienda su corazón, y no sea curado de nuevo.
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Y yo le dije: ¿Hasta cuándo, Señor? y respondió: Hasta que las ciudades queden asoladas, sin habitantes, y las casas sin moradores, y la tierra de labor hecha un desierto.
12

Hasta que Yavé arroje lejos a los hombres y sea grande la desolación en la tierra.

13
Si quedare un décimo, será también para el fuego, como la encina o el terebinto, cuyo tronco se abate.

 

 
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