Salmos

Libro Cuarto.101-106

 
101
 
Normas de vida de un príncipe bueno
  Salmo de David. 
1
Quiero cantar tu piedad y justicia; a ti, ¡oh Yavé!, voy a entonar salmos.
2
Quiero entender el camino de los íntegros. ¿Cuándo vendrás a mí? Andaré yo en integridad de corazón en mi casa.
3
No pondré ante mis ojos cosa vil; aborrezco el proceder de los apóstatas, no se me pegará.
4
Lejos de mí estará el corazón perverso; no conozco al malvado.
5
Reduciré al silencio al que en secreto detrae a su prójimo; no toleraré al de altivos ojos y corazón soberbio.
6
Pondré mis ojos en los fieles de la tierra para hacerlos morar conmigo. Los que andan por el camino de la rectitud serán mis ministros.
7
No habitará en mi casa el que comete fraude; el que habla mentirosamente no permanecerá ante mí.
8
De mañana haré perecer a todos los impíos de la tierra, y exterminaré de la ciudad de Yavé a todos los obradores de iniquidad.
   
 
102
 
Plegaria de un afligido que desfallece y se lamenta
  Plegaria de un afligido que desfallece y se lamenta ante Yavé.
1
Escucha, ¡oh Yavé!, mi oración y llegue a ti mi clamor.
2
No escondas de mí tu rostro en el día de mi angustia;
3
inclina tus oídos a mí: cuando te invoco, apresúrate a oírme.
4
Pues se desvanecen como humo mis días y se tuestan mis huesos como en horno.
5
Marchitado como hierba se deseca mi corazón, pues me olvido de comer mi pan.
6
Por la voz de mi gemido se pegan mis huesos a la piel.
7
Me asemejo al pelícano del desierto; soy como búho entre las ruinas.
8
Me desvelo y sollozo como pájaro solitario sobre el tejado.
9
Todo el día se burlan de mí mis enemigos, se enfurecen contra mí y me execran.
10
Como el pan como si fuera ceniza, y mi bebida se mezcla con lágrimas.
11
Por tu indignación y tu ira, porque me cogiste y me lanzaste,
12
mis días son como sombra que se inclina, y me seco como hierba.
13
Pero tú, Yavé, te sientas en tu trono por siempre, y tu memoria permanece por generaciones y generaciones.
14
Tú te alzarás y tendrás misericordia de Sión, porque tiempo es ya de que le seas propicio, pues ha llegado el plazo.
15
Porque aman tus siervos sus piedras y se compadecen de sus ruinas.
16
Entonces temerán las gentes el nombre de Yavé, y todos los reyes de la tierra tu gloria,
17
Cuando reedifique Yahvé a Sión, cuando aparezca en su gloria
18
y, volviéndose a la oración de los despojados, no desprecie su plegaria,
19
esto se escribirá para la generación posterior, y un pueblo nuevo alabará a Yavé.
20
Pues se ha inclinado desde su excelsa santa morada, mirando Yavé desde los cielos a la tierra
21
para escuchar el gemido de los cautivos y librar a los destinados a la muerte,
22
para que sea anunciado en Sión el nombre de Yavé y sus alabanzas en Jerusalén,
23
cuando se congreguen juntos los pueblos y los reinos para servir a Yavé.
24
En el camino quebrantó mis fuerzas y abrevió mis días.
25
Yo digo: “Dios mío, no me lleves en la mitad de mis días, tú cuyos años son generaciones y generaciones.
26
En tiempos antiguos fundaste la tierra, y obra de tus manos son los cielos;
27
pero éstos perecerán y tú permanecerás, mientras todos se gastan como un vestido. Los mudas como un vestido, y se cambian.
28
Pero tú siempre eres el mismo, y tus años no tienen fin.
29
Habitarán los hijos de tus siervos allí y permanecerá ante ti su posteridad".
   
 
103
 
Alabanza de la providencia de Dios
  De David. 
1
¡Bendice, alma mía, a Yavé, y bendiga todo mi ser su santo nombre!
2
¡Bendice, alma mía, a Yavé y no olvides ninguno de sus favores!
3
El perdona todas tus faltas y sana todas tus dolencias;
4
El rescata tu vida del sepulcro y te corona de piedad y de misericordia;
5
El sacia de bienes tus deseos, renueva tu juventud como la del águila.
6
Hace Yavé justicia, y juicio a todos los oprimidos.
7
Dio a conocer a Moisés sus caminos, y sus proezas a los hijos de Israel.
8
Es Yahvé misericordioso y benigno, tardo a la ira y muy benevolente.
9
No está siempre acusando ni guarda rencor eternamente.
10
No nos trata a la medida de nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras iniquidades.
11
Sino que cuanto sobre la tierra se alzan los cielos, tanto prevalece su piedad sobre los que le temen;
12
cuan lejos está el oriente del occidente, tanto aleja de nosotros nuestras culpas;
13
cuan benigno es un padre para sus hijos, tan compasivo es Dios para con los que le temen;
14
pues El conoce de qué hemos sido hechos, se acuerda de que no somos más que polvo.
15
Los días del hombre son como la hierba; como flor del campo así florece,
16
pero sopla sobre ella el viento, y ya no es más; ni se sabe siquiera su lugar.
17
Pero la piedad de Yavé es eterna para los que le temen, y su justicia para los hijos de los hijos,
18
para los que guardan su alianza y recuerdan sus mandamientos para ponerlos por obra.
19
Ha establecido Yavé en los cielos su trono, y su reino domina todo (el universo).
20
Bendecid a Yavé vosotros sus ángeles, que sois poderosos y cumplís sus órdenes, prontos a la voz de su palabra.
21
Bendecid a Yavé vosotros todas sus milicias, que le servís haciendo su voluntad.
22
Bendecid a Yavé todas sus obras en cualquier lugar de su imperio. ¡Bendice, alma mía, a Yavé!
   
 
104
 
Gloria de Dios en la Creación
   
1
¡Bendice, alma mía, a Yavé! ¡Yavé, Dios mío!, tú eres grande; estás revestido de majestad y esplendor.
2
Envuelto de luz como de un manto, despliegas los cielos como una tienda;
3
edificas sobre las aguas tus moradas superiores. Haces de las nubes tu carro, avanzando sobre las alas del viento.
4
Tienes por mensajeros a los vientos, y por ministros llamas de fuego.
5
Has establecido la tierra sobre sus bases, para que nunca después vacilara.
6
La cubriste del océano abismal como de un vestido, y las aguas se detuvieron sobre los montes.
7
A tu amenaza huyeron, al fragor de tu trueno huyeron asustados,
8
y se alzaron los montes y se abajaron los valles hasta el lugar que les habías señalado.
9
Pusísteles un límite, que no traspasarán, no volverán a cubrir la tierra.
10
Tú haces brotar en los valles los manantiales, que corren luego entre los montes.
11
Ellos abrevan a todos los animales del campo y en ellos matan su sed los onagros.
12
Junto a ellos se posan las aves del cielo, que cantan en la fronda.
13
De tus altas moradas riegas los montes, y del fruto de tus obras se sacia la tierra.
14
Hace nacer la hierba para las bestias, y las plantas para el servicio del hombre, para sacar de la tierra el pan;
15
y el vino, que alegra el corazón del hombre, y el aceite, que hace lucir sus rostros, y el pan, que sustenta el corazón del hombre.
16
Se sacian los árboles de Yavé, los cedros del Líbano que plantó,
17
en los cuales anidan los pájaros, y los cipreses, domicilio de las cigüeñas;
18
los altos montes para las gamuzas, los riscos para madriguera del damán.
19
Tú has hecho la luna para medir los tiempos; el sol conoce (la hora de) su ocaso.
20
Tú extiendes las tinieblas, y es de noche, y en ella corretean todas las bestias del bosque.
21
Rugen los leoncillos por la presa, pidiendo a Dios así su alimento.
22
Sale el sol, y se retiran y se acurrucan en sus cuevas.
23
Sale el hombre a sus labores, a sus haciendas hasta la tarde.
24
¡Cuántas son tus obras, oh Yavé! ¡Todas las hiciste con sabiduría! Está llena la tierra de tu riqueza:
25
éste es el mar, grande, inmenso; allí reptiles sin número, animales pequeños y grandes.
26
Allí las naves se pasean, y ese Leviatán que hiciste para ti.
27
Todos ellos esperan de ti que les des alimento a su tiempo.
28
Tú se lo das y ellos lo toman; abres tu mano, y se sacian de bien.
29
Si tú escondes tu rostro, se conturban; si les quitas el espíritu, expiran y vuelven al polvo.
30
Si mandas tu espíritu, se recrían, y así renuevas la faz de la tierra.
31
Sea eterna la gloria de Yavé y gócese Yahé en sus obras.
32
Mira la tierra, y tiembla; toca los montes, y humean.
33
Yo cantaré a Yavé mientras viva; entonaré salmos a mi Dios mientras subsista.
34
Séale grato mi hablar, y yo me gozaré en Yavé.
35
¡Desaparezcan de la tierra los pecadores y dejen de ser los impíos! Bendice, alma mía, a Yavé. Aleluya. 
   
 
105
 
Fidelidad de Dios a la Alianza
   
1
Alabad a Yavé, invocad su nombre, dad a conocer entre los pueblos sus proezas.
2
Cantadle y entonadle salmos, referid todas sus maravillas,
3
Gloriaos en su santo nombre, alégrese el corazón de los que buscan a Yavé.
4
Buscad a Yavé y su poder, buscad siempre su rostro.
5
Recordad las maravillas que ha obrado, sus prodigios y las sentencias de su boca.
6
Vosotros, descendencia de Abraham, su siervo; hijos de Jacob, su elegido.
7
El es Yavé, nuestro Dios, y sus juicios (prevalecen) en toda la tierra.
8
Se acordó siempre de su alianza y de la promesa decretada por mil generaciones;
9
el pacto hecho con Abraham, y su juramento a Isaac;
10
y confirmó a Jacob como ley firme, y a Israel como alianza eterna
11
diciendo: “Yo te daré la tierra de Canaán como lote de vuestra heredad.”
12
Aunque eran pocos en número, casi como nada, y extranjeros en ella,
13
pasaron de una a otra nación y de un reino a otro pueblo.
14
No dejó que nadie los oprimiera, y castigó por ellos a reyes:
15
“No toquéis a mis ungidos, no hagáis mal a mis profetas.”
16
Llamó al hambre sobre aquella tierra, hizo que faltara todo mantenimiento,
17
y mandó delante de ellos a un varón, a José, vendido como esclavo.
18
Fueron puestos en el cepo sus pies, y fue encadenado con hierros;
19
hasta que se realizó su presagio y le acreditó la palabra de Yavé.
20
Mandó el rey que lo soltasen; el dominador de pueblos le dejó en libertad;
21
y le hizo señor de su casa y soberano de todas sus posesiones,
22
para instruir a su agrado a los príncipes y enseñar sabiduría a los ancianos.
23
Y vino Israel a Egipto, habitó Jacob en la tierra de Cam;
24
y multiplicó grandemente su pueblo e hizo que fuesen más fuertes que sus opresores.
25
Cambió su corazón para que odiaran a su pueblo y para vejar dolosamente a sus siervos.
26
Mandó a Moisés, su siervo, y a Arón, su elegido.
27
E hizo por medio de ellos sus prodigios y sus portentos en la tierra de Cam.
28
Mandó a las tinieblas, y se hizo oscuro; pero se rebelaban contra sus órdenes;
29
convirtió en sangre sus aguas, y mató sus peces.
30
Hormigueó de ranas su tierra, hasta en las cámaras de sus reyes.
31
Mandó, y vinieron los tábanos y los mosquitos a todas sus regiones.
32
Les dio granizo en vez de lluvia, y llamas de fuego sobre su tierra.
33
Y abatió sus viñas y sus higuerales, destrozando los árboles de su territorio.
34
Mandó, y vino la langosta y el pulgón en gran número,
35
que royeron toda la hierba de su país y devoraron los frutos del campo.
36
E hirió a todos los primogénitos en su tierra, las primicias de su vigor viril.
37
Y sacólos con plata y oro, y no había entre sus tribus ningún rezagado.
38
Alegróse Egipto de su partida, porque se había apoderado de ellos su terror.
39
Les tendió como cubierta una nube, y un fuego para alumbrarlos en la noche.
40
A su petición hizo venir las codornices, y los sació de pan del cielo.
41
Hendió la roca y brotaron las aguas, que corrieron como un río por el desierto.
42
Porque se acordó de su santa promesa y de Abraham, su siervo.
43
Así sacó a su pueblo en alegría y a sus elegidos llenos de gozo.
44
Y les asignó las tierras de las gentes, y se posesionaron de las haciendas de los pueblos,
45
para que guardaran sus preceptos y observaran sus leyes. ¡Aleluya!
   
 
106
 
Confesión de las Rebeldías de Israel
   
1
¡Aleluya! Alabad a Yavé porque es bueno, porque es eterna su piedad.
2
¿Quién podrá contar las gestas de Yavé y pregonar todos sus loores?
3
Bienaventurados los que observan el derecho, los que obran justicia en todo tiempo.
4
Acuérdate de mí, ¡oh Yavé!, en tu benevolencia hacia tu pueblo; visítame con tu auxilio
5
para que vea la dicha de tus elegidos, y me alegre en el gozo de tu gente, y me gloríe con tu heredad.
6
Hemos pecado como nuestros padres; hemos sido malos y perversos.
7
Nuestros padres en Egipto no entendieron tus maravillas, no recordaron tus muchos favores y se rebelaron contra el Altísimo en el mar Rojo.
8
Pero los salvó por amor de su nombre, para hacer muestra de su poder.
9
Increpó al mar Rojo, y quedó seco, y los hizo andar por los abismos como por el desierto;
10
los salvó de las manos del que los aborrecía, y los redimió del poder del enemigo.
11
Y las aguas sumergieron a sus opresores, no escapando ni uno solo.
12
Entonces dieron fe a sus palabras y cantaron sus alabanzas.
13
Pero bien pronto se olvidaron de sus obras, no confiaron en sus designios.
14
Dejáronse llevar de su concupiscencia en el desierto y tentaron a Dios en la soledad.
15
Y les dio lo que pedían, pero mandó la consunción a sus almas.
16
Envidiaron a Moisés en el campamento y a Arón, el santo de Yavé.
17
Y se abrió la tierra y se tragó a Datán, y cubrió a los secuaces de Abirón.
18
Y el fuego devoró a su banda; las llamas consumieron a los impíos.
19
Se hicieron un becerro en Horeb y adoraron a un simulacro fundido,
20
y trocaron su gloria por la imagen de un buey que come hierba.
21
Se olvidaron de Dios, su Salvador, que tan grandes cosas había hecho en Egipto,
22
maravillas en la tierra de Cam, cosas terribles junto al mar Rojo.
23
Y ya hubiera decretado exterminarlos si Moisés, su elegido, no se hubiese puesto en la brecha ante El para desviar su indignación del exterminio.
24
Despreciaron una tierra deleitosa, no tuvieron confianza en sus palabras.
25
Y murmuraron en sus tiendas y no escucharon la voz de Yavé.
26
Por eso alzó su mano contra ellos, para postrarlos en el desierto
27
y dispersar a su descendencia entre las gentes y diseminarlos por la tierra.
28
Y se adhirieron a Baalfegor y comieron los sacrificios de los muertos.
29
Y le provocaron a ira con sus obras; y se difundió entre ellos una mortandad.
30
Levantóse Finés e hizo justicia, y la plaga cesó.
31
Y le fue contado esto a justicia, de generación en generación para siempre.
32
Le irritaron también a propósito de las aguas de Meribá, y le sobrevino mal a Moisés por culpa de ellos,
33
porque exacerbaron su espíritu y habló temerariamente con sus labios.
34
No exterminaron a los pueblos, como se lo había mandado Yavé;
35
antes se mezclaron con las gentes y adoptaron sus costumbres.
36
Y sirvieron a sus ídolos, que fueron para ellos un lazo.
37
Sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios;
38
derramaron sangre inocente: la sangre de sus hijos y de sus hijas, sacrificándolos a los ídolos de Canaán, y quedó la tierra contaminada por su sangre.
39
Se contaminaron por sus obras y se prostituyeron con sus acciones.
40
Y se encendió la ira de Yavé contra su pueblo, y abominó de su heredad.
41
Y los entregó en manos de las gentes, quedando sometidos a los que los odiaban.
42
Y fueron vejados por sus enemigos y doblegados bajo su mano.
43
Muchas veces los libraba, pero ellos le exasperaban con sus veleidades, y eran humillados por sus iniquidades.
44
Mas él vio sus tribulaciones y oyó sus lamentos.
45
Y se acordó de su alianza con ellos, y por su mucha bondad se apiadó de ellos.
46
Y les hizo objeto de sus misericordias en presencia de cuantos los tenían en cautiverio.
47
¡Sálvanos, Yavé, Dios nuestro, y reúnenos de entre las gentes para celebrar tu santo nombre y gloriarnos en tus alabanzas!
 
 
Doxología final del libro
 
48
Bendito sea Yavé, Dios de Israel, de eternidades en eternidades, y diga todo el pueblo: ¡Amén! ¡Aleluya!