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Salmos
Libro
Primero. 1-5
1 |
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Las
dos Sendas: la del Justo y la del Impío |
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1 |
Bienaventurado
el varón que no anda en consejo de impíos, ni en las sendas de los
pecadores se detiene, ni se sienta en tertulia de mofadores. |
2 |
Antes
bien, tiene en la Ley de Yavé su complacencia y en ella medita día
y noche. |
3 |
Será
como árbol plantado a la vera del arroyo, que a su tiempo da su
fruto, cuyas hojas no se marchitan. Cuanto emprenda tendrá buen
suceso. |
4 |
No
así los impíos, sino que son como paja que arrebata el viento. |
5 |
Por
eso no prevalecerán los impíos en el juicio, ni los pecadores en
la congregación de los justos. |
6 |
Pues
conoce Yavé el camino de los justos, pero la senda de los pecadores
acaba mal. |
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2 |
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Rebelión
de las gentes contra Yavé y su Ungido y exaltación de éste |
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1 |
¿Por
qué se amotinan las gentes y trazan los pueblos planes vanos? |
2 |
Se
reúnen los reyes de la tierra, y a una se confabulan los príncipes
contra Yavé y contra su Ungido. |
3 |
¡Rompamos
sus coyundas, arrojemos de nosotros sus ataduras! |
4 |
El
que mora en los cielos se ríe, el Señor se burla de ellos. |
5 |
A
su tiempo les hablará en su ira y los consternará en su furor. |
6 |
Yo
he constituido mi rey sobre Sión, mi monte santo. |
| 7 |
Voy
a promulgar un decreto de Yavé. El
me ha dicho: |
| 8 |
“Tú
eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. Pídeme, y haré de las gentes
tu heredad, te daré en posesión los confines de la tierra. |
| 9 |
Los
regirás con cetro de hierro y los romperás como vasija de alfarero.” |
| 10 |
Ahora,
pues, ¡oh reyes! obrad prudentemente; dejaos persuadir, rectores
todos de la tierra. |
| 11 |
Servid
a Yavé con temor, rendidle homenaje con temblor. |
| 12 |
No
se aire y caigáis en la ruina, pues se inflama de pronto su ira.
¡Venturosos los que a él se confían! |
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3 |
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Oración
de un justo perseguido |
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Salmo
de David al huir de Absalón, su hijo. |
1 |
¡Oh
Yavé, cómo se han multiplicado mis enemigos! |
2 |
Muchos
son los que se alzan contra mí. |
3 |
Muchos
son los que de mi vida dicen: “¡No tiene ya en Dios salvación!”. Selah |
4 |
Pero
tú, ¡oh Yavé!, eres escudo en torno mío, mi gloria, el que me hace
erguir la cabeza. |
5 |
Clamaba
con mi voz a Yavé, y El me respondió de su monte santo. Selah. |
6 |
Yo
me acostaba y yo me dormía, y despertaba, porque Yavé me defendía. |
| 7 |
No
temo a los muchos millares del pueblo que en derredor mío acampan
contra mí. |
| 8 |
Álzate,
¡oh Yavé! Sálvame, ¡Dios mío! Tú hieres en la mejilla a todos mis
enemigos, tú rompes los dientes a los impíos. |
| 9 |
Tuya
es, ¡oh Yavé! la victoria. Venga sobre tu pueblo tu bendición. Selah. |
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4 |
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Oración
de un justo perseguido |
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Al
maestro de coro. Con instrumentos de cuerda. Salmo. De David. |
1 |
Cuando
yo grito, respóndeme, ¡Dios de mi, justicia! |
2 |
En la apretura tú me
diste holgura. Séme propicio y oye mi súplica. |
3 |
¿Hasta
cuándo, hidalgos, (convertís) mi gloria en ignominia?¿Por qué amáis
la vanidad y buscáis la mentira? Selah. |
4 |
Pues
sabed que Dios distingue al que le es grato, que me oye Yavé cuando
le invoco. |
5 |
Temblad
y no pequéis. Meditad en vuestros corazones, en vuestros lechos
guardad silencio. |
6 |
Sacrificad
sacrificios de justicia y confiad en Yavé. |
| 7 |
Son
muchos los que dicen: “¿Quién nos hará ver la dicha?” Alza sobre
nosotros, ¡oh Yavé!, la lumbre de tu rostro. |
| 8 |
Diste
a mi corazón más alegría que cuando abundan el trigo y el mosto. |
| 9 |
En
paz me duermo luego en cuanto me acuesto, porque tú solo, ¡oh Yavé!,
me haces reposar confiadamente. |
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5 |
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Deprecación
de un Justo |
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Al
maestro de coro. A la flauta. Salmo de David. |
1 |
Apresta
el oído a mis palabras, |
2 |
¡oh Yavé! atiende mis suspiros. |
3 |
Atiende
a las voces de mi súplica, Rey mío y Dios mío. |
4 |
Porque
a ti suplico, ¡oh Yavé! De
mañana tú escuchas mi voz; temprano me pongo ante ti y espero. |
5 |
Pues
no eres tú Dios que se agrade del impío, ni será tu huésped el perverso. |
6 |
No
pueden los insensatos estar ante tus ojos; odias a todos los obradores
de iniquidad. |
| 7 |
Das
a la perdición al mentiroso; al sanguinario, al fraudulento, los
abomina Dios. |
| 8 |
Mas
yo, fiado en la muchedumbre de tu piedad, entro en tu morada y me
prosterno ante tu santo templo, en tu temor, |
| 9 |
Guíame,
¡oh Yavé! en tu justicia, a causa de mis enemigos, y allana tus
caminos ante mí. |
| 10 |
Pues
no hay en su boca sinceridad; su interior no es más que malicia;
un sepulcro abierto es su garganta, halagan con sus lenguas. |
| 11 |
Condénalos,
¡oh Yavé! que fracasen en sus maquinaciones. Por sus muchos crímenes
recházalos, ya que se rebelan contra ti. |
| 12 |
Y
se alegrarán cuantos en ti confían, exultarán por siempre. Tú los
protegerás y en ti jubilarán los que aman tu nombre. |
| 13 |
Pues
al justo, ¡oh Yavé! tú le bendices y le rodeas de tu benevolencia
como un escudo. |
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