Salmos

Libro Quinto.136-140

 
136
 
Canto de Acción de Gracias
   
1
Alabad a Yavé, porque es bueno, porque eterna es su piedad.
2
Alabad al Dios de los dioses, porque eterna es su piedad.
3
Alabad al Señor de los señores, porque eterna es su piedad.
4
Al que es único en hacer portentos, porque eterna es su piedad.
5
Al que hizo sabiamente los cielos, porque eterna es su piedad.
6
Al que afirmó la tierra sobre las aguas, porque eterna es su piedad.
7
Al que hizo los grandes luminares, porque eterna es su piedad;
8
el sol para dominar de día, porque eterna es su piedad;
9
la luna y las estrellas, para dominar de noche, porque es eterna su piedad.
10
Al que hirió a los primogénitos de Egipto, porque es eterna su piedad.
11
Y sacó a Israel de en medio de ellos, porque es eterna su piedad.
12
Con mano fuerte y brazo tendido, porque eterna es su piedad.
13
Al que dividió en partes el mar Rojo, porque es eterna su piedad.
14
E hizo atravesar a Israel por medio de él, porque es eterna su piedad.
15
Y sumergió al faraón y a su ejército en el mar Rojo, porque eterna es su piedad.
16
Al que condujo a su pueblo por el desierto, porque eterna es su piedad.
17
Que hirió a grandes reyes, porque eterna es su piedad.
18
Y mató a reyes poderosos, porque eterna es su piedad:
19
a Seón, rey de los amorreos, porque es eterna su piedad;
20
y a Og, rey de Basán, porque es eterna su piedad;
21
cuyas tierras dio en heredad, porque es eterna su piedad,
22
en heredad a Israel, porque es eterna su piedad;
23
que en nuestra humillación se acordó de nosotros, porque es eterna su piedad;
24
y nos libró de nuestros opresores, porque es eterna su piedad.
25
Que da pan a toda carne, porque eterna es su piedad.
26
Alabad al Dios del cielo, porque es eterna su piedad.
   
 
137
 
El Amor de los Cautivos por Sión
   
1
Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos y llorábamos acordándonos de Sión.
2
De los sauces que hay en medio de ella, colgábamos nuestras cítaras.
3
Allí los que nos tenían cautivos nos pedían canciones; los que nos habían llevado atados, alegría: “Cantadnos algunos de los cantos de Sión.”
4
¿Cómo habíamos de cantar las canciones de Yavé en tierra extranjera?
5
Si yo me olvidara de ti, Jerusalén, olvidada sea mi diestra.
6
Pegúese mi lengua al paladar si no me acordara de ti si no pusiera a Jerusalén por encima de mi alegría.
7
Recuerda, ¡oh Yavé!, a los hijos de Edom el día de Jerusalén, los que decían: “¡Arrasad, arrasad hasta los cimientos!”
8
Hija de Babel, la devastadora, dichoso el que te diere el pago que a nosotros nos diste.
9
¡Bienaventurado quien agarrare y estrellare contra la roca a tus pequeñuelos!
   
 
138
 
Canto de acción de Gracias
  De David.  
1
Quiero alabarte, ¡oh Yavé!, con todo mi corazón porque escuchaste las palabras de mi boca. Te cantaré salmos ante los dioses.
2
Me prosternaré ante tu santo templo y cantaré tu nombre por tu piedad y tu verdad, pues has magnificado sobre todas las cosas tu nombre y tu palabra.
3
Cuando te invoqué, me oíste, y dilataste la fuerza en mi alma,
4
Te alabarán, ¡oh Yavé!, todos los reyes de la tierra cuando oigan las palabras de tu boca.
5
Cantarán en los caminos de Yavé: “¡Grande es ciertamente la gloria de Yavé”
6
Porque excelso es Yavé y atiende al humilde, pero al altivo le conoce desde lejos.
7
Cuando camino en medio de la angustia, me vivificas, extiendes tu mano contra la ira de mis enemigos, y tu diestra me salva.
7
Perfeccione Yavé en mi favor (su obra). Eterna es, ¡oh Yavé!, tu piedad. ¡No abandones la obra de tus manos!
   
 
139
 
La Omnisciencia y Omnipotencia Divinas
  Al maestro del coro. Salmo de David. 
1
¡Oh Yavé!, tú me has examinado y me conoces,
2
tú conoces cuándo me siento y cuándo me levanto, y de lejos entiendes mi pensamiento.
3
Disciernes cuándo camino y cuándo descanso, te son familiares todas mis sendas.
4
Pues aún no está la palabra en mi lengua, y ya tú, Yavé, lo sabes todo.
5
Me envuelves por detrás y por delante y pones sobre mí tu mano.
6
Sobremanera admirable es para mí esta ciencia, demasiado sublime para poder (comprenderla).
7
¿Dónde podría alejarme de tu espíritu? ¿Adonde huir de tu faz?
8
Si subiere a los cielos, allí estás tú; si bajare al seol, allí estás presente.
9
Si tomara las alas de la aurora y quisiera habitar al extremo del mar,
10
también allí me cogería tu mano y me tendría tu diestra.
11
Si dijere: “Ciertamente las tinieblas me envuelven y sea la noche luz en torno mío,”
12
tampoco las tinieblas son oscuras para ti, y la noche luciría como el día, pues las tinieblas son como la luz (para ti).
13
Porque tú formaste mis entrañas, tú me tejiste en el seno de mi madre,
14
Te alabaré por el maravilloso modo en que me hiciste. ¡Admirables son tus obras! Del todo conoces mi alma.
15
Mis huesos no te eran ocultos cuando fui modelado en secreto y bordado en las profundidades de la tierra.
16
Ya vieron tus ojos mis obras, siendo escritas todas en tu libro. Estaban mis días determinados cuando aún no existía ninguno de ellos.
17
¡Cuán difíciles son (de entender) tus pensamientos, oh Dios! ¡Qué ingente el número de ellos!
18
Si quisiera contarlos, son más que las arenas; si llegara al fin, aún sería contigo.
19
¡Oh Dios!, si exterminaras a los impíos, si alejaras de mí a los hombres sanguinarios,
20
que insidiosamente se rebelan contra mí, y pérfidamente se engríen tus adversarios.
21
¿Cómo no odiar, ¡oh Yavé!, a los que te odian? ¿Cómo no aborrecer a los que se levantan contra ti?
22
Los detesto con odio implacable y los tengo por enemigos míos.
23
Escudríñame y conoce mis inquietudes,
24
y mira si mi camino es torcido, y condúceme por las sendas de la eternidad.
   
 
140
 
Oración contra los enemigos maldicientes
  Al maestro del coro. Salmo de David. 
1
Líbrame, ¡oh Yavé!, del hombre malo,
2
presérvame de los hombres violentos,
3
de los que maquinan el mal en el corazón y todo el día excitan contiendas.
4
Afilan su lengua como serpientes, tienen bajo sus labios el veneno del áspid. Selah.
5
Guárdame, Yavé, de las manos del impío; protégeme de los hombres violentos, que maquinan tropiezos a mis pasos.
6
Los soberbios, que me ponen ocultos lazos, tienden las ledes a la vera del camino y ponen cepos para mí.Selah.
7
Pero yo digo a Yavé: “Tú eres mi Dios.” Escucha, ¡oh Yavé!. la voz de mis súplicas.
8
Yavé, Señor, mi fuerza salvadora, tú cubres mi cabeza en el día del combate.
9
No accedas, Yavé, a las ansias del impío; no permitas que se logren sus dolosos designios.
10
Alzan su cabeza los que me cercan, la malicia de sus labios los aplaste.
11
Lluevan sobre ellos brasas encendidas, caigan en el abismo para no levantarse jamás.
12
El hombre lenguaraz no permanecerá sobre la tierra; el hombre violento será presa del infortunio, que le derribará.
13
Pero yo sé que Yavé saldrá en defensa del desvalido, a la defensa del pobre.
14
Ciertamente los justos alabarán tu nombre, y los rectos habitarán en tu presencia.