BIBLIOTECA TERCER MILENIO
 
 
APOCALIPSIS
 
INTRODUCCIÓN DE CRISTO RAÚL AL APOCALIPSIS

Punto Primero

Milenarismo versus Miríadismo

Punto Segundo

La cuestión de la Ignorancia de Adán

Punto Tercero

La cuestión de la Encarnación del Hijo de Dios

Punto Cuarto

La cuestión de la Batalla en el Cielo

 

En este orden, como en todas las cosas donde la Inteligencia requiere ser precisa, el Cristiano debe mirarse en el espejo, sacudirse del rostro la máscara de los siglos y ver a su Creador con los ojos de la cara. El Hombre no es un pensamiento vago e inconexo que surge espontáneamente en la Mente de Dios a la manera que pudiera salirle a su Majestad un grano en la punta de la nariz; el Hombre no surge de la Nada tal cual si se dijera que antes de la Creación del Hombre no hubo nada. ¿Hay mayor absurdo? Y con todo observamos que la Teología “ortodoxa” de todos los tiempos hizo de este absurdo aberración, y de la aberración hizo dogma cuando emparentó la Creación con la Nada, sistema de encadenamiento que condujo al Hombre a la ignorancia absoluta a la hora de comprender la Posición de la Tierra en la línea del Tiempo Cósmico. 

Es de lamentar que para ocultar la Ignorancia se elevara la frustración a categoría de dogma, convirtiendo el dogma en un puñal contra la Fe. Al igual que la Increación precedió a la Creación, el Hombre es un punto en la Línea del Tiempo Histórico que escribe en el Universo su Creador. Ahora bien, era solo natural que el Enemigo de Dios y su Creación, buscando la Destrucción del Género Humano como camino de salvación personal, intentase aislar en lo absoluto al ser humano, engañándole con la teoría de la Creación a partir de la Nada, ergo, la creación del Hombre  sin conexión con el Tiempo Histórico propio de la Creación.

Y sin embargo fue el Espíritu Santo quien escribiera : “...no de esta creación...”, abriendo, con la difìcil inteligencia que le caracterizara, la puerta a la Creación del Hombre en tanto que Acontecimiento puntual sobre la Línea del Tiempo Histórico de la Creación del Cosmos. De manera que a la hora de comprender el Origen del Hombre es del todo necesario subir al Cielo, es decir, entrar en la Mente de su Creador, para leer en Su Memoria el Núcleo Histórico en cuyo seno tomara forma la Necesidad de la Creación del Hombre.

 

Digamos, antes de nada, a fin de no caer en discursos perentorios, que lo que le es natural al siervo es la Obediencia sin peros, de donde se debe entender que la acusación contra las conclusiones del pensamiento de los siervos de Cristo sobre el Porqué de todas las cosas no debe dar lugar a un inicuo argumento acusatorio, a no ser que ahora se condene a los seres por lo que son.

El Siervo no se hace, el Siervo nace.

En el otro extremo que los siervos quieran hacer de su Obediencia Muro contra los hijos de Dios, que no están sujetos al Silencio del Señor respecto a sus siervos, sino que nacen en el Porqué de todas las cosas, es un acto irracional sin futuro que, de mantenerse los siervos en sus trece, implica Rebelión contra el Señor. El Señor no está condicionado a dar ninguna explicación a sus siervos, y sin embargo por el amor de Padre su Mente está abierto a sus hijos, que entran y salen con toda la libertad de los hijos de Dios en los Misterios y Secretos de la Creación.

 

El Hombre, entrando ya en materia, surgió en el Seno de una Respuesta a un Conflicto Local que devino Cósmico. El Hombre, en consecuencia, no surgió de la Nada, surgió en el seno de una Causa, a saber : la Necesidad de la Respuesta de Dios al problema de las Guerras que asolaron su Imperio antes de la Creación del Hombre (leer la Tercera Parte de la Historia Divina).

 

Tras las Dos Guerras Universales que asolaron la Paz de su Imperio era solo natural ver la tormenta de una Tercera Guerra Universal gestándose en el horizonte. Dios no quiso ni la Primera ni la Segunda Guerra Universal; mas el Hecho es que todo el Sistema Imperial había fallado, y se había demostrado incapaz de mantener la Paz durante los Periodos Creacionales. Se le imponía a Dios la urgencia de cerrar de una vez y para siempre la Brecha por donde la Semilla de la Guerra encontrara puerta hacia su Imperio, se hizo árbol y devoró a los Mundos en Contienda Fratricida de locura y terror. Sería en el seno de esta Necesidad que el Hombre fue concebido en la Mente Creadora tal cual se nos presenta en el Génesis, una criatura desnuda, cuya Fuerza estaba en la Palabra.

 

Una vez cerrada la Concepción de la Respuesta al Problema del Imperio del Cielo, el Hombre en el Cuadro como punto final tras el cual nada podía ser lo mismo, Dios pasó a la Acción.

El Primer punto a cerrar fue la Invitación del Creador a todos sus hijos al Espectáculo de la Creación,  Invitación que el Hijo de Dios abrió a nuestro Mundo cuando hablando sobre su Padre nos dijo que : el Padre le muestra al Hijo todo lo que hace y le mostrará mayores Obras que ésta a fin de que quedemos maravillados. Con este Primer Punto Dios buscó anular toda presunta conexión entre Imperio y Cárcel de Oro como fuente de presión psicológica hacia la Guerra.

El segundo punto a cerrar fue la Naturaleza Increada del Rey de reyes y Señor de señores del Imperio del Cielo, que había sido puesta en duda por los Rebeldes. Era Hora de ver la Naturaleza Increada del hijo en Acción, y con el Discurso que procede de los sentidos cerrarle la boca al argumento de la Duda sobre la Veracidad del Hijo de Dios, cegando así Dios esta fuente que manando buscaba el océano de la Guerra con la inercia que las plantas buscan al sol. 

Así pues, el Hijo dijo y así se hizo: Haya Luz, Haya Firmamento, etcétera, y finalmente : Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; es decir, hijo de Dios.

 

Luego observamos que el Hombre es la Encarnación Viva de la Veracidad de Dios Hijo Unigénito, su Creador, pues no bastándole a Dios el Discurso de los sentidos, cuando todos los reyes y señores y mundos de su Imperio vieron al Hijo en su Naturaleza Increada, Todopoderosa y Omnipotente, quiso Dios darle Vida a su Discurso para que por la Eternidad la Respuesta del Padre al Misterio de la Vida del Hijo: "Dios de Dios, Luz de Luz; increado, no creado, de la misma Naturaleza del Padre", permaneciese en carne delante de toda la Creación, de esta manera deviniendola Vida del Hombre la Prueba Viviente de la Veracidad de Dios Hijo Unigénito.

 

Con el Hombre la Duda, puerta por donde la Guerra hizo su Camino y asoló el Imperio del Paraíso de Dios, quedaba neutralizada, desintegrada y expulsada del Horizonte del Imperio.... Y sin embargo ... la Tercera Guerra Universal se hizo.

 

 El Hombre, Encarnación de la Respuesta de Dios a la Duda sobre la Veracidad de su Hijo Jesús, Rey de reyes y Señor de señores de los Mundos de la Creación; el Hombre, un Niño en su Infancia Cósmica, vino a ser usado como Hacha de Guerra por la Serpiente Antigua, el Dragón que asolara el Paraíso de Dios, Hacha de Guerra con la que Satán, Bestia inmunda y maldita, le declaró la Guerra al Espíritu Santo.

 

Ese Día, y en esa Hora, Dios declaró la Abolición del Imperio, predispuso la Abdicación de todos los reyes y señores del Cielo, Abolición y Abdicación que tendría lugar a raiz de la Victoria del hijo del Hombre, el hijo de Eva sobre cuya vida quedaba depositada la Venganza de la sangre de Adán.

El Discurso de los sentidos, la Libertad infinita que Dios había extendido a los pies de sus hijos, de nada le había servido a “la generación rebelde”; la Guerra por el Poder Absoluto había echado raíces en la mente de los Grandes del Imperio del Cielo, y amando la Ciencia del Bien y del Mal más que todas las cosas ahora buscaban imponerle a Dios su propio discurso.

 

La Tercera Guerra Universal Final era ya un Hecho. La Tración de “la generacion rebelde” de los hijos de Dios, en pro de la Transformación de la Corte Imperial Celeste en un Olimpo de dioses más allá de la Ley, había sido consumada. La Ley del Espíritu Santo había sido pisada y el sacrificio humano al Infierno había sido ejecutado. Nada quedaba ya sino que el hijo del Hombre descargase su Brazo sobre la Cabeza del Eje de la Serpiente Antigua y la Abolición del Imperio quedase firmada ad Eternum, operándose la Transformación ad Infinitum del Imperio en un Reino Universal Único a los pies de cuyo Trono Dios pondría el Señorío Universal.

 

Desde el momento de la Caída el Reloj del Tiempo comenzó a escribir en el Libro de la Historia el paso de los Milenios, los Siglos desde Adán a Cristo, el hijo de Eva, hijo del Hombre, cuyo Puño caería sobre la “cabeza de la serpiente”. La Historia del Antiguo Testamento es la Crónica de este Paso del Tiempo desde Adán hasta Cristo. La Historia del Nuevo Testamento es la Crónica del Duelo entre el hijo del Hombre y el príncipe del Infierno. Si los hijos de Adán mantuvieron viva la Esperanza de Victoria del  “hijo de Eva” a través de los siglos, ¡con cuánta ansiedad no había de estar esperando Dios, Padre de Adán, que sonare la Hora del Duelo a vida o muerte entre el Diablo y Cristo!

Y pues que el Tiempo existe, Cuatro Milenios después de la Caída, la Hora sonó. Primer Paso, ¡el Elegido!

El Hijo de Dios, hermano mayor de Adán, entró en la Contienda no como parte observadora, sino como Estrella Principal de la Historia del Duelo entre el hijo de Eva y el príncipe del Infierno. El era el Elegido de su Padre para el Día de Yavé, Día de Venganza.

Y llamándole le dio Dios a su Hijo a conocer la Doctrina del Evangelio; enseguida le envió a nosotros, viniendo a ser uno de nosotros por Obra y Gracia del Espíritu Santo, y se hizo hombre en el seno de María, la esposa de José.

 

El Rey de reyes y Señor de señores del Imperio del Cielo entre nosotros, Dios Padre Todopoderoso extendió sobre su Imperio el Decreto de Abolición de todas las coronas y el Mandato por el que todos los reyes y señores del Cielo tenían que presentarse ante su Trono y depositar su Poder a los pies de su Corona. Contra quien no lo hiciera Dios lanzaba su Condena de Expulsión del Cielo y posterior Destierro de su Creación.

El Eje del Dragón, “la generación rebelde” que le declarara la Guerra al Espíritu Santo sobre la sangre de Adán, actuando acorde a sus hechos se alzó en rebelión contra el Decreto de Abdicación Universal firmado por Dios. La Batalla del Cielo tuvo, pues, lugar, y fue ganada por los fieles al trono de Dios.  

 

El Duelo entre el hijo del Hombre y la “cabeza de la Serpiente”, el Maligno, el Diablo, el príncipe de la Muerte, era el próximo e inmediato Acto de la Guerra Final entre el Cielo y el Infierno. La Estrella del Elegido llenó con la luz de su Presencia Belén, y al amparo de los brazos de un gigante entre las generaciones para la eternidad de los hombres, el Carpintero José, hijo de David, el Campeón de Dios se hizo hombre. ¡Muerte a la Muerte! ¡Infierno al Infierno! El futuro de la Creación entera estaba en las manos de Jesucristo.

El Odio de los Rebeldes contra el Espíritu Santo era Infinito; no había marcha atrás. Eran ellos o el Espíritu Santo.

Tal es la demencia que pusieron en juego en el Edén los rebeldes malditos queriendo obligar a Dios a elegir entre ellos y Su Espíritu. ¿Puede arrancarse un hombre su Humanidad y seguir siendo hombre? ¿Puede vaciarse el océano de agua y seguir siendo un océano? ¿O quitársele al bosque todos los árboles y pretender que siga siendo un bosque?

 

Entró el Campeón de Dios en el Campo de la Batalla Final con el Manto del Rey de reyes y Señor de señores ensangrentado con la sangre de la Guerra que habría de conducirse desde Jerusalén hasta los confines del mundo, y salió de la Tierra con el Manto ensangrentado ... de la sangre de su Propio Pueblo, el Pueblo Cristiano. Pues siendo hijo de Dios, su Primogénito, el Decreto de Abolición que el Dios del Cielo extendiera sobre su Imperio le afectaba igualmente a El. La Obediencia de los hijos de Dios le correspondía al Primogénito igualmente, y por la Obediencia debía poner a los pies del Trono de Dios su Corona y su Cetro, Corona de Rey de reyes, Cetro de Señor de señores. Su Obediencia se traduciría en ... la Cruz.

¡Gloria sempiterna al Rey! Bajó del Cielo Rey de reyes y Señor de señores del Imperio de los dioses y regresó al Cielo para ser Rey Universal, Sempiterno y Único; Señor Universal de toda la Creación; Juez Supremo, Omnisciente y Todopoderoso de todo el Reino de Dios; Sumo Pontífice Universal de la Religión del Cielo, en cuya Roca está escrito y dice :  “Dios de Dios; Luz de Luz; Increado, no creado, de la misma Naturaleza que el Padre”.

 

Así pues, cada cual juzgue su posición ante la Revolucion consumada en los Días del Espíritu Santo hecho Hombre:

Nadie que no doble sus rodillas ante el Trono de Dios Hijo Unigénito entrará en el Paraíso de Dios. El Decreto de Abolición del Imperio permanece por la Eternidad.

La Glorificación del Hijo como Rey, Señor, Juez y Sumo Pontífice Universal permanece por la Eternidad.

Quien niega que el Espíritu Santo procede del Hijo, niega al Hijo.

Quien niega que la Iglesia Católica es la Esposa de Cristo, niega a Cristo.

Quien niega que la Fe sola salva, niega a Dios, pues la Fe procede de la Iglesia Católica, y la Iglesia Católica procede de Dios. Y sin embargo la Fe sin las obras, es Fe muerta, pues el Espíritu Santo vino a vivificar al prójimo.

 

El Camino de la Paz es la palabra, quien cierra la boca y arma el brazo es un discípulo del Diablo.

La Ley es el brazo de la Justicia y quien la corrompe siembra la Guerra.

La Verdad es la Puerta de la Vida, y quien ama a Dios le pide Inteligencia.

Sin Esperanza no hay victoria, y sin Victoria ¿dónde está la gloria?

El Hombre verdadero tiene en Jesucristo su Modelo, su Guia, su Maestro, su Dios.

Todos los males del mundo proceden de haberse separado de Dios, la unión con Dios en el Rey ¿qué será sino un diluvio de bienes?

Si la Ignorancia es la madre de todas las desgracias ¿qué será la Sabiduria sino la madre de todas las alegrías?