Tratando la cuestión del Conocimiento Perfecto del Hijo de Dios la
Inteligencia tiene un campo repleto, cuajado incluso, de joyas de resplandor
indescriptible. Nada de lo que podamos decir sobre la Maravillosa Gesta de la
Fundación del Reino de Dios en la Tierra es suficiente. Y sin embargo la
Historia está para conocerla, y sobre todo, para servirse del Conocimiento
perfecto de los tiempos contra las actividades manipuladoras de los intereses
nacionales e individuales que, contra la Verdad, de siempre lucharon por hacer
de la Ciencia de la Memoria de la Humanidad un libro sin cohesión con la
Realidad acorde al Creador del Universo que desarrolla la Acción, y que, por
ser su Creador, es el Verdadero Motor de las Naciones desde el estado
primigenio hasta el estado final supremo hacia el que nos dirigimos.
Observamos, ya desde el principio de la Reforma, que, aún clamando por la
Verdad, los Reformadores, amputando de la Biblia la Historia de las Naciones,
en lo que respecta a la Historia de Judea en los tiempos de los Seleúcidas,
Ptolomeos y Romanos, hablando de la Historia de los Macabeos-Asmoneos,
cometieron un delito tremendo contra la Inteligencia de la Fe, que, en tanto
que Inteligencia, pide Conocimiento y se nutre del Conocimiento para fortalecer
su Crecimiento en el seno de la Historia. Así que tras el emblema de “la Fe
sola” se ocultó una tremendo Mal cuando se disoció la Fe de la Historia, que se
cumplió mediante la amputación del Libro Divino de la Historia de los Macabeos,
y otros libros históricos, dispuestos por el Autor Eterno para el Conocimiento
de su Acción en la Historia de la Salvación de la Plenitud de las Naciones.
Cristo Jesús no sale de la Nada. Jesucristo en tanto que Dios Hijo
Unigénito tiene una Biohistoria, y en tanto que el Hijo del hombre tiene la
propia, que marca un Antes y un Después en Su propia Vida, y porque en Su Vida
está la de todos nosotros, ése Antes y Después le dio su marca a la estructura
de la Historia Universal, no sólo de la Tierra sino también la del Cielo.
Desmarcar la Historia de Israel, sea en tanto que Hebreos o Judíos, del
Nacimiento del Rey del Universo, es, en consecuencia, un delito contra la
propia Inteligencia, tanto más cuando se decreta que asi sea para el otro, cuya
vida no depende en absoluto de la nuestra.
La Reforma hizo grandes cosas, la liberación del Pensamiento del Latín fue
su victoria. Pero estando sometidos los Reformadores a la misma Ley de
Ignorancia, procedente del Silencio de Dios, cuyo efecto más visible fue la
Corrupción de la iglesia romana, que se alzó contra la Iglesia Católica para
someterla a su República, cosa monstruosa que condujo a las iglesias a la
División y la Guerra, y porque la Ley del Silencio de Dios se mantuvo vigente,
tanto más cuando el Diablo andaba entre sotanas y teologías, la amputación de
la Historia Nacional Judía por la Reforma se nos descubre la Huella del Diablo
en la División de las iglesias.
A la manera que Flavio Josefo y sus revolucionarios destruyeron los
Archivos del Templo de Jerusalén con objeto de destruir toda Prueba Histórica
que pudiese legitimar la Existencia de Cristo, al amputar la Historia Nacional
Judia de la Biblia la Reforma sirvió al Diablo con todo esmero al hacer por el
Pasado de Jesús lo que Flavio Josefo hizo por sl Futuro, esto es, desligar la
Historia de la Fe. El mottu propio de Lutero, “la fe sola”, tiene también este
sentido, por el que los Protestantes quedaron lobotomizados en el contexto de
la relación magna de la Inteligencia con la Fe.
Observamos al hablar con cualquier cristiano de origen protestante que su
conocimiento de la Historia de los Judíos es nulo, supliendo este vacío con
citas, más citas y más citas, hasta el punto de parecer verdaderos loros
autómatas en los que el espíritu del fariseismo más conspicuo ha renacido,
poniendo el énfasis en la letra y vaciando el espíritu de toda Inteligencia
Histórica, terminando por hacernos creer que para ellos Jesucristo salió de la
Nada.
Ahora bien, fueron Judíos los que creyeron en El y nos trajeron el
Evangelio, fueron Judíos quienes Le amamantaron y Le protegieron, fueron Judios
los que mantuvieron viva la Llama de su Nacimiento entre los siglos de la
Historia.
Jesús, el hijo del Hombre, no sale de la Nada. Quienes mantuvieron viva en
José y María la Fe en su Nacimiento fueron Judíos de pura cepa en razón de la
sangre y la carne. Sin los Judíos no hubiera existido el Cristianismo, y sin el
Cristianismo la Civilización no hubiera renacido jamás de los jamases de la
tumba en la que la enterraron las Invasiones de los Bárbaros. Sin el
Cristianismo el Mundo no existriría a esta fecha. Será por tanto a los Judíos y
su Historia que debamos referirnos siempre que queramos conocer la Historia de
Jesús.
Malignamente, tomando la Ignorancia como caldo de cultivo, cuando se habla
de los Judíos se habla de los Asesinos de Jesús y sus Discípulos. El Celo por
el Rey del Universo impulsa a su defensa, lo cual es santo, justo y bueno. Pero
nadie debe olvidarse del Hecho de los hechos, a saber : El Antiguo Testamento
no habla de Dios Hijo Unigénito en ninguna de sus Partes. Excepto, se entiende,
en el seno del Espíritu Profético. Será desde este Espíritu que los Cristianos
vemos al Hijo de Dios entrando en nuestra Historia y tomando la carne del hijo
del Hombre. Mas únicamente desde el Futuro el hombre ve en el seno de la
Profecía al Hijo de Dios. Antes de que este Espíritu deviniera “de la Iglesia
Católica” los Judíos, en cuanto Nación, no conocína la Existencia de Dios Padre
y Dios Hijo. Moisés habló de Cristo pero jamás del Hijo de Dios. David habló
del Rey y Señor, pero jamás de Dios Hijo Unigénito. Los Profetas hablaron del
Salvador del Mundo, pero nunca del Rey de reyes y Señor de señores del Imperio
de Dios. Y sin embargo, los Judíos se encontraron delante del Hijo de Dios,
Dios Hijo Unigénito, Rey de reyes y Señor de señores del Imperio de Dios.
Si nuestro Rey y Salvador, Creador y Señor hubiese sido Enviado con la
Libertad Plena del que tiene toda la ley para hablar de las cosas del Cielo y
la Tierra, los Judíos, viendo lo que vieron, hubiesen creído de lleno. Pero no
sólo no les hablaron sus Profetas de las cosas del Cielo sino que cuando llegó
la Estrella de ese Cielo y se hizo hombre Su Boca se haló sellada y su Voluntad
sujeta a la misma Ley de Silencio bajo la que quedaron selladas las de sus
Discípulos. El porqué esta Ley de Silencio se resolverá en la otra sección.
Aquí lo que nos interesa descubrir es la Biohistoria de aquéllos que
mantuvieron Viva la Llama de la Fe en el Nacimiento del Mesías, hijo de David,
en la Casa de José y María. Y porque fueron Judíos, y a mucha honra, el
desconocimiento de la Historia Nacional es una amputación intelectiva que,
superando esta tara, nos conduce a las puertas de la Casa Abías, padre de
Zacarías, padre del Bautista, y de Simeón el Babilonio, padre del Simeón que
bendijera al Niño en su Presentación en el Templo. Y comenzamos.