LA SEÑORA MARÍA
Un inciso, necesario para abrirle a José el Carpintero la puerta.
A la muerte de sus abuelos, Cleofás y señora, María De
Salomón heredó la casa de su madre, la Viuda de Jacob de Nazaret, en la Ciudad Santa. Hablamos de una señora casa. Hablamos de una Señora, la Señora María
de Nazaret, hija de Ana, hija de Cleofás, cuñado de Zacarías, el hijo de Abías
-Abtalión para la historiografía oficial-. Hablamos pues de una María miembro
legítimo de la aristocracia sacerdotal judía por parte de madre.
Sin ir más lejos vemos a Jesús en el prólogo de la
Última Cena enviando a un discípulo suyo a anunciarle a uno de sus siervos su
venida. El hombre no rechista; y no rechista porque conoce al mensajero, y sabe
quién es el señor que le está apremiando a tenerlo todo dispuesto para la
Última Cena.
La leyenda de Jesús el Carpintero, digámoslo todo,
tuvo su origen en la mentalidad de los pueblos pequeños antiguos. El título
local del padre pasaba al hijo. El padre fue carpintero, el hijo será el
Carpintero toda la vida, aunque llegue a tener más fanegas que un marqués; su
padre fue el carpintero y su hijo será el hijo del carpintero hasta que se
muera.
Es verdad, sigamos diciéndolo todo, que José llegó a
Nazaret siguiendo la ruta de los nómadas. El hombre se plantó en el pueblo, le
arrendó a la Viuda un trozo de terreno para plantar la tienda. Montó el taller.
Le acabó gustando a José el ambiente -eso decía él de puertas afuera- y acabó
enamorando a la heredera de la Viuda. Para las fechas la Virgen era dueña de
higuerales, viñedos, olivares, tierra calma, ganados, y además era la
propietaria de un taller de confección y costura en pleno boom gracias a la ola
nacionalista.
Hasta entonces los trajes típicos se tenían que
encargar en algún taller de la Judea. Las judías, sobre todo las jerusaleñas,
habían conservado celosamente el secreto de la confección de los trajes de
novia y vestidos de fiestas nacionales. Entonces fue y va la Virgen de Nazaret
y abrió su propio taller de confección y costura.
En medio de tales circunstancias la creación del
taller de la Virgen de Nazaret, la verdad, se abrió paso enseguida. Gracias a
las relaciones sanguíneas que su familia mantenía por toda la Galilea la
publicidad necesaria, sin tener Ella que darle tiempo al tiempo, fue llama
sobre reguero de pólvora. Sólo había que fijarse en cómo vestían sus parientes.
Luego estaba el precio; la Virgen de Nazaret era una santa; si no tenías dinero
se lo podías pagar cuando te sonrieran las cosas. Te ajustaba el precio a tu
caso y jamás te mandaba al hombre del frac a reclamarte los duros. Una
verdadera santa. Por supuesto cuando se anunció su boda con el Carpintero todo
el mundo se quedó con la boca abierta.
¿¡La Virgen se casa!?
Lo cierto es que José y María primero esperaron a que
Cleofás se casara.
El benjamín de la casa se casó con María de Canaán,
del clan davídico también. Al año Cleofás y María de Canaán trajeron a Santiago
al mundo. (Este Santiago llegaría a ser el Primer Obispo de Jerusalén. La
Historia lo conoce por Santiago el Justo, hermano del Señor, uno de ellos, y
que luego fue asesinado por sus propios hermanos de raza. El destino de los
hermanos de Jesús forma parte de la historia del Cristianismo. Un paseo por el
recuerdo de la fascinante aventura de los primeros cristianos, siento
lamentarlo, supera el alcance de este Relato. El hecho es que la suerte de los
hermanos de Jesús quedó sellada la Noche de la Matanza de los Santos Inocentes.
¿No fueron triturados los sobrinos de José bajo los pies de la Fortuna? La
Bestia perseguía al Niño, y en su impotencia para encontrarlo derramó fuego por
los ojos contra todos sus familiares. ¿Cuántos sobrinos le mataron en una sola
noche a José? ¿Cuántos hijos de Cleofás se llevaría? Lo dicho, en el futuro, si
Dios quiere, entraremos en la tragedia de los famosos hermanos de Jesús, hijos
de Cleofás y María la de Cleofás). Pues bien, al otro año de tener a Santiago
el Justo, Cleofás y María de Canaán, María la de Cleofás para el Nuevo
testamento, trajeron a José. Y siguieron trayéndole a Jesús primos y primas.
EL NÓMADA
Y regresamos al hilo de la narración.
De todos los niños de Nazaret a ninguno como al
Cleofás le cayó tan bien José. Pero desde el mismo día que José llegó a
Nazaret. No es mentira que José hizo su entrada en Nazaret espectacularmente.
Su caballo íbero negro como la noche y sus tres perros asirios cazadores de
leones rompiendo genial la monotonía. Luego estaba el jinete; gigante en su
Bucéfalo, hijo de Pegaso, el caballo de los superángeles; el pelo ni largo ni
corto, al cinto la mismísima espada de Goliat.
Y decía el forastero que era un nómada a la aventura
por las provincias del reino.
Los nazareños lo miraban y no se lo podían creer. ¿Un
nómada como otro cualquiera, a la aventura por esos caminos de Dios a lomos de
un potro de aquella raza, bello como el caballo de un arcángel en plena
batalla, custodiado por tres fieras, hermosas como querubines y temibles como
dragones?
Aquél gigante era puro misterio. Sus rasgos
psicológicos y físicos no coincidían con la imagen popular del nómada sin patria
chica, siempre borracho, siempre pendenciero, más bien flaco, los morros rojos
vinateros, los sesos quemados por los soles y los fríos. No señor, aquél nómada
no era otro más. Los nómadas iban en burros, en el mejor caso en yeguas viejas,
chinches, pulgas y chuchos por compañía. No señor, aquél José era puro
misterio.
Con secreto o sin secreto la cosa es que Cleofás, el
hermano pequeño de la Virgen, le cogió un cariño tan grande a aquél nómada
nacido en Belén que acabó viviendo más en la tienda del Carpintero que en su
propia casa.
Pero yo sé que por lo que más se moría aquel muchacho
era por hacer realidad su sueño de subirse al caballo de José y trotar por los
cerros levantando polvo de estrellas en los ojos de su princesa azul. ¡Cosas de
muchachos!
Y justamente fue esto lo que vino a pasar. Sucedió
eso. Todas las hermanas de Cleofás se casaron. Excepto sus dos hermanas María y
Juana, que se mantenían vírgenes desde la muerte de su padre. Es la verdad,
todas sus hermanas se habían casado ya, habían formado familia y tenían sus
hijos. El, Cleofás, era el único de los hijos de Jacob de Nazaret que aún
seguía viviendo en la casa de su madre.
Desde fuera, para los de fuera, Cleofás era el
señorito del pueblo, el niño mimado de sus hermanas las Vírgenes. Mientras
todos los muchachos se dedicaban a ayudar en el campo, el señorito Cleofás
vivía a cuerpo de príncipe sin saber lo que eran la hoz y la chapulina. Así que
si se pasaba el día en la Carpintería de José no era porque le hiciera falta
ganarse el pan. Para nada. Si se decidió a servirle de aprendiz no fue porque
el hermano de la Virgen tuviera que aprender un oficio. Lo que de verdad le
privaba a Cleofás era ascender de categoría a los ojos del Carpintero, ganarse
su confianza y recibir su permiso para pegar el bote, subirse en lo alto de
aquel caballo íbero y darse el disfrute de ver el mundo a lomos de aquella
criatura mágica.
Y así fue. Al cabo Cleofás subió de monaguillo a
fraile, y ya recorría el mundo de fiesta en fiesta a lomos del maravilloso caballo
de su jefe. A los vecinos del pueblo les tenía mosca que el Carpintero le diera
tanta cuerda al muchacho. Un caballo de aquéllos no se prestaba, y menos, como
quien dice, a un niño.
La respuesta de José a las suspicacias de sus nuevos
vecinos fue prestarle a su aprendiz, además de su caballo, dos de “sus
cachorros”. Cada vez que enviaba a su ayudante y aprendiz de carpintero a una
aldea vecina, José le daba por compañeros de viaje un par de sus cachorrillos,
dos canes en vías de extinción que le regalaron en su día sus padrinos
babilonios.
Cleofás empezó llevando un encargo a la aldea vecina,
a caballo naturalmente. Y acabó por tener el caballo de su patrón como propio
cuando con ocasión de alguna fiesta local, una fiesta de la vendimia por
ejemplo, sus hermanas casadas reclamaban su presencia. Fue así cómo Cleofás
conoció a María de Canaán, la futura madre de sus hijos -los famosos hermanos
de Jesús.
Cleofás y señora se conocieron, se casaron, y se
instalaron en la casa de la Hija de Jacob, y tuvieron sus hijos.
Digámoslo todo, la Carpintería del Nómada no era una
multinacional del mueble ni tenía vocación de líder del sector, pero para
Cleofás que José era el mejor. Enamorado y padre de sus niños el taller de su
jefe era todo lo que tenía, y Cleofás estaba dispuesto a dejarse la piel antes
de verlo hundirse. De todos modos su jefe era un hombre extraño. No le faltaba
nunca la plata. Vendiese o no vendiese siempre ganaba la casa. Tampoco lo
machacaba con sus problemas. Nunca. En realidad José el único problema que
tenía era que no tenía señora. Ni se le conocía pretendiente. No por falta de
mujeres. No. Era él, José. No tenía mujer porque no se la había dado Dios
todavía. Y lo decía José con el misterio de quien tiene un secreto
inconfesable.
-Dios dará, hermano, Dios dará…-le respondía siempre José al
muchacho.
Al poco de nacer su sobrino José, segundo entre los
hijos de Cleofás, la Virgen cerró el duelo por la muerte de su padre.
La Virgen había vencido. Hizo un Voto y lo había
cumplido. Ahora era libre para casarse; y casándose cumpliría el juramento que
su padre le hizo al Señor y no pudo cumplir porque la Muerte se le cruzó en el
camino.
Ante testigos sagrados juró en su día Jacob de
Nazaret, sobre la cuna de su Primogénita María, legítima heredera del rey
Salomón, sobre su vida juró Jacob que sólo le daría su hija por esposa al hijo
de Helí, hijo de Resa, hijo de Zorobabel, hijo de Natán, profeta, hijo de
David, rey.
Al poco de nacer el segundo de los hijos de Cleofás,
José el Carpintero le pidió la mano de la Virgen María a la Viuda. La Viuda
aceptó la petición, y al otro poco se firmaron los documentos del contrato de
bodas entre María, hija de Jacob, hija de Matán, hija de Abiud, hija de
Zorobabel, hija de Salomón, hija de David, rey, y José, hijo de Helí, hijo de
Resa, hijo de Zorobabel, hijo de Natán, hijo de David, profeta.
La noticia de la boda de José el Carpintero y María la
Virgen arrasó Nazaret.
-La Virgen se casa.
-¿Con el Carpintero? Lo sabía.
Un partido excepcional la novia. Dueña de la casa de
la colina, propietaria de las mejores tierras de la comarca, fundadora del
taller de sastre y costura de Nazaret que vendía los vestidos de novia más
buenos, bonitos y baratos de la región.
¿Quién era el novio? Un don nadie de Belén, un nómada
a la aventura que había encontrado lo que estaba buscando. ¡Quién se iba a
pensar que donde fracasaran tantos buenos partidos fuera a triunfar un
forastero sin causa!
Así que si por parte de Madre nuestro Jesús era el
heredero de Cleofás de Jerusalén, Doctor de la Ley, su abuelo, y por parte de
Madre también todas las propiedades de su abuelo Jacob de Nazaret le
pertenecían. Por la parte de José, su padre, el negocio floreciente y en auge
del clan de los carpinteros de Belén, al ser nuestro Jesús el único hijo de
José, era también suyo. Estamos hablando entonces de un joven rico llamado
Jesús de Nazaret. ¿O acaso creéis que quien le pidiera al joven rico dejarlo
todo y seguirle no hizo El mismo ese acto de renuncia y abandono de todas sus
propiedades?
Hijo de sus padres, durante su mandato nuestro Jesús
levantó la economía de su familia a su máximo esplendor de comodidad y
prosperidad. Durante los días que estuvo al frente de la Casa de su Madre las
bodegas se llenaron de excelentes vinos, los almacenes rebosaron de trigo,
aceite, aceitunas de mesa, higos, granadas, leche, carne, y peces que le traían
desde el mar de la Galilea a su casa, cuando no iba a buscarlo nuestro Jesús
personalmente. Los vinos de las viñas de Jesús de Nazaret se vendieron en toda
la Galilea; poco pero excelente, el mejor. Te alegraba y jamás te ponía
violento, el día después se levantaba uno con la cabeza despejada, el corazón
alegre. Vino de Jesús de Nazaret, vino de Baco, decían los romanos de la
guarnición de Séforis, a dos horas de distancia.
Los titos abuelos de su Madre, Isabel y Zacarías, le
habían legado también propiedades en las afueras de Jerusalén.
El heredero legítimo de Zacarías e Isabel era Juan,
como todo el mundo sabe. Antes de nacer Juan el Bautista como ya no esperaban
tener un hijo Isabel y Zacarías legaron todo lo que tenían a la madre de María.
Este testamento no se revocó jamás debido a la muerte violenta de Zacarías y a
la desaparición de Isabel y Juan en las cuevas del Mar Muerto.
Así que en la Jerusalén de los dineros el Joven
Nazareno fue conocido como se conoce un misterio. En realidad nadie sabía quién
era. En lo que todos parecían ponerse de acuerdo era en ser Jesús de Nazaret,
el hijo de la Señora María, un joven de una prudencia y de una sabiduría
superior a la talla normal en un hombre de su juventud. Manejaba dinero, pero
no le interesaba el Poder. Estaba acostumbrado a mandar y ser servido, y sin
embargo seguía aún soltero.
Era culto, hablaba los idiomas del imperio, ¿creéis
que le pusieron intérprete para hablar con Pilatos? Sabía escribir, tenía genio
para los negocios. Su Madre era el punto débil del Joven Nazareno. ¿Pero a
quién no se le perdona esto?