BIBLIOTECA TERCER MILENIO

LUTERO, EL PAPA Y EL DIABLO

 

DÉCIMA PARTE

 

CAPÍTULO 73.-El Papa de las indulgencias

 

-Así como el Papa justamente fulmina excomunión contra los que maquinan algo, mismamente contra cualquier artimaña de venta en perjuicio de las indulgencias.

 

Cosa que ya estaba sucediendo, y de la que él quería dejar constancia a su señor el arzobispo. No que el Papa estuviera fulminando a nadie todavía, sino que el escándalo comenzaba a levantar viento y amenazaba tormenta si no se hacía brillar el sol de un orador bendito sobre la voz de revuelta que soplaba de oreja en oreja, y de cuyos ecos las suyas eran testigos. Entre hombres que están hablando de negocio y pueden llegar a un acuerdo si se le concedía esos poderes de fulminación a él, Lutero, donde no bastara su maestría retórica no dudaría en aplicar los poderes debidos, a riesgo incluso de cargar él con la mala fama y su señor con el dinero y la gloria. En la siguiente tesis Lutero se suelta la primera hebilla de la máscara.

 

 

CAPÍTULO 74.-El pretexto de las indulgencias

 

-Tanto más trata de condenar a los que bajo el pretexto de las indulgencias, intrigan en perjuicio de la caridad y la verdad.

 

No, Lutero no está hablando de los comisarios, sino de la oposición contra la que los actuales comisarios no habían logrado nada. Los que usaban las indulgencias para hablar contra la verdad y la caridad eran los enemigos de las indulgencias, que, con motivo de las mismas, alzaban sus críticas contra la iglesia que permitía este escándalo. Contra éstos pedía el firmante los debidos poderes de fulminación. Que se callaban por las buenas, perfecto; que no se callaban por las buenas, entonces él, el bendito Lutero, les aplicaría el correctivo de la excomunión que en tantas ocasiones había demostrado su eficacia, incluso contra emperadores, recuérdese el caso de Teodosio el Grande, emperador romano, y de Enrique IV, emperador germánico.