BIBLIOTECA TERCER MILENIO

LUTERO, EL PAPA Y EL DIABLO

 

DUODÉCIMA PARTE

 

CAPÍTULO 81.-Respeto al Papa

 

-Esta arbitraria predicación de indulgencias hace que ni siquiera, aún para personas cultas, resulte fácil salvar el respeto que se debe al Papa, frente a las calumnias o preguntas indudablemente sutiles de los laicos.

 

El día que el Diablo vio estas otras palabras publicadas no sólo se rió, sino que pegó botes de alegría:

“Por apremio de la fe, estamos obligados a creer y mantener que hay una sola y Santa Iglesia Católica y la misma Apostólica, y nosotros firmemente lo creemos y simplemente lo confesamos, y fuera de ella no hay salvación ni perdón de los pecados, como quiera que el Esposo clama en los cantares: Una sola es mi paloma, una sola es mi perfecta. Única es ella de su madre, la preferida de la que la dio a luz [Cant. 6,8]. Ella representa un sólo cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo, y la cabeza de Cristo, Dios. En ella hay un sólo Señor, una sola fe, un sólo bautismo [Ef. 4,5]. Uno sólo, en efecto, fue el arca de Noé en tiempo del diluvio, la cual prefiguraba a la única Iglesia, y, con el techo en pendiente de un codo de altura, llevaba un solo rector y gobernador, Noé, y fuera de ella leemos haber sido borrado cuanto existía sobre la tierra. Mas a la Iglesia la veneramos también como única, pues dice el señor en el Profeta: Arranca de la espada, oh Dios, a mi alma y del poder de los canes a mi única [Sal. 21,21]. Oró, en efecto, juntamente por su alma, es decir, por sí mismo,que es la cabeza, y por su cuerpo, y a este cuerpo llamó su única Iglesia, por razón de la unidad del esposo, la fe, los sacramentos y la caridad de la Iglesia. Esta es aquella túnica del Señor, inconsútil [Jn. 19,23], que no fue rasgada, sino que se echó a suertes. La Iglesia, pues que es una y única, tiene un solo cuerpo, una sola cabeza, no dos, como un monstruo, es decir, Cristo y el vicario de Cristo, Pedro, y su sucesor, puesto que dice el señor al mismo Pedro: Apacienta a mis ovejas [Jn. 21,17]. Mis ovejas, dijo, y de modo general, no éstas o aquéllas en particular; por lo que se entiende que se las encomendó a todas. Si, pues, los griegos u otros dicen no haber sido encomendados a Pedro y a sus sucesores, menester es que confiesen no ser de las ovejas de Cristo, puesto que dice el Señor en Juan que hay un solo rebaño y un solo pastor [Jn. 10,16]. Por las palabras del Evangelio somos instruidos de que, en ésta y en su potestad, hay dos espadas: la espiritual y la temporal... Pues cuando los apóstoles dijeron: Aquí hay dos espadas [Lk 22:38] es decir en la Iglesia, pues de los Apóstoles estamos hablando, el Señor no respondió que fueran demasiadas, sino suficiente. Ciertamente el que niega que la espada temporal esté en las manos de Pedro no ha escuchado la palabra del Señor ordenándole: Vuelve tu espada a su lugar [Mt 26:52]. Una y otra espada, pues, están en la potestad de la Iglesia, la espiritual y la material. Mas ésta ha de esgrimirse en favor de la Iglesia; aquella por la Iglesia misma. Una por mano del sacerdote, otra por mano del rey y de los soldados, si bien a indicación y consentimiento del sacerdote. Pero es menester que la espada esté bajo la espada y que la autoridad temporal se someta a la espiritual. Pues el Apóstol no diría: Todos han de estar sometidos a las autoridades superiores, pues no hay autoridad sino bajo Dios [Rom 13:1-2], si una espada no estuviera sujeta a la otra, de manera que la inferior sirva a la superior. Porque de acuerdo al Bendito Dionisio es ley divina que todas las cosas pasen de un nivel inferior a otro superior a través de uno intermedio. De manera que de acuerdo al orden del universo, las cosas no alcanzan la igualdad todas al mismo tiempo sino gradualmente, de la inferior a la superior, apoyándose todas mutuamente. Que la potestad espiritual aventaje en dignidad y nobleza a cualquier potestad terrena, hemos de confesarlo con tanta más claridad, cuanto aventaja lo espiritual a lo temporal. Porque, según atestigua la Verdad, la potestad espiritual tiene que instituir a la temporal, y juzgarla si no fuere buena. Así se cumple la profecía de Jeremías concerniente a la Iglesia y su poder: Mira que te constituyo hoy sobre naciones y reinos; y lo demás. Luego si la potestad terrena se desvía, será juzgada por la potestad espiritual; si se desvía la espiritual menor, por su superior; mas si la suprema, por Dios sólo, no por el hombre podrá ser juzgada. Puesatestigua el Apóstol: El hombre espiritual lo juzga todo, pero él pornadie es juzgado [I Cor. 2,15]. Ahora bien, esta potestad, aunque se ha dado a un hombre y se ejerce por un hombre, no es humana, sino antes bien divina, por boca divina dada a Pedro, y a él y a sus sucesores confirmada en Aquel mismo a quien confesó, y por ello fue piedra, cuando dijo el Señor al mismo Pedro: Cuanto ligares etc. [Mt. 16,19]. Quienquiera, pues, resista a este poder así ordenado por Dios, a la ordenación de Dios resiste [Rom. 13,2], a no ser que, como Maniqueo, imagine que hay dos principios, cosa que juzgamos falsa y herética, pues atestigua Moisés no que “en los principios”, sino en el principio creó Dios el cielo y la tierra [Gn. 1,1]. Ahora bien, declaramos, decimos, definimos y pronunciamos que someterse al Romano Pontífice es de toda necesidad para la salvación de toda humana criatura”.

De donde se ve el profundo conocimiento que el R. P. Martín Lutero tenía sobre la ignorancia de su pueblo. Un pueblo que llevaba dos siglos arrodillándose ante esta declaración de divinización final del Obispo de Roma y su Corte, y, en cambio, se escandalizaba hasta la División del chiringuito que se habían montado el sucesor del declarante de la Bula, un criado de turno suyo, arzobispo en suma, y unos banqueros listos. Por lo que nosotros tenemos que juzgar que la causa mayor y principal de la supuesta revolución teológica de Lutero tuvo que ver con el Dinero. Y, como lo demostrarían los hechos, le sirvió de máscara a una revolución económica y social; de las cuales triunfaría la primera pero no la segunda.

En fin, en cuanto a la declaración de la tesis en curso, es imposible creer que la gente y el pueblo que no se escandalizó de esta Bula Pontificia pudiera tener la menor cultura. Así que no se puede saber, cuando dice el R. P. Martín Lutero: Aún para personas cultas, a qué tipo de gente se refería.