LUTERO, EL PAPA Y EL DIABLO
DÉCIMO TERCERA PARTE
CAPÍTULO 93.-“Cruz, cruz”
-Que
prosperen todos aquellos profetas que dicen al pueblo: “Cruz, cruz” y no hay
cruz.
¿Qué
diremos de la lectura de esta declaración de locura? Ciertamente no había entre
toda aquella gente culta, laica o seglar, uno sólo del que se pudiese decir: He
ahí un Siervo de su Señor. Lógico por tanto que fuese la hora de esa sabiduría
que es locura a los ojos de Dios.
Lutero,
Lutero, todo hombre es culpable de los crímenes que comete y de los que con sus
palabras arrastra a otros a cometer. Pero para todos está ahí Quien a todos
otorga Sabiduría para no caer en el abismo al que el papado arrastró a la
cristiandad y estuvo en la Causa de la Rebelión Protestante que fue su Efecto.
Sólo ella, la Sabiduría, salva al pueblo de la alianza entre lobos y pastores.
Quien no tiene inteligencia para evitar su perdición por culpa de tales
monstruos no tiene tampoco excusa estando ahí nuestro Dios y Padre para
concedernos toda la inteligencia que haga falta. Y si alguno cree que en todo
el Cielo no hubiera tanta para satisfacer su sed de conocimiento ya se enterará
cuando tenga que decir: Señor, ¿no ves que me ahogo?
CAPÍTULO 94.-Penas, muertes e infierno
-Es
menester exhortar a los cristianos que se esfuercen por seguir a Cristo, su
cabeza, a través de penas, muertes e infierno.
En otras
palabras, hay que exhortar a los cristianos a que sigan siendo eternos
borricos.
Hermano
Lutero, tu ignorancia no tenía enmienda. Lo único y sólo a que se debe exhortar
a un hermano es a no tenerle miedo al Padre de todos y convencerle para que le
pida inteligencia, que la Sabiduría, como ya dije, ama al hombre y siendo el
espejo del amor divino se derrama en los que la buscan. Ella es la Ciudad
inconquistable tras cuyos muros vive el cristiano como príncipe invencible que se
ríe desde la Torre de la Gracia de los ataques del Infierno. Nosotros somos la
Descendencia Invencible a la que bajo juramento se ató el Altísimo, diciendo:
“Por mí mismo juro, palabra de Yavé, que por haber hecho tú cosa tal, de no
perdonar a tu hijo, a tu unigénito, te bendeciré largamente, y multiplicaré
grandemente tu descendencia como las estrellas del cielo y como las arenas de
las orillas del mar, y se adueñará tu descendencia de las puertas de sus
enemigos, y en tu posteridad serán bendecidas toda las naciones de la tierra,
por haberme tú obedecido” (Génesis-El sacrificio de Isaac). Ahora bien, ¿cómo
nos enfrentaremos a la que no vemos y repta en el polvo invisible de las letras
de los libros de nuestros muertos?
La Muerte,
el último enemigo, nos reta. El Rey en persona sale al frente de los ejércitos,
sus hijos en la vanguardia abren la marcha. Una sola doctrina para todos.
Sabiduría, más Sabiduría, y siempre Sabiduría. Que todos los ejércitos
despierten y vengan a recoger tanta como puedan sus músculos llevar.
Inteligencia, entendimiento, fortaleza, consejo y temor de Dios, el espíritu
que estuvo al Principio y andó sobre la superficie de las Aguas anda de nuevo
al Final llamando a todos a caminar sobre las aguas de la ignorancia. Moisés
dividió el mar, Jesús andó sobre sus aguas. El es nuestra gloria y el Camino
que trazó es nuestra senda. Que diga Lutero su última palabra:
CAPÍTULO 95.-Ilusoria seguridad
-Y a
confiar en que entrarán al cielo a través de muchas tribulaciones, antes que
por la ilusoria seguridad de paz.
Bueno, ya
es hora de cerrar este Debate. Es la ley de la evolución de las cosas. Y en
fin, el fruto de toda relación entre hermanos mira al crecimiento de todos para
que ya nadie tenga que enseñar a nadie. Este era mi objetivo. Y creo que bajo
su luz me he conducido. Por vosotros mismos podéis refutar la estupidez de
estas últimas palabras.