LUTERO, EL PAPA Y EL DIABLO
SEGUNDA PARTE
CAPÍTULO 7 .-Dios y su vicario
-De
ningún modo Dios remite la culpa a nadie, sin que al mismo tiempo lo humille y
lo someta en todas las cosas al sacerdote, su vicario.
Si
la tesis anterior y su precedente fueron dos falacias; si con las dos tesis
anteriores el filósofo frustrado metido a fraile de ocasión pretendía decirle
al mundo entero de qué iba la cosa, con esta nueva falacia el R. P. Martín
Lutero se superó a sí mismo, y si antes demostró saber perfectamente qué quiere
o no quiere Jesucristo, y después qué puede y no pueden sus siervos, empezando
por el obispo de Roma, ahora sube un peldaño su Ego y eleva su orgullo hasta el
trono del mismísimo Dios, de quien se erige en su intérprete y a quien somete a
su servicio al declarar que sin el sacerdote Dios no perdona culpa alguna, y
que si perdona culpa alguna es para darle todo el poder al sacerdote, su
vicario, en quien en definitiva abdica de su gloria para humillación y
vergüenza de todos nosotros pecadores. Amén. Aleluya. Si por obra y gracia del
Espíritu Santo todos fuimos liberados de la esclavitud y de la servidumbre el
día que nació Jesucristo; por obra y gracia del Reverendo Padre Martín Lutero
todos volvemos a la esclavitud y servidumbre de quien tiene el cuello bajo las
botas de su señor, en este caso el sacerdote.
Leyendo
esta falacia contra la gloria de los hijos de Dios uno no puede evitar
maravillarse preguntándose cómo pudo haber una vez un pueblo entero que abrió
la boca de admiración ante semejante declaración de esclavitud voluntaria. Es
un hecho que la historia universal nos sirve ejemplos similares de todos los
colores y tamaños. Aunque al pueblo alemán le duela reconocerlo también este
momento de su historia es uno de ellos. Leyendo esta declaración de estupidez
nacional obligado es un mar de preguntas. Por ejemplo: ¿La Fe no viene de Dios?
¿Y no trae la Fe la remisión de todas las culpas cometidas con anterioridad al
Bautismo? ¿Y la remisión divina no nos aporta la Libertad de los hijos de Dios?
¿Y si nos aporta la libertad de la Gloria de los hijos de Dios cómo puede a la
vez liberarnos y hacernos esclavos de los siervos del Padre que nos liberó?
Bueno,
para alguien que acaba de predicar el Odio hacia el Yo propio como signo de
perfección interior yo diría que el tal fundador de la iglesia reformada
alemana tenía el Ego algo subido. Digamos que amaba tanto su Ego como odiaba a
su Yo propio. Posiblemente porque en alguna parte tenía el hombre que encontrar
el equilibrio perdido. Primero le pone los puntos a Jesucristo; inmediatamente
después a su siervo más conocido; y ahora al mismísimo Dios, al que le niega el
Poder de remitir las culpas a nadie sin someterle el pecador al sacerdote.
Concluyendo: Ni Señor ni Papa ni Dios, sólo el sacerdote, y ante sólo el
sacerdote debe el cristiano humillarse y obedecerle en todas las cosas. Si esto
no es un asalto total contra la Libertad de los hijos de Dios ¿entonces qué es?
Solución al misterio luterano: Todos sacerdotes. ¿Y el que no quiera serlo? Aunque claro,
redondeando ahora la conclusión, si todos somos sacerdotes, lo mismo el
emperador que el ciudadano, ¿por qué no somos todos también emperadores y
papas?
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