BIBLIOTECA TERCER MILENIO

LUTERO, EL PAPA Y EL DIABLO

 

CUARTA PARTE

 

Sobre la Interpretación de la Historia

 

El Odio que las consecuencias del desafío luterano desató sobre toda Europa y navegó por las olas del Atlántico hasta ahogarse en el Pacífico no debe nublarnos la inteligencia. No se odia con tanta fuerza sino al que se ha amado con la misma locura. Puede que la iglesia alemana arrastrada por la marea del odio fratricida, para acallar su conciencia haya echado mano del recurso más sencillo: la esquizofrenia. Y mediante el artilugio de haber vuelto a nacer en el seno de la Reforma quiera negar ahora la existencia de la relación de Amor que desde los orígenes mantuvieron la iglesia católica y la nación alemana.

De hecho ninguna otra nación, exceptuando a la italiana, ha influido de una manera tan poderosa y decisiva en la Historia del Cristianismo. Puede decirse que sin el pueblo alemán, tanto en su amor como en su odio al obispo de Roma, las aventuras del cristianismo hubieran sido muy distintas a las que la Historia ha registrado.

Sin miedo a ser acusado de retórico, exagerando para ganar, las batallas que los pueblos alemanes lucharon y ganaron por la Civilización y para la Cristiandad no fueron menos trascendentes y decisivas que las ganadas más tarde por los pueblos españoles. El futuro de Europa y de la Civilización le debe tanto a la nación alemana, en lo bueno y en lo malo, que sin su existencia el mundo tal cual lo conocemos hoy día no hubiera sido posible. Y viceversa, la forja de Alemania le debe tanto a la iglesia católica contra la que Lutero esparció el odio que sin aquella relación de amor que mantuvieron el obispo de Roma y el Primer Reich su Historia sería un puzzle ininteligible.

El proceso de disociación a muerte que la nación alemana emprendió, desterrando de su memoria histórica la conexión católica, podemos compararlo con un proceso de lavado de cerebro en el mejor de los casos, y en el peor entenderlo desde los síntomas de la fenomenología de la esquizofrenia paranoica, enfermedad que devendría crónica y se descubriría en su máximo estado de virulencia durante el Tercer Reich.

Con el tiempo, en la medida que lo permitan las circunstancias, iremos recuperando las pautas y los momentos de aquella relación de amor-odio que le diera a ambas partes propiedades tan específicas. De todos modos los manuales sobre Prehistoria e Historia del Sacro Imperio Romano Germánico, desde los Francos a la Reforma están a disposición de todos. Internet es una buena fuente de información, tanto sobre los buenos, los de casa, como los malos, los de fuera, ésos papistas. Entretanto podemos ir sacando de la Historia las consecuencias a las que sus lecciones nos invitan.

La primera de todas se refiere al valor de la historia escrita. Es de derecho que los vencedores de un conflicto escriban la historia tirando para casa. Este derecho implica la atribución del papel del bueno para el vencedor y la lógica demonización del vencido. Este derecho no se discute. Han hecho uso de él todos los vencedores de todos los tiempos y lugares. Lo que se pone en duda es el valor de una historia escrita por la parte vencedora.

En los casos registrados por la Historia se ha observado una tendencia general por parte de los cronistas oficiales de los vencedores a empezar sus relatos poniendo por delante una confesión de amor filosófico a la verdad. Inmediatamente después esos historiadores oficiales pierden la memoria y ya no recuerdan haber cometido sus pueblos ninguna falta, ni haber realizado alguna obra impía por la que merecer el odio de la Humanidad.

Digamos que de haber vencido Hitler nadie hubiera echado en falta los seis millones de judíos desaparecidos, por ejemplo. Ni nada por el estilo. Afortunadamente Dios no permitió que los cronistas del nazismo escribieran la Historia, ni la de la derrota ni la de la victoria.

De todos modos es curioso ver hasta qué punto hablar del alemán es hablar del judío. Pero es que en este terreno el prototipo por excelencia de esta especie de historiadores, aunque en este caso la Historia se volviera contra su autor, es el caso de la Historia de los Judíos escrita por Flavio Josefo.

También es curioso que entre el Lutero que escribiera la historia del futuro de su pueblo y el Flavio Josefo que escribiera el Pasado del suyo exista un punto en el que ambos caracteres se parecen como el reflejo al rostro del hombre que se mira en el espejo. Quiero decir, tanto el uno como el otro lideraron un movimiento popular y, tanto el uno como el otro, cuando se vieron delante de la victoria imposible abandonaron a sus pueblos y se pasaron al enemigo.

Lutero traicionó la causa del pueblo durante la imposible victoria de la Revolución de los Campesinos. Flavio Josefo traicionó al suyo inmediatamente después de la revolución que se hizo con Jerusalén y causó la destrucción de todos los Archivos del Estado de Israel.

Tras aquel primer momento de euforia revolucionaria, en cuanto las legiones romanas se pusieron en posición de combate aquel capitán del linaje del rey David desertó de sus filas y se entregó al Imperio, desde cuyas tiendas de campaña fue testigo de la destrucción de su nación. Aquel traidor a su patria y a su nación creyendo que el futuro del cristianismo estaba sentenciado y contando con el favor de los Césares reescribió la Historia de los Judíos, sus Antigüedades como sus Guerras. Aparte de crear un anti-antiguo testamento según Flavio Josefo las persecuciones anticristianas judías, el nacimiento del cristianismo y el Fenómeno Jesucristo jamás tuvieron lugar.

Como quien vuelva una jarra y derrama lo que contiene, o como quien exorciza el espíritu de Dios del cuerpo histórico de los Hebreos, aquél Judas vació las Sagradas Escrituras de su contenido Divino. El resultado fue la transformación de la religión de los Patriarcas y de los Profetas en otra religión del mundo, con sus paranoias nacionales y sus propiedades autóctonas, pero a la postre una religión que tenía tanto derecho a vivir como la romana, la griega y la más pintada.

Desgraciadamente el Judaísmo posterior absorbería parte de la ideología Flaviojosefiana, adquiriendo su personalidad las notas esquizofrénicas típicas de quien ha superado la existencia de un trauma negando la realidad de los hechos y actos que dieron lugar a su génesis. En efecto, después de exorcizar el espíritu de Dios del cuerpo histórico de su nación, Flavio Josefo a la hora de llegar a los Hechos negó la existencia de las persecuciones anticristianas que desde los años 30 a los 70 fueron la tónica general en todo el Estado Judío.

Escrita así su Historia No Sagrada... a quién le extraña que los judíos no pudieran comprender nunca de dónde les venía a las naciones cristianas el Odio hacia su raza por el crimen contra un sólo hombre... En ninguna de sus escrituras históricas, sagradas y no sagradas, se hablaba de las tres soluciones finales que sus padres decretaron contra el cristianismo. Y así hasta nuestros días.

Regresemos ahora al caso de la Historia de la Reforma escrita por los reformadores, es decir, los vencedores. La comparación entre el Lutero delante de las consecuencias de su revolución teológica y de aquel Flavio Josefo delante de las suyas no es gratuita. Tanto el uno como el otro cuando llegó la hora de la verdad abandonaron a su pueblo a la matanza; tanto Lutero como Flavio Josefo compraron su pellejo a costa de la destrucción del pueblo al que lideraron a la libertad. La comparación no es gratuita por tanto.

El método y la forma que tuvieron de amar la verdad no pueden distar tampoco mucho entre uno y otro. Basta leer una historia nacionalista de la Reforma para verlo. Como aquéllos judíos que jamás emprendieron soluciones finales contra los primeros cristianos, tampoco la Reforma, siendo una congregación de santos como era, pudo cometer jamás crimen alguno. Amén, amén. Los pobres y santos nuevos creyentes no provocaron a nadie, amén; ni comenzaron ninguna guerra civil, amén; ni nada por el estilo. Fueron los papistas malvados y pérfidos quienes comenzaron la guerra y ellos, los santos reformadores, se limitaron a responder, y, por supuesto, a vencer. Vencedores, tenían todo el derecho a escribir la historia demonizando al vencido y santificando sus crímenes sobre la sangre de los vencidos. Así que no seré yo quien borre del libro de la Historia capítulo o línea.

Entonces, por qué y a cuento de qué viene esta comparación, ¿puede saberse?

Bueno, su implacable lógica tiene que ver con la génesis de cualquier proceso esquizofrénico, en un principio, y finalmente con la negación de la realidad divina del hombre que semejante manipulación de la Historia implica. Me explico.

Cuando Dios creó el hombre lo dotó del soporte material necesario para realizar su formación a su imagen y semejanza. Estamos hablando de inteligencia. Aquel cuya Omnisciencia está fundada en un volumen infinito de memoria no podía formar una criatura a su imagen y semejanza sin dotarla de ese soporte material, que traducido a nuestra realidad se habla de una capacidad ilimitada para el almacenamiento de conocimiento.

Sobre dos columnas está fundada la realidad humana: Sobre una memoria genética, que actúa automáticamente y reconoce la realidad física sin conocimiento consciente del Yo. Esta memoria es hereditaria; y en su código lleva la imagen del mundo real, es decir, el mundo físico tal cual lo vivimos, con sus colores y sonidos.

Cuando el hombre nace su cerebro no tiene que reiniciarse y ser cargado con toda la información física del mundo real; esa información viene almacenada en la propia estructura de su cerebro. Esto hace que la capacidad de aprendizaje del ser humano sea fantástica, es decir, a la imagen y semejanza de la de su Creador.

Pero hay otra memoria que le es fundamental a la inteligencia humana y sin la cual el cerebro no puede procesar la realidad y definir la naturaleza de los acontecimientos en los que vive. Se habla de la memoria histórica de la Humanidad.

Entonces, cuando Dios proyectó la Encarnación de su Hijo la Idea fue viable únicamente partiendo de la afirmación que se nos hizo al principio: “Este es el libro de la descendencia de Adán. Cuando creó Dios al hombre, le hizo a imagen suya”. Creado a su Imagen, o sea, nacido para la Omnisciencia, inteligente por naturaleza, únicamente desde la materialización viva de las características de la Inteligencia de su Creador puede afirmarse de una criatura lo que aquí se afirmó.

De haber sido sólo una afirmación gratuita nunca hubiera podido darse la Encarnación. Porque la hubo, en la Encarnación la afirmación se mantuvo y se nos descubrió a todos la naturaleza de la inteligencia a imagen y semejanza de la cual Dios nos creó.

Ahora, creada con una memoria de volumen ilimitado la inteligencia del hombre requiere para el procesamiento de la verdadera naturaleza de la realidad que se le suministre toda la información necesaria para su ejecución. A las conclusiones derivadas de este acto de procesamiento de la información contenida en la memoria histórica las llamamos Conocimiento.

¿Qué hacemos, pues, cuando borramos de la Historia los acontecimientos protagonizados por la Humanidad, de la nación o raza que sea?

No hay que ser un genio ni estudiar todas las ciencias para comprender que el conocimiento de un pueblo cuya memoria ha sido tarada, en nombre del patriotismo, del nacionalismo, o de cualquier otra doctrina justificante de ese crimen contra la Humanidad y su nación; el resultado de semejante borrado de memoria será un comportamiento patológico, cuyo grado de virulencia, homicida o suicida, podrá determinarse partiendo de la amplitud del barrido.

En esta Cuarta Parte voy a recuperar de la papelera de reciclaje un documento, poco conocido a nivel local y universal, el conocimiento del cual nos ilumina el horizonte y nos conduce directamente a los pies de la génesis de la esquizofrenia paranoide homicida antijudía del periodo nazi. Naturalmente firmado por el Reverendo Padre Martín Lutero.

Conste que sobre los muertos sólo Dios tiene el poder del Juicio. Lo que al Hombre le corresponde es eliminar todas las trabas que los nacionalismos y los prejuicios históricos levantaron entre nosotros y el acceso libre a la Verdadera Memoria Histórica de la Humanidad. Seguimos adelante con las Tesis.