BIBLIOTECA TERCER MILENIO

LUTERO, EL PAPA Y EL DIABLO
 

SÉPTIMA PARTE

 

CAPÍTULO 33.- El Don divino

 

-Hemos de cuidarnos mucho de aquellos que afirman que las indulgencias del Papa son el inestimable don divino por el cual el hombre es reconciliado con Dios.

 

Hemos de lamentarnos todos, hijos, siervos y pueblo de Dios, de que el obispo de Roma diera aquél concierto de acciones en el origen de esta disputa cuya polémica ha llegado hasta nosotros. También que siendo esta disputa la menor de entre esas acciones fuera ésta la usada por los colegas italianos del obispo romano para ocultar la naturaleza del verdadero show del que se derivó el desprestigio romano en particular y el desprecio hacia la iglesia católica en general.

Todo el mundo conoce la historia de la Segunda Pornocracia Pontificia. O al menos todo el que tenga una inteligencia despierta. Porque inteligencia la tenemos todos, pero mientras unos duermen y como si no la tuvieran, otros estamos de pie y hacemos uso de ella a pleno pulmón. Cabe decir pues que algunos Pastores equivocan el sentido de la Misión Sacerdotal de Apacentamiento, y donde debieran poner Pacificación Fraterna entre todos los cristianos y las iglesias, ellos ponen la Nana de la Olla, la que duerme la inteligencia y reduce al ser humano a un animal sujeto a ritos, tradiciones y leyes de la santa madre iglesia. Los que estamos de pie hablamos y hablamos sobre lo que vemos y oímos. Esos que han encontrado en la anulación de la inteligencia, es decir, la anulación de la Creación de Dios, que ha hecho al Hombre a su Imagen y Semejanza, por inercia tienden a levantar el grito defendiendo unas barrigas a cuya salud venden las ovejas más rollizas al propio Diablo. (Recuerdo que esto es una crítica, no un juicio; en el Juicio no habrá crítica sino sentencia, y los actos delictivos tendrán en la perversión de la Misión del sacerdote y la transmutación del Templo en un negocio su acusación letal. regresemos al debate)

La Primera Pornocracia Vaticana quedó atrás y perfiló el desprecio de la iglesia bizantina hacia aquella iglesia occidental gobernada por rameras vestidas de papas y criminales vestidos de obispos. La parte de este desprecio del mundo ortodoxo bizantino contra aquella iglesia romana revolcándose en la sangre y en el vicio tuvo una parte decisiva en la posterior ruptura, la ocurrida en el 1054. Los historiadores vaticanistas han querido ahogar en el olvido y enterrar en el silencio la influencia que el comportamiento anticristiano de sus amos ejerció sobre el Cisma de Oriente. Nosotros, lejos de aquéllos días, y aunque el celo por la Casa de Dios arda en nuestras venas al recordar la vida y muerte de aquellos demonios con sotanas sembradas de pedrerías, no podemos cerrar los ojos y absolver a una parte para condenar a la otra. Sobre ambas cabezas pende la espada del Juicio, la que el Juez tiene en su boca. Pero allá cada cual con la paga que haya de recibir por sus obras.

El caso es que a la vuelta de la esquina, el siglo de la primera Pornocracia alejándose en la memoria, y el que le siguió perdiéndose en la distancia, a cual de los dos más divertido, un sucesor de aquellos obispos romanos elevó la condición del obispado de Roma a la categoría de la Sede de un olimpo de dioses, el dios de dioses él mismo. Con sus Dictatus Papae el bueno de Gregorio VII realizó la utopía del Diablo: ser como dios. Un trecho más y la lucha por el trono divino se traduciría en la Segunda Negación de Pedro, periodo que llamaron ellos el Cisma de Occidente, después de los papas de Aviñón.

De manera que apenas había sido digerida la segunda negación cuando la tercera hizo su entrada. Médicis, Sforzas, Borgias, todos en la misma cama del obispo de Roma con la bendición de sus colegas italianos. El mundo al acecho, el Cielo queriendo taparse los ojos. Vergüenza. Vergüenza. Desolación. Tres veces negó Pedro a su Maestro; tres veces negó su sucesor a su Esposa. El pecado de la Reforma fue grande pero no menos lo fue el de la iglesia italiana al causar con su conducta la ruptura de la Unidad de la Iglesia. Perdón, perdón, meas culpas ¿y seguimos como si no hubiera pasado nada?

Lutero buscaba un objetivo y conocía perfectamente la ignorancia de su pueblo. Fue forzado por sus errores a cumplir su destino. Vemos sin embargo que su crítica se hizo eco de las palabras que soplaban en el viento y se decían en Misa como si fueran palabra de Dios. Si este disparate se dijo alguna vez "las indulgencias del Papa son el inestimable don divino por el cual el hombre es reconciliado con Dios" -que se dijo, según lo chivata Lutero en esta tesis- !!cómo no justificar la cólera producto del escándalo que en el espíritu cristiano semejante doctrina provocó!! Pero conociendo la doctrina vaticanista sobre la divinidad -pues la Infalibilidad sólo le es natural a Dios- tonto el que se escandaliza de sus doctrinas.