BIBLIOTECA TERCER MILENIO

LUTERO, EL PAPA Y EL DIABLO
 

SÉPTIMA PARTE

CAPÍTULO 38.- La remisión divina

 

-No obstante, la remisión y la participación otorgadas por el Papa no han de menospreciarse en manera alguna, porque, como ya he dicho, constituyen un anuncio de la remisión divina.

 

Primero la amenaza, inmediatamente después la ganancia a obtener de concedérsele a su persona la atención que estaba pidiendo. En él estaba el amigo y el consiervo en el Señor, y también el enemigo feroz y letal que no dudaría en usar toda su retórica para declararle la guerra civil al anticristo romano, y como que era alemán de cuna que podía cumplir su amenaza. Los obispos tendrían que decidirse y darle a conocer qué querrían encontrar en él: al amigo y defensor de su pueblo, dispuesto a mediar entre su pueblo y el obispado romano, o al enemigo salvaje y despiadado que le arrancaría de cuajo la Unidad al Cuerpo de Cristo y no dudaría en enviar al infierno a todos los que osaren presentarle batalla.

 

CAPÍTULO 39.- Las indulgencias y la verdad

 

-Es dificilísimo hasta para los teólogos más brillantes ensalzar al mismo tiempo, ante el pueblo, la prodigalidad de las indulgencias y la verdad de la contrición.

 

El ofrecía eso, superar esa dificultad. Pero a cambio quería algo. Su vocación era la carrera de abogado, ¿o lo habíamos olvidado? Por el camino se equivocó de profesión. O eso pensó al principio. Una vez superado el periodo negro de crisis de libertad fray Martín descubrió que las oportunidades que la carrera eclesiástica le ofrecía a una inteligencia brillante como la suya eran infinitamente mejores, a todos los niveles. El prestigio y el Poder eran para los príncipes y para los obispos. El acceso a la aristocracia azul un mundo prohibido, miembro de la otra aristocracia, la divina, la que de verdad tenía el Poder y la gloria, el futuro que se le abría dependería de su brillante inteligencia y, esto es lo importante, de las circunstancias sociales de su tiempo. Mientras fue aspirante a cachorro de abogado la justicia le importó un bledo; la ignorancia de los clientes para sacarle los dineros era lo importante. Las transformaciones que el mundo estaba experimentando en la edad de los descubrimientos le prometían un gran porvenir a un abogado agresivo y brillante de su clase. Ahora que pertenecía a la aristocracia que de verdad mandaba aquella ignorancia sobre la que el abogado Martín hubiera fundado su prosperidad económica se había transformado también. Sobre esa misma ignorancia una inteligencia astuta como la de un demonio podría hacer maravillas. ¿No era esta la razón por la que el obispado romano mantenía en esa dulce ignorancia al pueblo cristiano?

Qué terrible vergüenza que con sus acciones el obispado romano diera lugar a semejante cadena de razonamientos. ¿Gloria de los hijos de Dios llamarse hijos de la iglesia romana? Cristo es el nombre del Señor, nació en Jerusalén y fundó su Iglesia en el ser de un hombre, no sobre la piedra donde Rómulo y Remo fundaron la ciudad eterna ¿O acaso cree el obispo de Roma que la capital italiana subsistirá eternamente? Santa Madre Iglesia Católica es el nombre de la Esposa del Señor Jesús. Pedro no fundó ninguna Iglesia. Jesús fundó en él y sus hermanos en el espíritu la Iglesia de Dios.

Roma dejará de existir, pero la Iglesia Católica existirá sempiternamente. No puede llamarse pues Romana aquella que ha sido engendrada para vivir eternamente. La Iglesia de Dios es católica, porque es universal, Cristiana porque es de Cristo, y Apostólica porque predica la Salvación de Dios, pero no es romana ni bizantina ni americana ni inglesa ni china. Dios borrará ese título del Vestido de su Sierva y limpiará la Gloria de la Esposa de su Hija cuando el mundo entero vea ese título borrado de su Casa.