BIBLIOTECA TERCER MILENIO

LUTERO, EL PAPA Y EL DIABLO
 

OCTAVA PARTE

 

CAPÍTULO 60.-Las llaves de la iglesia

 

-No hablamos exageradamente si afirmamos que las llaves de la iglesia (donadas por el mérito de Cristo) constituyen ese tesoro.

 

Hermano Lutero, Dios no le dio a Cristo las Llaves del Reino de los cielos por sus méritos. Las Llaves del Reino de los cielos son Herencia y Patrimonio del Rey de los cielos. ¿O tú no eres el dueño de las llaves de tu casa? Como cualquiera que se va de viaje y le deja las llaves de su casa a su esposa, así Jesucristo al irse a su Mundo le dejó la Llave de su Casa a su Esposa. Pero si aparte de estas Llaves existen otras con las que la Iglesia cierra y abre las puertas de acceso a su Cuerpo, de esto yo no entiendo, aunque me parece natural que como en cualquier otra cosa sólo acceda a su sitio quien cumpla unas reglas. Y quien quiere ser juez deba estudiar justicia, y quien quiera ser herrero deba aprender el oficio, y así con todas las cosas. Perdona que te contradiga, pero hablas exageradamente, y te equivocas al creer que estas Llaves y no los pobres somos la causa de esos Méritos que forman el Verdadero Tesoro de la Iglesia.

 

 

CAPÍTULO 61.-La potestad del Papa

 

-Está claro, pues, que para la remisión de las penas y de los casos reservados basta con la sola potestad del Papa.

 

Hermano Lutero, se te ve la pata por debajo de la puerta. Un hombre con treinta y cuatro años, que son los que tú tienes a la fecha, 31 de octubre del 1517, tiene su pensamiento y su opinión formados, y no puede decir mañana infierno donde ayer dijo gloria, a menos que lo uno como lo otro estén en razón de intereses ocultos. ¿Hoy te declaras fiel creyente del papado y al siguiente lo llamas anticristo porque no respondieron sus criados a tus intereses según lo planeado? Esto no es de Discípulo que se atiene a la Enseñanza del Maestro: “Sea tu hablar Si, sí; No, no; todo lo que pasa de esto del Mal procede”. ¿Qué me obligas a pensar, hermano Lutero? ¿Que Jesucristo era tu Maestro pero tú tenías tu propia doctrina? ¿Que Jesucristo estaba muerto y tú estabas vivo? ¿Que donde El dijo “Sí, sí; No, no” tú pusiste: Sí, sí, pero no; No, no, pero sí?

 

 

CAPÍTULO 62.-El sacrosanto evangelio

 

-El verdadero tesoro de la iglesia es el sacrosanto evangelio de la gloria y de la gracia de Dios.

 

Nada más que por esta declaración te merecías sentarte en el Trono del Obispo de Roma. Hermano Lutero, otra vez será.