LUTERO, EL PAPA Y EL DIABLO
NOVENA PARTE
CAPITULO 63.- Los primeros sean postreros
-Empero
este tesoro es, con razón, muy odiado, puesto que hace que los primeros sean
postreros.
“Empero,
dice el bárbaro, el sacrosanto evangelio de Dios es odiado, porque hace que los
primeros sean postreros”. ¿Por quién es odiado el “sacrosanto evangelio”?
¿Quería decir el sacrosanto Lutero que todo el mundo que no lo amara a él
odiaba en consecuencia a Jesucristo? ¿Cómo se podía mandar al resto del mundo
al Infierno, proclamarse la medida a la que ajusta Dios su Juicio sempiterno y
seguir llamándose cristianísimo? En fin ¿se puede refutar o demostrar por la
Sagrada Escritura la declaración de locura que esta tesis convierte en
principio bárbaro de sabiduría infalible: a saber, que todos los católicos son
unos hijos del Diablo y se merecen el Infierno maldito? ¿Y también los judíos,
y los pieles rojas, y los negros, y todos los gitanos, y todos los nacidos en
el pecado y por sus pecados nacen ciegos, cojos, mancos, mudos, malitos del
cerebro? Pero no desistamos de seguir escuchando la sabiduría de San Lutero.
También de la locura se aprende.
CAPÍTULO 64.-Los postreros sean primeros
-En
cambio, el tesoro de las indulgencias, con razón, es sumamente grato, porque
hace que los postreros sean primeros.
El Diablo
le dijo al demonio: eres un Satanás. Y los tres se partieron de risa.
El obispo
de Roma dice: Mea culpa mea culpa, se pega un golpe en el pecho, le dan otro en
la espalda y sigue reposando su cabeza sobre la piedra de los decretos papales
de Gregorio el Desconocido, de número el 7.
Los
Luteros, número de hombre, dicen entretanto: Es un suicidio mirar para atrás;
recordad lo que le pasó a la mujer de Lot, que se convirtió en estatua de sal.
Hablando así niegan dos cosas vitales para el progreso de la inteligencia y de
la sociedad. Una, que se aprenda de los errores. Y dos, que una vez cometida la
equivocación pueda el hombre corregir su error.
Error,
hermano Lutero. El tesoro de las indulgencias puso a los primeros postreros, y
pues que el Juicio de Dios empieza por sus enemigos y termina por sus siervos,
que tiemble el Vaticano entero cuando tengan que mirar cara a cara a quien para
entonces el fuego de sus ojos devorará de una mirada por haber levantado entre
el Hombre y su Salvador el muro del desprecio que viene del proverbio: de tal
siervo tal Señor.
CAPÍTULO 65.- Los tesoros del evangelio
-Por ello,
los tesoros del evangelio son redes con las cuales en otros tiempos se pescaban
a hombres poseedores de bienes.
Al buen
abogado la difamación y cualquier arma que le sirva para ganar la contienda le
está en justicia admitida. Personalmente pienso que de haber seguido su carrera
el joven Lutero hubiera sido un brillante abogado. Cuando aquel santo obispo de
Roma y su banda de sacros ladrones despreciaron al autor de estas Tesis por la
imposibilidad de meterle mano por ningún sitio, porque no tiene por donde
relacionárselas con el espíritu de Jesucristo, creo que aquéllos santos
ladrones cometieron el error de aquella Eva que en atención a quien era el
tentador no vio el peligro.
¿Se está
burlando con esta tesis Lutero de la inteligencia de todos los cristianos o
simplemente está poniendo sobre la mesa la clase de ignorancia de las naciones
que secundaron su Buena Nueva? ¿Los tesoros del evangelio? ¿Cuáles son los
tesoros del evangelio? ¿La acusación y condenación al infierno del hermano que
está en el error, tal vez? ¿La traición a la muchedumbre de campesinos vendidos
por treinta monedas de plata al matadero de los príncipes alemanes, pudiera
ser? ¿Las propiedades en metálico, inmueble y suelo que le fueron quitadas a la
Iglesia por aquéllos mismos príncipes que estrangularon, descuartizaron como si
de perros rabiosos se tratara, en el nombre de Lutero, a tanto campesino
inocente?
Sin
embargo no emitamos un juicio demasiado rápido sin oir antes al omnisciente e
infalible padre de la Reforma: