LUTERO, EL PAPA Y EL DIABLO
NOVENA PARTE
CAPÍTULO 68.-La gracia de Dios
-No
obstante, son las gracias más pequeñas en comparación con la gracia de Dios y
la piedad de la cruz.
Pero qué
beatitud, qué estado de misticismo encumbrado, de piedad soberana e inmarcesible
la de la hipocresía derramada en esta frase, corta como el puente de los
suspiros que cuelga lánguido entre dos paredes enamoradas de la Luna veneciana,
poderosa como esas piernas rojas que clavadas en la Bahía de San Francisco
imitan a las del Coloso de Rodas, sutil como el velo de la reina Lucrecia
Borgia. ¡¿Más pequeñas en comparación las ganancias de las indulgencias que esa
gracia divina que se expande por el universo y de las estrellas hace enjambres
de aves exóticas recorriendo horizontes lejanos?! ¡¿Más pequeña que el tesoro
más fabuloso del mundo esa piedad de la Cruz que se levanta hasta los Cielos de
los cielos y hasta a las mismas galaxias les saca un ave maría?! ¿Se puede
comparar todas las riquezas de Salomón con un beso de los labios de aquella
Sabiduría que a tantos sabios le diera, toda coqueta ella, por respuesta un “No
todavía”? ¿Se puede comparar un día en el paraíso con una eternidad en el
infierno? ¿O una sola palabra de Jesucristo con todos los libros escritos y
firmados por Lutero, Calvino y Zuinglio? ¿En qué estabas pensando, hermano
Lutero, para enseñar de esta manera el plumero? ¿No sabías que de Dios es la
Venganza y de su Sabiduría la Respuesta? Te enfrentaste a siervos, a cual peor.
Veamos ahora si tu obra aguanta el soplo de la palabra de un hijo de Dios.
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