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Análisis
de la Epístola de San Pablo a los Hebreos
Jesucristo, Vida al otro lado del Fin del Mundo
Tenemos, por consiguiente, que el problema es de Dios en cuanto siendo suya la Idea de la Creación El mismo se crea a sí mismo el Problema de la Convivencia con su Criatura y la debida articulación de la Civilización procedente. Dios no procede exclusivamente a la creación de vida en el espacio y el tiempo sino que revoluciona la existencia misma de la Vida al darle por etapa final de Evolución la misma Eternidad, haciendo de esta manera particípe a la criatura de la propiedad eterna de la vida de su Creador. Felicidad perfecta en la que late la alegría del que es creado y a la vez nos da cuenta de la inmensidad del problema que se plantea a sí mismo nuestro Creador, en quien la Felicidad del que engendra supera la problemática y la resuelve en la Personalidad de quien es Dios Verdadero y, aunque en una primera instancia le cause la posición puño en barbilla, la victoria es siempre suya. Y como dice el proverbio popular, "para no tener problemas sólo hay que estar muerto".
Ahora bien los ignorantes y los perversos, los primeros por propiedad de su ignorancia y los segundos por efecto de su maldad, tienden a creer que Dios no tiene problemas. Y sin embargo basta abrir los ojos a la luz del día para ver que Dios tiene un gran problema. Y que la misma Actividad Creadora implica un constante y continuo movimiento en el universo de los problemas.
La articulación de una Convivencia entre quienes somos simples criaturas sin vida en nosotros mismos y dependemos en lo absoluto y en lo particular de la Voluntad de nuestro Creador para mantenernos vivos, y una Familia Divina cuya Naturaleza es Increada y su Ser se relaciona directamente con el Infinito y la Eternidad, una Sociedad de este Tipo implica un tremendo y complejo problema. Que teniendo su origen en la Voluntad de nuestro Creador le toca a El buscar y encontrar la Respuesta, y que una criatura se atreva a ofrecerla es síntoma visible de locura.
Pues las criaturas, no siendo más que el fruto de la Voluntad de nuestro Creador, dependemos en lo particular y en lo absoluto de su Omnisciencia y su Sabiduría y fuera de éstas la Ciencia deviene un instrumento de destrucción, a nivel universal y particular, incluyendo en esta dimensión científica a la propia Teología. Y así, todo teólogo que no sirve a Dios con su pensamiento sino que pone su pensamiento al servicio de un hombre, sea Papa, Patriarca o Arzobispo, ¡comete delito contra Aquel al que se supone adora con su Pensamiento, o sea, Dios! Pues el fin y el principio de la Teología es el Conocimiento de Dios en cuanto Dios y desde el momento que donde se dice Dios se pone Iglesia o Papado o Patriarcado o cualquier otra cosa, la Teología deja de ser Ciencia de Dios para devenir ciencia de hombres, y siendo cosa de hombres todo su contenido es muerte y destrucción, sobre lo cual está la Historia del Cristianismo y de las Iglesias llena de ejemplos, en los que, en todos juntos y uno por uno vemos cómo la División de las Iglesias, es decir, la destrucción del Reino de Dios en la Tierra, encontró siempre en los teólogos su mejor soldado al servicio del Diablo y la Muerte. Y así vemos en el autor de sus Epístolas que su Teología está al servicio de Dios y jamás al servicio de Pedro, y que la corrupción de las iglesias comenzó cuando los futuros Pablos quitaron a Dios como Ser y pusieron su pensamiento al servicio de papas, emperadores, patriarcas y reyes, sirviéndoles como siervos, renunciando de esta manera a la Autoridad del Señor Jesucristo para poner a los pies de un hombre su genio.
Así pues, y volviendo a la Idea del Pontífice Universal, Único y Sempiterno, y habiendo Uno, Solo y Único que vive por la Eternidad, y es en su Naturaleza Dios de Dios, se entiende que cualquier discusión sobre el Pontificado Universal que le afecte a la sustitución del que Dios Padre le dio a la Religión de su Reino es, en el caso más comprensivo, locura, y en el caso más directo, perversión maligna y rebelión infernal contra Aquel que Dios eligió para mantenerse de pie delante de su Majestad Omnipotente y el Solo y Único que vive eternamente ante su Presencia.
Nosotros, considerando la Ignorancia de la Cristiandad, lo mismo de los Pastores que de los Rebaños, en función de los Efectos surgidos a raiz de la Caida y Rebelión de los hijos de Dios contra quien fuera su Padre, excusamos la Discusión sobre el Pontificado Universal en la Ignorancia, a la vez que denunciamos la continuidad de su dialéctica como Rebelión contra el Pontífice Universal Sempiterno, Jesucristo.
De donde se desprende que sólo hay un Pontífice Universal, y la proyección de sus Poderes a un hombre es una perversión de la Gloria de Jesucristo, la cual perversión por lógica había de proceder a poner en marcha la ignomisiosa Historia de los Papas, Patriarcas, Arzobispos, etcétera, que no fue sino el resultado de la acción de aquéllos que quisieron para sí lo que el Diablo para sí mismo, ¡la Gloria de Jesucristo!, el Diablo fijando sus ojos en la de su Corona, y los Papas, Patriarcas y Arzobispos en la de su Pontificado.
Mas volvemos a lo mismo, si la locura del Diablo fue la manifestación de una Pasión Maligna, incurable e invencible por en cuanto fue asumida con pleno conocimiento de causa, estando en posesión de sus plenas facultades mentales, intelectuales y físicas su autor, en el caso de las iglesias la locura está sujeta a la definición de lo pasajero, en virtud de la ignorancia heredada de Adán, y, en consecuencia, la salud de las iglesias está a los pies de su Señor. Ahora bien, si quienes aprovechando la Ignorancia de la Cristiandad de Ayer aún Hoy quieren mantener contra el Señor los Atributos del Pontífice Universal, Jesucristo, allá ellos con su Delito. Nosotros sólo sabemos lo que el Espíritu Santo nos dijo, a saber:
El punto principal de todo lo dicho es que tenemos un Pontífice que
está sentado a la diestra del trono de la Majestad de los cielos; ministro del
santuario y del tabernáculo verdadero, hecho por el Señor, no por el hombre.
Pues todo pontífice es instituido para ofrecer oblaciones y
sacrificios, por lo cual es preciso que tenga algo que ofrecer.
Si El morara en la tierra, ni podría ser sacerdote, habiendo ya
quienes, al tenor de la Ley, ofrecen oblaciones.
Estos sacerdotes sirven en un santuario que es imagen y sombra del
celestial, según fue revelado a Moisés cuando se disponía a ejecutar el
tabernáculo: “Mira — se le dijo — , y hazlo todo según el modelo que te ha sido
mostrado en el monte”.
En este caso el Modelo que se le ofreció a los Edificadores de la Iglesia lo vemos en el Concilio de Jerusalén del 49, donde todos los Obispos se reúnen en calidad de Hermanos del Pontífice Universal, Jesucristo, bajo cuya Autoridad hablan y a El únicamente le deben Obediencia, manifestándose de esta manera el Señor en sus siervos para Edificación de toda su Iglesia. Y hubiera sido una perversión maligna y demoníaca por parte de Pedro haber condenado a Pablo por atreverse a cerrarle la boca y abrir la Cristiandad a todas las naciones sin necesidad de la Ley del Judaismo. Al contrario, siendo el Único Infalible el mismo y único Señor de todos, Jesucristo, es este Señor el que, estando todos los Obispos a su servicio, corrige a unos por los otros para la perfección del magisterio de todos, y lo contrario, como se entiende del Modelo Divino, a saber, que un Siervo anule la Autoridad de Dios y la Obediencia debida de todos los siervos a su Señor Universal y sempiterno, Jesucristo, y la sustituya por su voluntad, esto es una perversión maligna -de darse contumacia invencible- del Sacerdocio cristiano por parte del siervo que contra Dios y el Señor anula la Autoridad Divina y abole el Pontificado Universal de Jesucristo mediante la locura de la Infalibilidad de un Siervo contra todo el Concilio.
En este sentido la Historia de las iglesias desde Pablo a nuestros días es una lucha entre la Muerte y la Vida contra la materialización del Modelo por Dios levantado en el Monte, el Concilio del Jerusalén. Vemos en él que es el Señor quien reúne a sus siervos y que ése mismo Señor y Pastor Universal Supremo es el que actúa en Espíritu para corregir cualquier problema en el movimiento universal del Momento. Esta es la Relación entre el Creador y su Creación fundada por Dios en Persona para subsistir por la Eternidad, y acorde a este Modelo Divino, siguiendo la esperanza: "Así en la Tierra como en el Cielo", las Iglesias se articulan Conciliarmente bajo la Unica Autoridad Infalible de Jesucristo, cuyo Espíritu rige la sabiduría de sus siervos para el bien de todos, y lo contrario, que un siervo se declare Infalible y anule la Autoridad de Dios Omnisciente y Todopoderoso es un Delito de Rebelión contra el Señor Jesucristo, sobre el cual tendrá que pronunciarse el interesado en nuestros días, justificando su delito en la Ignorancia si hinca las rodillas y pone el efecto de su comportamiento a los pies de su Señor, o declarando su Rebelión ad eternum, a imagen y semejanza de la del Diablo, si procede a mantener su posición contraria en lo absoluto al Modelo Divino.
Y siguiendo con el Espíritu Santo:
Pero nuestro Pontífice ha obtenido un ministerio tanto mejor cuanto El
es mediador de una más excelente alianza, concertada sobre mejores promesas.
Pues si aquella primera estuviera exenta de defecto, no habría lugar a
una segunda.
Sin embargo, vituperándolos, dice: “He aquí que vendrán días, dice el
Señor, en que concertaré con la casa de Israel y con la casa de Judá un pacto
nuevo, no conforme al pacto hecho con sus padres el día en que los tomé de la
mano para sacarlos de la tierra de Egipto, puesto que ellos no permanecieron
fieles en su alianza y yo me mostré negligente con ellos, dice el Señor.
Este será el pacto que yo haré con la casa de Israel después de
aquellos días, dice el Señor: Imprimiré mis leyes en su mente, y en sus
corazones las escribiré. Y yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
Y nadie enseñará a su conciudadano ni a su hermano, diciendo: Conoce al
Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor, porque me
mostraré indulgente con sus iniquidades, y de sus pecados jamás me acordaré”.
Al decir “un pacto nuevo”, declara envejecido el primero. Ahora bien,
lo que envejece y se hace anticuado está a punto de desaparecer.
De donde se ve que la Historia del Israel bíblico es un paso por el mar Rojo de los siglos hasta llegar al Reino Universal de Jesucristo, hacia el que caminaba el Judaísmo sin conocimiento perfecto de causa, porque era imposible que el Hombre entendiera qué es lo que le estaba pasando a su mundo y entendiéndolo siguiera en la obediencia a un Dios que, pudiendo, no había determinado el cese de los efectos que arrancaran su curso en la Mesopotamia Adánica y cuyo fin estaba conduciendo al mundo de los hombres a su destrucción total. Y es que no habiendo visto por la experiencia la causa por la que Dios alzó la Pena de Muerte contra la Guerra, existía la necesidad absoluta e imperiosa de dicha experiencia, a fin de que por el conocimiento que viene de los sentidos la Creación entera viese con sus ojos la razón por la que Dios no puede soportar la Injusticia y la Corrupción, y amando la Verdad y la Paz sobre todas las cosas, no sólo no aboliese la Pena de Muerte contra el Transgresor a la Ley de la Vida sino que mantuviera su Eternidad aún sobre la cabeza de su propio Hijo.
Desafortunadamente para nuestro mundo nos tocó ser el campo de esa experiencia, por Dios vivida muchas veces y ninguna por sus hijos, y que se resume diciendo que todo Mundo expuesto a la Ciencia del bien y del mal acaba en el Polvo, pereciendo su esperanza de vida eterna en el fuego de su propia demencia suicida. Pero observamos que podía oponérsele a esta Ley eterna el razonamiento de que estando Dios por medio bien puede Dios vencer tales consecuencias. Ahora bien, la inconsistencia de este razonamiento consiste en que la Ciencia del bien y del mal, operando, requiere de la negación de la participacion de Dios en la Historia del Mundo, y de aqui la consecuencia.
Pero el conocimiento sin fundamento en la experiencia, llevado a este nivel, procede a la incredulidad de la verdad en la respuesta, y de aqui que Dios determinase fundar la Verdad, por la Eternidad, sobre los fundamentos de la experiencia, que, en lo que a nosotros nos toca, consiste en la sucesión de los acontecimientos que habían de conducir y conducen a nuestro mundo a su destrucción, es decir: "Polvo eres y al polvo volverás". Y de aquí que, existiendo la Necesidad, dijese Dios que se mostró "negligente con Israel". Mas inmediatamente el Espiritu Santo dice:
Este será el pacto que yo haré con la casa de Israel después de
aquellos días, dice el Señor: Imprimiré mis leyes en su mente, y en sus
corazones las escribiré. Y yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
Y nadie enseñará a su conciudadano ni a su hermano, diciendo: Conoce al
Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor, porque me
mostraré indulgente con sus iniquidades, y de sus pecados jamás me acordaré”.
Al decir “un pacto nuevo”, declara envejecido el primero. Ahora bien,
lo que envejece y se hace anticuado está a punto de desaparecer.
O sea, teniendo Dios misericordia de nuestro mundo y justificando el delito de Adán en la Ignorancia, en virtud de la cual la Gracia nos vino por la Sangre de Jesucristo, quiso Dios Pactar con nosotros, en cuanto Mundo, a fin de que así como estableció la vida de Israel mientras existió el Pacto con los hijos de Abraham contra todos los poderes que la Muerte desató para borrar de la faz de la Tierra a los Hebreos, por este mismo Poder Invencible Dios hacía del Mundo Cristiano su Pueblo, de manera que sin abolir la Ley Eterna nos abre por la Fe una Esperanza de vida, de esta manera por la Fe cumpliéndose la Ley, y por la Esperanza dándosenos un Nuevo Principio. Ahora bien, sabemos por este Pacto entre Dios y nuestro Mundo, que nadie verá ese principio si no aquéllos a los que se refiere la Nueva Alianza, cumpliéndose así, para los que viven sin el Dios de la Eternidad, la Ley, y para los que vivimos a la luz de su Reino, Vida al otro lado del Fin del Mundo.

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