...Hemos
visto hasta aquí dos cosas. Primero, que la comunidad
romana a la que Pablo le dirigía esta Carta se encontraba
a las puertas de su Martirio, y el Apóstol en tanto
que profeta -según la Escritura: "El espíritu
de Jesús es el espíritu de la profecía"-
se dirigía a la comunidad cristiana romana para recordarles
lo que era y le es y le será sempiternamente natural
a la doctrina apostólica del Reino de Dios, a saber:
se es de Cristo antes que de Pablo o de Pedro, y cristiano
antes que romano u ortodoxo o protestante. Y segundo: como
hay dos justicias, la humana y la Divina, hay dos actos
contrarios a sus mandatos, que son el delito circunstancial
y el pecado. Por el pecado rompemos valores eternos sobre
los que se basa la Sociedad entre el Creador y su Creación;
y por el delito circunstancial rompemos con la injusticia
de quienes abolen el pecado despreciando a su Creador para
alzarse ellos como fuente de legislación. En la lucha
entre estas dos justicias hallamos el campo de batalla sobre
el que nuestro mundo se ha estado moviendo en el infierno
de sus guerras y desgracias desde la Caída de Adán
hasta nuestros días. En este capítulo II el
Apóstol da un paso adelante y reflexiona sobre la
Caída del Muro entre judíos y cristianos que
Dios derribó por amor a su Hijo. Pues está
claro que la no aceptación divina a la alianza entre
el Cielo y el Infierno, es decir, dar luz verde a la transformación
de su Reino en un Olimpo de dioses más allá
de la Ley, meta de la Rebelión de una parte de su
Casa contra su Justicia, tuvo y tiene en su Hijo la razón
sempiterna de ese No. Como Padre no quería criar
a su Hijo en un mundo sujeto a las leyes del Bien y del
Mal; no estaba dispuesto a hacerlo y no lo hizo. Las circunstancias
impuestas por la Traición, que otros llaman Rebelión,
encontró en su propio Hijo el No de su Padre, de
aquí que dijera Jesucristo, y con toda propiedad:
"El Padre y yo somos una sola cosa". Y seguimos
Cierto
que la circuncisión es provechosa si guardas la Ley;
pero si la traspasas, tu circuncisión se hace prepucio
...El
origen de este análisis era, es y sigue siendo descubrir
la conexión luterana. Vamos centrando el problema
con la intención de poner el texto en su contexto
y evitar cualquier manipulación. Ya sabemos que la
manipulación es el arte de sacar el texto de su contexto
con la idea de pervertir el espíritu del autor. ¿Es
lo que hizo Lutero? Esto es lo que vamos a descubrir. Así
pues, si primero el autor se dirige a los cristianos de
Roma, enseguida apunta a los cristianos de origen judío,
como él mismo, en cuya comunidad específica
se había levantado el debate del judeocristianismo,
que al propio Pedro le causara tantos dolores de cabeza
y al cristianismo en general una crisis profunda cuyas consecuencias
fueron la violencia en el origen del Incendio de Jerusalén
en el 64, según unos, en el 66, según otros,
pero en cualquier caso siempre anterior al Incendio de Roma.
Pensemos que la acusación neroniana contra los cristianos
encontró buena tierra a causa de la propaganda de
la comunidad judía romana que, absolviendo la rebelión
de los suyos, culpó a los cristianos de haberse rebelado
contra el Imperio, al que profesaban un odio tan grande
como para meterle fuego incluso a la ciudad santa. El humo
del Incendio de Jerusalén aún se olía
en la atmósfera cuando la chispa que saltó
el Mediterráneo arrasó Roma. Nerón
sólo tenía que dirigir su dedo contra los
inocentes a los que la comunidad judeo romana acusara de
ser los pirómanos de Jerusalén para hacer
hervir el odio y desatar el huracán de las Persecuciones.
Cosa que, dada la amistad entre el enemigo número
uno del cristianismo, Flavio Josefo, general judío
y traidor a su patria metido a defensor del judaísmo
en el extranjero para expiar su delito de alta traición
contra sus compatriotas, y amigo personal de la casa de
los Césares, consejero del emperador en los asuntos
judíos, bajo cuyo mecenazgo escribiera sus famosas
antihistorias del pueblo hebreo; contando con tan buen consejero
la idea de Nerón sobre el cristianismo no podía
ser otra que la del propio Flavio: El único cristiano
bueno es el cristiano muerto. Será a esta comunidad
cristiana amenazada de muerte a la que, viendo su martirio,
el Apóstol le dedicará su mejor Carta, su
Evangelio. ¡Y quién mejor que un asesino de
cristianos y perseguidor de hijos de Dios para ver en las
profundidades del terror la mano del hombre al servicio
del Diablo! ¿La circuncisión hace la raza?-
se pregunta. ¿Se es judío por la extirpación
de un pedazo de pellejo o por la adhesión del ser
humano a la Ley de la que procede toda Justicia? ¿Si
se arrancara el Diablo ese trozo de pellejo sería
judío? ¿No la obediencia y el amor a la Justicia
Divina sino un prepucio abandonado a los perros tras su
extirpación es lo que diferencia al hombre de Dios
de los demonios malditos que sembraron el terror en la Tierra
y lo cultivan con tanto esmero desde la Caída a nuestros
días?- San Pablo da un paso adelante en este capítulo,
desgaja raza y hombre de Dios y sujeta al judío lo
mismo que al cristiano a la obediencia a la Justicia Eterna,
de manera que si el prepucio solo no hace al judío
tampoco la fe sola, como se verá, hace al cristiano.
Porque si el prepucio era la señal del judío
y la fe es la del cristiano, y sin embargo sin las obras
de la Ley no había judío, tampoco sin las
obras de la fe hay cristiano, punto al que llegaremos caminando
sobre las letras de un texto que en su contexto se abre
al pensamiento de Cristo, origen y raíz del Evangelio
de San Pablo.
Mientras
que si el incircunciso guarda los preceptos de la Ley, ¿no
será tenido por circuncidado?
...La
reflexión es importantísima, más que
si la hiciera un Orígenes o un San Agustín.
Quien la hace y la plasma es un judío de nacimiento
que no reniega de sus orígenes hebreos pero sí
se sujeta a la ley de la vida: Transformarse o morir, evolucionar
o perecer. El judío, ayer como hoy, predica un estado
humano final en el que la inteligencia y la mente se plantan
y se le niega al Hombre cualquier participación en
la Vida Divina, excepto la de vivir cuerpo a tierra como
si se estuviera delante de un criminal llamado Dios. La
materialización perfecta de ese judaísmo es
el islamismo. Los judíos, obligados a vivir entre
las naciones tuvieron que adaptarse contra su propia ley
de raza, que predica el inmovilismo y el mamutismo social.
Los musulmanes, teniendo su propia tierra, pudieron materializar
esa sociedad sin futuro de la que fueron sacados por la
dinamicidad natural del cristianismo. La pregunta por tanto
no es gratuita: si el incircunciso guarda los preceptos
de la Ley ¿no será tenido por circuncidado?
Por
tanto, el incircunciso natural que cumple la Ley te juzgará
a tí, que, a pesar de tener la letra y la circuncisión,
traspasas la Ley
...Y
la respuesta no menos exacta y justa. Respuesta que se encuadra
en la palabra de Jesucristo refiriéndose al castigo
de las ciudades de su tiempo y Sodoma y Gomorra. Y en las
del propio Moisés cuando dijo que al principio Dios
creó al hombre a su imagen y semejanza. Si lo creó
la potencia de ser se había hecho acto, de manera
que aunque cayera, como cayó, la impronta de aquella
Imagen permanecería viva y se convertiría
en la fuente de donde procede la razón natural desde
la que el gentil, sin conocer a Moisés, era para
sí mismo Decálogo, pues el decálogo
devino Ley de Naturaleza. E igualmente, lo que se aplica
al judío se aplica al cristiano. San Pablo, sirviéndose
de los sucesos hace lección y mediante el ejemplo
predica sabiduría. Si eso le pasó al judío
por convertir el prepucio en signo de salvación y
no la Ley, ¿qué le ha de pasar a quien convierte
la Fe en signo de salvación y le niega su obediencia
a la Ley de la libertad de Cristo? Si el fruto de la Ley
es una Sociedad justa y buena a causa de las obras de los
creyentes, el de la Fe es esa misma meta y fin. El prepucio
y las obras de la Ley es lo que hace al judío; la
Fe y las obras de la Ley es lo que hace al cristiano. Jesús
no vino a abolir la Ley, sino a perfeccionarla engendrando
en el hombre el espíritu divino sin el que la Ley
no puede ser cumplida. Renunciar a este cumplimiento y tirar
la toalla agarrándose al prepucio solo es lo que
hizo el judío al determinar su relación con
su Dios mediante la ley del prepucio, ofreciéndole
a Dios por única adoración un trozo de pellejo
que se tira a los perros. Es lo que hizo Lutero con la Fe
al determinadar al cristiano no por los frutos de Cristo
en el Hombre sino por el prepucio de la fe.
Porque
no es judío el que lo es en lo exterior, ni es circuncisión
la circuncisión exterior de la carne
...La
doctrina divina de los apóstoles, representados en
este momento por San Pablo, no admitía dudas ni admite
desviaciones en razón de los tiempos. El Hombre que
Dios creó a su imagen y semejanza es una realidad
interior. ¿O acaso puede la materia engendrar a Dios?
Pero si todo lo que diferencia al Hombre de las bestias
es un trozo de piel arrancado de su cuerpo ¿por qué
respondió Dios a su Caída acorde a la reacción
que se merece un semejante? Va por los judíos de
origen cristiano a fin de que no miren atrás y conviertan
la fe en prepucio. La Ley es la misma para cristianos y
judíos: No matarás, no adulterarás...etcétera...
Y por esa misma Ley tan antijudío es quien pisa la
Ley y se agarra al prepucio para revocar el Juicio de Dios
contra los transgresores a su Justicia, como anticristiano
es quien convierte la fe en fuego contra la sentencia del
Tribunal Divino sobre quien hace lo que la Ley ordena no
hacer, ¡cometer pecado! Desde esta Doctrina Evangélica
mal consejero fue el Lutero que le predicara a sus fieles
-si eran de Lutero no eran de Cristo- pecar a destajo: porque
todos los pecados los lava la sangre de Cristo, es decir,
la fe. Veremos que semejante sabiduría no podía
venir de Dios. Dios no puede legislar y al mismo tiempo
decretar la inmunidad para todos los transgresores en razón
de ser cristianos.
Sino
que es judío el que lo es en lo interior, y es circuncisión
la del corazón, según el espíritu,
no según la letra. La alabanza de éste no
es de los hombres, sino de Dios
...En
efecto, ¿no proceden del corazón todas las
cosas? ¿Quién será más perfecto:
el que pone su corazón en las manos de Dios o el
que en las manos de Dios pone un trozo de pellejo? ¿Entonces
el judío que asesina es menos criminal que el palestino
que mata? ¿Y el cristiano que destroza es menos asesino
que el ateo que destruye? ¿Cuántas justicias
y varas tiene Dios? ¿Una para todos, judíos
y cristianos, o una ley según quien se acerque a
su Tribunal? ¿Por cuántos dracmas se dejará
sobornar Dios? ¿Cuánto quiere por hacerle
la vista gorda al que -en palabras de Lutero- viola a su
propia Madre? Le entregaron los judíos de los días
de San Pablo a Nerón los cristianos como chivo expiatorio
¿y son santos? Los alemanes hicieron lo mismo con
ellos ¿y son demonios? Que el prepucio solo es desprecio
de la Ley, y la fe sola desprecio de Dios se está
viendo y se verá en los capítulos que siguen.
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