BIBLIOTECA TERCER MILENIO

El Evangelio de San Pablo

Toda gloria humana queda excluída

¿Dónde está, pues, tu jactancia? Ha quedado excluida. ¿Por qué ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.

...¿Y cómo podría ser de otra forma estando todos en que la Ignorancia -a imagen de aquella Madre que ignoraba la Cruz que traía consigo el Hijo de su Virginidad- es la Madre del Cordero? Y aún en la Ley no había expiación, o sea, perdón de los delitos cometidos, sin reconocimiento previo de haber sido la causa la ignorancia. Dice la Ley: "Si pecare alguno por ignorancia, haciendo algo contra cualquiera de los mandatos prohibitivos de Yavé..." Y de nuevo: "Si alguno por ignorancia prevaricase, pecando contra las cosas santas que son de Yavé". Estableciendo Dios de esta manera el Perdón en la Ignorancia sobre la naturaleza del delito cometido. Razón del todo natural si se tiene en cuenta que quien comete un delito con pleno conocimiento de causa sobre la naturaleza y las consecuencias del delito acometido sólo pervirtiendo la esencia y la impronta de la Justicia puede reclamar para sí gracia. Esto del lado humano. Del lado divino, la fe en el Dios que sentenció a Adán por su delito, cometido en la Ignorancia, sin la cual no hubiera podido darse Redención, esa fe estableció de ley, antes de la Ley, que Dios acogería en su infinita Justicia el grito de esa ignorancia y en su misericordia extendería su Gracia sobre todas las naciones de la Tierra. En esta Esperanza vivieron Abraham y sus padres y luchando por ella despreciaron coronas y glorias humanas. El grito desgarrador de su padre Adán pidiendo de rodillas justicia para su Puenblo, el Género Humano, aún retumbaba en sus almas y hacieno del sonido hoja se materializó en Abraham en espada afilada dispuesta a sacrificar a su propio hijo para mantener viva esa Esperanza. Gloria a Abraham por la eteridad entre los pueblos del Género Humano. Su nombre será una bendición entre los hijos de los hombres por la eternidad, y el pueblo nacido de su muslo, Oh Israel, nuestra alegría, porque si su padre carnal en el tiempo, Ay Adán, nos hundió a todos en la tragedia, el Hijo de su dolor nos elevó a todos hasta los pináculos de la gloria más excelsa, en donde con la fuerza de los dioses le respondemos a aquella Serpiente homicida lo que el Hijo de Dios pusiera de sus labios en nuestra boca: "Vete al Infienro, Satanás, tu gloria es polvo y tu esperanra, ruina. La Maza está presta y el Brazo es Todopoderoso para separar la cabeza del tronco y allá el cuello a los perros".

pues sostenemos que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la ley

...¿Y cómo podría ser de otra forma? ¿O qué tipo de obras hubiera podido hacer que el Juez del Universo acogiera el grito de Misericordia por Adán clamado en el día de su desgracia? ¿No fue acaso la fe en la Justicia Divina que Adán y sus hijos, los llamados Patriarcas, cobijaron en sus mentes y protegieron como si se tratase del tesoro más grande del mundo -el grito de Adán reclamando Venganza y Piedad ante el tribunal del Eterno en lágrimas encendidas- la fe que nos ganó para todos la Gracia de Cristo? ¿Qué judío o gentil puede levantar su cabeza de entre los muertos y con voz orgullosa decir?: "Yo, con mis caridades y mis migajas de pan enternecí el corazón del Eterno". Nadie, ni vivo, ni muerto, puede reclamar para sí arte ni parte en aquella fe sola que sin las obras de una Ley que no existía sino en sus corazones, porque Moisés aún no había nacido, logró del Altísimo dos juramentos todopoderosos entre cuyos extremos tiene el Hombre su gloria, su dicha y su Esperanza: "Yo alzo mi mano el Cielo..." contra Satanás y su infierno, fue uno: "Por mi nombre juro..." bendiciéndonos a todos nosotros, el otro. ¿No fueron pronunciados y escritos antes de nacer Moisés? Así que sin la Ley ya existía la fe en el Hombre.

¿O acaso Dios es sólo Dios de los Judíos? ¿No lo es también de los gentiles? Sí, también lo es de los gentiles.

...Ciertamente Dios creó a todo el Género Humano y lo hizo un sólo hombre, cuya Cabeza fue Adán, a quien constituyó por rey del mundo que había nacido en las tierras del Edén. La Arqueología está ahí, contra los arqueólogos, para dar testimonio de la localización original de la Civilización. Contra los arqueólogos, la Arqueología dobla sus rodillas y se pone al servicio de quien creó la Primera Civilización para venir y hacerse una con el testimonio de las Escrituras, haciendo que se cumpla el dicho: "Sobre el testimonio de dos, y sólo sobre el testimonio de dos será tu juicio". La Arqueología, liberándose de sus esclavos, vino en socorro de la Biblia para dar testimonio, contra quienes callaban la voz de la Biblia, para afirmar que el Primer Hombre y la Primera Civilización fueron una sola cosa. Hombre y Sociedad unidos en un Todo Universal Perfecto, una Civilización engendrada por Dios entre todos, por todos y para todos los hombres. Ese fue el Edén, tal fue el principio, eso fue lo que perdimos, todos, judíos y gentiles. Si Dios no hubiera sido ya entonces Dios de Todos su extensión de la Sentencia a Todos por el Pecado de Uno hubiera sido un acto de injusticia infinita explicable sólo desde la lógica de quien no rige su Juicio por la verdad sino por su Poder. Porque la extensiónm tuvo lugar Dios se manifestó el Dios de Todos antes, durante y después de aquéllos días, en virtud de cuya extensión todos los hombres quedamos sujetos a la Justicia de la Fe de Abraham, en la que todos estábamos comprendidos en la Gracia que por la Victoria del Hijo de Eva derramaría su Dios sobre todas las familias de la Tierra.

puesto que no hay más que un sólo Dios, que justifica a la circuncisión por la fe, y al prepucio por la fe.

...Y esa Justicia en la Ignorancia del Primer Hombre sobre los fundamentos de la Declaración de Guerra del Maligno contra el Dios de todos los hombres. Ignorancia manifiesta a los ojos de todos recreada en el Episodio del Sacrificio Expiatorio de Cristo, cuando sin saber lo que hacían los hijos carnales de aquél por cuyo delito fue condenado su cuerpo, todos nosotros, ésos hijos se hicieron objeto de maldición para la bendición de todos los que fuimos privados de Dios por su padre sin conocimiento de causa por nuestra parte.

¿Anulamos, pues, la Ley con la fe? No ciertamente, antes la confirmamos

...¿Y cómo podría ser de otra forma? ¿El Conocimiento del pecado no nos viene por la Ley, tal que si la Ley no dijera no matarás yo no sabría que matar es un delito ante los ojos de Dios? Y lo que es más profundo y eterno: ¿Desde cuándo la Palabra de Dios ha dejado de ser Ley?